TRIBUNA

La industria aeroespacial es un motor de crecimiento

La industria aeroespacial marcó el siglo XX. Contribuyó al final de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, los vuelos comerciales acercaron personas y cambió nuestra visión del mundo cuando el primer hombre puso el pie en la Luna. La industria aeroespacial podría también marcar el siglo XXI, pero solo si somos capaces de soñar, de hacer grandes cosas y de inspirar a una generación para que encuentre soluciones a los enormes retos que enfrentamos. Nuestra industria ha sido siempre un motor para la economía, para las exportaciones, la innovación y la seguridad. La I+D en el sector aeroespacial hizo posible grandes avances como el radar, el GPS o internet, abriendo oportunidades en otros sectores.

Sin embargo, en Washington y en muchas capitales europeas, el debate ahora se centra en dónde recortar, en lugar de cómo crecer. Poner nuestras finanzas en orden es importante, pero no puede ser el único elemento de nuestro futuro. Necesitamos devolver a la industria aeroespacial su papel protagónico. No es cuestión de dólares o euros. Es cuestión de movilizar personas en torno a grandes proyectos y dotarles de recursos.

Esto es exactamente lo que está haciendo China; invirtiendo miles de millones para desarrollar aviones comerciales y cazas que compitan con los productos occidentales. China es uno de los tres países que han llevado un hombre a la Luna y acaba de poner en órbita lo que se ha definido como el primer paso para la construcción de la estación espacial china.

En Estados Unidos y Europa la tendencia es diferente. El verano pasado miles de ingenieros se quedaron sin trabajo cuando la NASA decidió aparcar su proyecto de transbordador espacial. Por primera vez en cien años, el Departamento de Defensa de Estados Unidos no está desarrollando ninguna aeronave tripulada.

En Europa, la Agencia Europea de Defensa y la industria han manifestado en reiteradas ocasiones su preocupación por la continua disminución del gasto en investigación y desarrollo, al considerar que estos recortes disminuyen la capacidad tecnológica y el empleo y dificultan la innovación y el crecimiento económico. No cabe duda de que atravesamos momentos muy difíciles, pero sin una clara dirección y sin la inversión necesaria, ponemos en riesgo el capital intelectual que nos llevó medio siglo construir.

A pesar de esta preocupante tendencia, podemos ser optimistas. Hay grandes proyectos por abordar, que tendrán un impacto positivo en nuestras economías y en nuestro planeta.

La aviación comercial es responsable del 2% de las emisiones de carbono producidas por el hombre, pero al ritmo actual de crecimiento del tráfico aéreo, esta cifra se duplicará en las próximas décadas. Es urgente reducir este impacto. Debemos exprimir nuestra imaginación e impulsar un proyecto de gran envergadura: un nuevo y moderno sistema de control de tráfico aéreo. Estados Unidos y Europa trabajan para reemplazar los sistemas en tierra basados en el radar y que datan de 1950, con sistemas basados en el espacio que permitan a los aviones definir rutas más precisas y eficientes.

La tecnología ya existe y los beneficios serán enormes. Creará empleo, aumentará la rentabilidad y estimulará la economía. Mejorará el medioambiente y nos hará menos dependientes de la energía. Boeing ha invertido miles de millones para que el 787 sea un 20% más eficiente que los aviones que remplazará. Un sistema integrado de tráfico aéreo basado en el espacio podría reducir el 12% las emisiones de todos los aviones que vuelan hoy. Los ahorros en combustible amortizarían el sistema en unos pocos años.

El trabajo en equipo a nivel internacional es vital en este proyecto. Por ejemplo, el Centro de Investigación y Tecnología que Boeing tiene en Madrid (BR&T-E) acoge a decenas de científicos e ingenieros que trabajan en colaboración con centros de investigación en toda Europa en el desarrollo de tecnología avanzada para el control del tráfico aéreo. Pero hace falta más sentido de urgencia, más financiación, más compromiso y más firmeza en los plazos. Necesitamos liderazgo. También es necesario acelerar el desarrollo de biocombustibles sostenibles para la aviación. Este verano se consiguió la aprobación del uso de mezclas de biocombustibles con queroseno tradicional. Es un gran paso, que permite reducir el consumo de combustibles fósiles sin cambios en el avión o en los motores.

Con más I+D y más inversión, nos acercaremos al día en el que la mayor parte del combustible sea de origen vegetal. La industria aeroespacial nos acerca y expande el conocimiento del universo. Tenemos que continuar invirtiendo e innovar en tecnologías que perduren más allá de nuestras vidas. Invertir en industria aeroespacial es invertir en futuro.

Jim Albaugh. Chairman de la Asociación de Industria Aeroespacial y presidente y CEO de Boeing Commercial Airplanes