Renovación en la cúpula del Santander

El listón está muy alto

A finales de 2002 el entonces Grupo Santander Central Hispano tenía un balance de unos 324.000 millones de euros. Diez años más tarde, el Grupo Santander ha cuadruplicado su tamaño, siendo el mayor grupo bancario de la eurozona y uno de los mayores del mundo, tanto en activos como en capitalización bursátil. Además, tiene una elevada presencia internacional, con posiciones relevantes en el Reino Unido, Alemania, Portugal, Polonia y el nordeste de Estados Unidos.

Esta brillante trayectoria no es sino el fruto de la buena gestión. Y de la gestión es responsable tanto el Consejo de Administración, que debe elegir con acierto a los directivos del banco, como de estos últimos, que son los que toman las decisiones claves del negocio bancario.

Ayer conocimos la renuncia del consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, responsable máximo de la gestión del banco desde 2002. Antes tuvo la difícil misión de reflotar un banco que fue intervenido, el Banesto, y lo hizo con acierto, ya que durante su presidencia situó de nuevo al banco en la élite nacional. Su gestión es su mejor carta de presentación y ello le permitió ocupar durante algo más de una década la vicepresidencia y la máxima gestión del Grupo Santander.

No sabemos como valorará el mercado el cambio en el responsable de la gestión del banco

Con su renuncia, ha facilitado la labor del Banco de España, que es quien debía juzgar si Alfredo Sáenz podía seguir ocupando sus cargos de responsabilidad después de que el Tribunal Supremo anulase parcialmente el indulto que le fue concedido por al anterior Gobierno. Con independencia de si cumplía o no la definición de honorabilidad comercial y profesional que exige la ley, la trayectoria del Santander avala la buena gestión bancaria llevada a cabo durante su mandato.

No sabemos cómo valorará el mercado a medio y largo plazo el cambio en el máximo responsable de la gestión del banco, si bien la primera reacción ha sido buena. Serán sobre todo los inversores institucionales, que son los que mayor participación tienen en el capital del banco, los que más tienen que decir al respecto.

Lo que está claro es que Alfredo Sáenz ha puesto el listo muy alto y que con su salida se abre una nueva etapa en un contexto macroeconómico lleno de incertidumbres, sobre todo en lo que al negocio doméstico se refiere. Pero el Santander tiene muchas cosas a su favor: un elevado colchón de capital (más de 25.000 millones de euros en el escenario adverso), como se demostró recientemente en el estrés realizado, una diversificación geográfica que le permite compensar los peores resultados en España con una posición de mayor fortaleza en otros países, una elevada eficiencia, una morosidad muy por debajo de la media de la banca española y cubierta en mayor medida, una mejor posición en términos de gap de liquidez, etcétera.

El contexto macroeconómico es sin lugar a dudas el principal reto al que debe enfrentarse la banca española en los próximos años. Y de ello es consciente el banco Santander que recientemente ha decido integrar Banesto y Banif con el objetivo de reducir costes. Una parte importante del sector bancario español ha realizado una profunda reestructuración en los últimos años con objeto de hacer frente a los desequilibrios acumulados en los años de expansión.

El Santander no incurrió en esos desequilibrios, al menos en términos de capacidad instalada, pero aun así va a sufrir los efectos del desapalancamiento que debe realizar la economía española, por lo que las menores tasas de crecimiento de la actividad bancaria en los próximos años también obligan a realizar ajustes a los bancos sanos.

En la nueva etapa que hoy comienza en la gestión del Santander, otro reto será recuperar el valor de la acción, que ha sufrido el impacto de la crisis. Ello dependerá no solo de la gestión del Santander, sino del propio devenir de la economía española. No lo tiene nada fácil el nuevo consejero delegado, mucho más joven y a quien su antecesor le ha puesto el listón muy alto. El acierto en su gestión, como siempre, es lo que marcará la diferencia en el futuro del banco.

Joaquín Maudos es catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia e investigador del IVIE.

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