A fondo

Grecia versus Japón

Si algo está quedando claro en esta nueva fase de la crisis económica internacional, la que afecta a los bonos soberanos, es que el volumen de endeudamiento de un país puede ser una pesada losa para su futuro. Incluso puede generar el proceso que desemboque en una depresión de enormes consecuencias económicas y sociales. Sin embargo, ¿qué hace que el país más endeudado del mundo (Japón) mantenga su elevada deuda (225% del PIB) a lo largo del tiempo sin resquebrajarse mientras que otro como Grecia es incapaz de financiar ese nivel, incluso inferior (120%), y amenace con contagiar esa incompetencia a las finanzas públicas del resto de la zona euro?

La respuesta está, sin duda en la fortaleza económica del país. Japón, pese a su década perdida (la del 90) en laxitudes monetarias y crecimiento cero, posee aún uno de los motores económicos más importantes del planeta, con industrias como la automovilística y la electrónica, punteras en el mundo. Incluso ahora con los efectos del tsunami de por medio es capaz de aprovechar la gradual reconstrucción de las zonas afectadas como catalizador de su crecimiento económico. Mucho más si se tiene en cuenta que la recuperación está siendo mucho más rápida de lo esperado.

Pendientes de un hilo

Sin embargo, economías como la griega, sostenidas por un solo sector (el turismo) y con un débil engranaje para su recaudación fiscal se muestran incapaces de generar el crecimiento del PIB necesario para hacer frente a los pagos de su servicio de deuda. Así lo ha puesto en evidencia en los últimos días las criticadas por todos agencias de rating (Fitch, Moody's y Standard & Poor's), las más importantes del mundo.

En el caso de España la deuda, de mucho menor entidad (63% del PIB) también está generando quebraderos de cabeza, precisamente por la incapacidad de la economía de generar un crecimiento del empleo suficiente como para recortar el déficit fiscal, factor clave para no seguir elevando el listón del endeudamiento público.

Con Italia también está pasando algo parecido. Por eso no es de extrañar los avisos de la canciller Angela Merkel a Roma para que dé nuevos pasos en la reducción de su deuda (118%), ya que se niega a que el flamante acuerdo europeo sobre el nuevo plan de rescate financiero de Grecia se reproduzca a corto plazo en otros miembros de la zona euro.

Por tanto y de cara al futuro, los países deberían limitar su endeudamiento a la capacidad de generar ingresos para soportarlo. Es una regla clara que ya instituciones como el FMI y la Comisión Europea están trabajando en su mejora. Pero, además, el volumen de deuda es en sí otro peligro potencial. Un mercado internacional inundado de bonos soberanos provoca un efecto perverso respecto a las economías más débiles, ya que los ahorradores preferirán siempre los títulos ligados a países con mayor solvencia financiera y potencial de crecimiento. Aquí es donde debe jugar un papel fundamental el FMI y su pretendida nueva etapa de gestor de crisis y anticipador de las mismas. El mapa de la deuda ha crecido y, además, muchos actores han cambiado su papel. Estados Unidos no solo tiene a Europa como cliente de sus bonos sino que debe alzar su vista al gigante chino, más protagonista que nunca en el mercado mundial de la deuda soberana.

Al fin y al cabo, hay una máxima que países e individuos siempre deben atender: solo es bueno endeudarse si te aseguras de que puedes devolver el préstamo. Si no es así, siempre serás pasto de tus acreedores.