La liquidez de los bonos soberanos y letras cae a mínimos de 20 años

La sequía del mercado de la deuda ahoga a España

El mercado que determina las alegrías y, últimamente, sobre todo las penas de la clase política, empresarial, financiera y del común de los mortales en España es un parqué con la liquidez en mínimos por la falta de negociación y capaz de tensarse hasta el extremo con muy poco dinero.

Dinero.
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En 1992 Barcelona albergaba los Juegos Olímpicos, el euro era una ilusión en la mente de los más europeístas, el PIB español no llegaba ni a la mitad que el actual y la telefonía móvil (analógica, por supuesto) acababa de arrancar en territorio nacional. Unas cosas han cambiado desde entonces y algunas incluso han mejorado. Pero otras han ido al alza y a la baja hasta quedar en la misma posición de partida, prodigios de una crisis que amenaza con llevarse todo por delante.

El mercado de deuda pública es una de sus víctimas preferidas, hasta el punto de que ha sido elegido como epicentro del último coletazo de la tormenta. Y España es ahora su plaza favorita, con permiso de Grecia, Portugal e Irlanda. Las dudas sobre su solvencia han disparado la aversión a su renta fija, la prima de riesgo ha escalado a las nubes y el coste de financiación del Estado ha trepado a las alturas.

Pero por mucho que los 500 puntos de diferencial o una rentabilidad de más del 6% en los bonos a diez años copen las portadas, estas cifras son solo el resultado práctico de una realidad que está en el mercado secundario de deuda, ahí donde todos los días se cruzan los que quieren comprar bonos españoles y los que están deseando vender. Es el lugar donde se forman los precios y del que se deriva el coste que pagará España en cada una de las subastas que tiene en el calendario. Y está arrasado. Es más, la media de negociación con respecto a la deuda total está al mismo nivel que en 1992.

La profundidad, la liquidez y la confianza generadas en los últimos 20 años de negociación de deuda pública española se han borrado de un plumazo. En estos momentos, la media diaria de negociación supera por poco los 61.000 millones, según los datos del mes de marzo publicados por el Tesoro Público, los últimos disponibles. Esta cifra es la más baja en términos absolutos desde 2000, pero si se compara con la deuda en circulación (que se ha disparado) el resultado es que la liquidez está en mínimos de dos décadas.

Javier Ferrer, director de la mesa de deuda pública de Ahorro Corporación, matiza además que los volúmenes de operaciones de compraventa simple al contado -sin incluir otro tipo de transacciones como las repos, por ejemplo- son muy inferiores a las que publica el Tesoro. "æscaron;ltimamente, se están moviendo cifras muy bajas: en torno a los 1.000 millones de euros e incluso menos". El pasado martes se movieron 961 millones, aunque ayer la cifra subió hasta los 1.660 millones, según el boletín de deuda pública del Banco de España.

En estos momentos el equivalente al 9,9% de la deuda del Estado en circulación cambia de manos cada día. En 2007 era el 30% y en 2009 todavía estaba en el 15%. Desde ese punto, la caída ha sido abrupta. El año 2011 todavía empezó con una media diaria de negociación del 14%, a finales de año estaba ya por el 11% y ahora ha caído por debajo del 10%.

La alineación del rebrote de tres crisis explica esta nueva encerrona a la deuda española. Primera, las nuevas elecciones en Grecia y su cada vez más posible salida (o expulsión) del euro. Segunda, las nuevas exigencias a la banca y la creciente desconfianza generada sobre el sector, que deberá someterse en menos de dos meses a una auditoría independiente tutelada por el Banco Central Europeo (BCE). Y, tercera, el rating de los bonos sigue en caída libre. El último puñetazo corrió a cargo de Standard & Poor's, que a finales de abril degradó la nota de la renta fija soberana en dos escalones, hasta BBB+, a solo tres pasos del bono basura.

Con este telón de fondo, el mercado de renta fija se ve asediado por una avalancha de dudas. "A lo mejor que Grecia salga del euro no es para tanto, pero en todo caso hace regresar la incertidumbre. Sobre el tema del sector financiero, la historia de Bankia ha destapado que hay posiblemente muertos en el armario de la banca y que eso puede quedar en manos del Estado", resume una experta en renta fija.

Ya nadie se fía de los supervisores españoles -el Banco de España es el mejor ejemplo-, de ahí que el número de inversores que desconfían de la deuda nacional siga subiendo. "Las diferencias entre los precios de compra y venta cada vez se ensanchan más, lo que deriva en un menor número de transacciones. La liquidez es mínima en comparación con la de hace unos años, y el efecto secundario es la elevada volatilidad", explica el director de renta fija de un gran bróker nacional. De hecho, la rentabilidad del bono español a 10 años ha llegado a oscilar en las últimas cinco sesiones más de 60 puntos básicos.

El mercado de deuda pública española ha sido extremadamente líquido en los años precedentes, pero la desconfianza estructural ha hundido la negociación: son niveles que no se veían desde hace décadas. La horquilla entre las órdenes de compraventa del bono español con vencimiento en enero de 2022 llega hasta los 23 puntos básicos (venta al 6,375% de rentabilidad y compra al 6,147%), según Bloomberg. La liquidez del bono alemán a aproximadamente el mismo plazo es tal que el diferencial entre las órdenes no alcanza ni siquiera los 0,8 puntos básicos.

"En los últimos meses, los inversores finales están desaparecidos. Los libros de trading de los bancos españoles de deuda a medio y largo plazo [en los vencimientos de letras a menor plazo la situación es mejor] están repletos y no se atreven a comprar más", explica Eduardo Martín, director de Inverseguros. Además, los institucionales extranjeros han salido en masa en los últimos meses. En septiembre del año pasado tenían casi 310.000 millones de euros, equivalentes al 53,8% del volumen en circulación, pero a cierre de marzo la cifra se había reducido hasta los 220.000 millones, al 35,5% del total, de acuerdo a las últimas estadísticas del Tesoro.

La buena noticia está en que la baja liquidez provoca que los precios -y por tanto las rentabilidades- se fijen con relativamente poco dinero en juego. Al igual que ocurre con la Bolsa, menos dinero en circulación da más poder a cada euro a la hora de establecer los precios. El resultado, como está visto, es una volatilidad y una prima de riesgo disparatadas. Con un mercado con tan poca profundidad, la intervención del BCE sería muy efectiva poniendo muy poco dinero encima del tapete. "Con una intervención de 200 millones de euros se notaría de manera muy notable en la rentabilidad del bono", explica Javier Ferrer. Pero está visto que el organismo que preside Mario Draghi no está por la labor: lleva nueve semanas consecutivas sin comprar deuda española.

Pero por mucho que se intente ver el lado positivo, también hay una vertiente oscura. Si el mercado no tiene liquidez es porque pocos quieren deuda pública española. "Es una realidad que no hay nadie comprando España", explican fuentes financieras. "Es cierto que la referencia del precio vale lo que vale en estas condiciones, pero incluso a esos niveles la gente no está entrando. Puede que sea un termómetro un poco desajustado, pero es una señal de que no hay interés en invertir en deuda pública española". La parte buena es que, dado el volumen de negociación, tampoco hay mucha gente vendiendo...