Los desequilibrios mundiales

La deuda pública acumulada en el mundo multiplica por 30 el PIB español

En la última década, la deuda pública acumulada en el planeta se ha duplicado de largo hasta superar los 30 billones de euros, casi 30 veces el PIB español. Las Administraciones desplazan así al sector privado de la financiación ajena y abonan tensiones económicas como las europeas.

Billetes y monedas de euro
Billetes y monedas de euro

No es una cantidad que se suela manejar en los medios de comunicación, pero es extremadamente importante. Mucho más, cuando la crisis de la deuda originada en Grecia y extendida por la zona euro amenaza con sumir al planeta en una segunda recesión. El nivel de endeudamiento público global supera ya los 40 billones de dólares: según la Intelligence Unit de la prestigiosa publicación británica The Economist, asciende a 42,6 billones de dólares; con los cálculos del Factbook de la CIA estadounidense, llegaría a 44,2 billones, nada menos que el 59,3% de la actividad económica del planeta. Traducido a euros, el montante de la deuda global se sitúa de este modo en el entorno de los 30 billones: casi 30 veces el producto interior bruto de España.

Desde el año 2007, cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos dio el pistoletazo de salida a la Gran Recesión, el nivel de endeudamiento público se ha incrementado en un 50%. Ese impulso se explica por la aplicación de políticas keynesianas de gasto en la mayor parte de los Gobiernos del planeta, que incurrieron en voluminosos déficits presupuestarios y cebaron el endeudamiento. Pero el recurso a la deuda no es exclusivo de las vacas flacas: también se elevó en los años de crecimiento económico acelerado de la mitad de la pasada década. De hecho, en 2000 apenas sumaba 18 billones de dólares, menos de la mitad que en la actualidad.

Las implicaciones de la escalada no son menores. Si bien es cierto que la deuda financia el necesario tirón económico de países emergentes como China, India o Brasil, no lo es menos que la concentración del endeudamiento no se produce allí, sino en países ricos como Japón (225% del PIB), Italia (118%), Francia (83%) o Alemania (79%). Estos emisores destinan el grueso de los fondos captados al consumo, no a la inversión.

El temido efecto crowding out (desplazamiento público del sector privado a la hora de captar fondos) se produce de este modo sin compensación a largo plazo. Las consecuencias son evidentes en países como España, donde la sequía de crédito a las empresas está difiriendo sine díe la deseada recuperación económica.

Así las cosas, el endeudamiento implica que más de 30 billones de euros se encuentran en una situación cercana al estancamiento, contribuyendo poco al crecimiento económico global.

No terminan ahí los impactos negativos del acelerado endeudamiento público. Cuando este avanza más rápido que el crecimiento económico, como en los últimos años, lleva asociada una mayor intervención estatal en la economía por la vía de mayores impuestos futuros, que detraen recursos de la actividad. Además, para mantener elevados niveles de deuda se necesita acudir a los mercados de forma asidua, lo que eleva el riesgo de ser juzgado con severidad por los mismos. Un juicio negativo originó la crisis griega en la pasada primavera, después contagiada a Irlanda y Portugal y que, poco más de un año más tarde, ha llegado a amenazar seriamente a España e Italia.

El último informe anual del Banco de Pagos Internacionales explica de forma sencilla los hechos: "La deuda pública se disparó tras la quiebra de Lehman Brothers, sobre todo en los países que habían experimentado auges del mercado de la vivienda". Y advierte de la necesidad de moderarla porque "el sentimiento del mercado puede cambiar rápidamente, obligando a las Administraciones a tomar medidas aún más drásticas que las que habrían sido necesarias en una fase anterior". Los draconianos planes de ajuste de Grecia sirven de ejemplo, como también el más reciente de Italia, o el emprendido por el Gobierno español en mayo pasado, con el mayor recorte de gasto de la democracia.

Pero tal vez esas medidas no sean suficientes: según los cálculos del FMI, la deuda pública de los 20 países más ricos superará el 100% de su PIB dentro de tres años. Un ejemplo más de la escalada: a principios de siglo estaba en el 70%, y en 1980 apenas alcanzaba el 40% del producto interior bruto.

Deuda pública, deuda privada

El caso de España, con un endeudamiento ligeramente superior al 60% de su PIB, puede dar lugar a dos lecturas: por una parte, sigue encontrándose más de diez puntos por debajo de la media europea, lo que refleja una posición relativamente sana. Sin embargo, también es cierto que la escalada del déficit público durante la recesión ha llevado a un crecimiento excepcionalmente rápido de la deuda, que en 2007 se había reducido hasta un 32% del PIB (es decir, casi la mitad que en la actualidad).

Pero el agravamiento de los ataques especulativos sobre la economía española no se debe únicamente a la actividad del sector público: los mercados toman en cuenta el nivel de endeudamiento general, incluyendo la deuda de las empresas y los individuos. El agregado da una idea más cabal del grado de vulnerabilidad de un país, y explica por qué el diferencial de riesgo español todavía está por encima del de Italia, donde la deuda pública supera de largo su actividad económica anual.

Las cifras

44,2 billones de dólares deben los sectores públicos del mundo. La cantidad se ha duplicado en 10 años.

59,3% es la deuda pública acumulada por el conjunto del planeta, en porcentaje del PIB.

China, lanzada al liderazgo de los acreedores españoles

La distribución de la deuda pública española entre los países del mundo mantiene una lógica dependencia de los países europeos, aunque en los últimos años comienza a dibujar una tendencia que afecta al conjunto del planeta: el protagonismo chino. Francia sigue siendo el principal tenedor de deuda española, superando la cuarta parte del total y elevando su participación respecto a comienzos de siglo. Inmediatamente después aparece el grupo Asia, África y otros, en cuya composición destaca por encima de todos China. El grupo acapara ya más de la quinta parte del endeudamiento público español, cuando en el año 2000 apenas superaba el 2%. Ese vertiginoso avance del peso chino entre los acreedores se ha materializado a costa de Alemania (reduce su participación en la deuda española desde el 11% hasta el 7%), Benelux (el particular régimen fiscal de Luxemburgo todavía sitúa más del 10% del crédito español en ese grupo, aunque su cuota se ha dividido por dos en lo que va de siglo) y Gran Bretaña. Italia, por su parte, ha elevado su participación hasta el 6%.