Energía

La UE y Turquía ponen en marcha la construcción del gasoducto Nabucco

La Unión Europea y Turquía firmarán el lunes en Ankara, después de más de un lustro de negociaciones, el acuerdo intergubernamental para la construcción de Nabucco, un gasoducto de 3.300 kilómetros que aspira a reducir la dependencia europea de Rusia importando gas del Caspio.

El Acuerdo con Turquía lo firmarán en Ankara los cuatro países de la UE que atravesará Nabucco (Austria Hungría, Rumanía y Bulgaria). Las ceremonia de alto nivel contará con la presencia del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan; del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso; el comisario de Energía, Andris Piebalgs; con representantes de los países proveedores de gas y de EE UU.

Los países firmantes se comprometen a no interrumpir en ningún caso el flujo de gas, que podrá circular tanto en dirección occidental como oriental.

Bruselas insiste en que no se trata de un proyecto contra Rusia, sino de mejorar la seguridad energética de los países europeos que sólo tienen un suministrador: Gazprom. Las últimas guerras del gas entre Rusia y Ucrania, que dejaron sin calefacción a millones de europeos el pasado invierno, han recordado la conveniencia de contar con un segundo proveedor.

"Un proyecto crucial para la seguridad energética de Europa", asegura el presidente de la CE

"Nabucco es un proyecto crucial para la seguridad energética de Europa y para su política de diversificación de suministradores de gas y de rutas de transporte", señaló el viernes José Manuel Barroso.

El gasoducto cuenta desde hace años con el respaldo de Bruselas y Washington. Pero las disputas políticas sobre su trazado, sobre todo, con Turquía, y las dudas sobre su viabilidad financiera y los yacimientos de gas que lo alimentarán han ido retrasando el inicio de las obras.

Mientras tanto, Moscú y su gigante gasístico Gazprom no han dejado de socavar indirectamente el futuro de Nabucco anunciando la construcción de otro gasoducto a través del Mar Negro y negociando acuerdos de suministro con los países del Caspio hacia donde apunta el gasoducto turco-europeo.

A pesar de todo, la rúbrica del lunes debe suponer el pistoletazo de salida para un gasoducto que podría suministrar a la UE y Turquía alrededor de 31.000 millones de metros cúbicos de gas anualmente. Las empresas encargadas de la construcción son la alemana RWE, la austriaca OMV, la húngara MOL, la búlgara Bulgargaz, la rumana Transgaz y la turca BOTAS.

Se espera que la primera fase del proyecto (el tramo entre Viena y Ankara) esté operativa en 2014. Hasta 2019 se construirá el resto del tramo turco oriental, con posibilidad de cuatro conexiones hacia Georgia, Irán, Irak y Siria. El coste total podría superar los 8.000 millones de euros.

Suministros

Azerbayán, donde la compañía británica BP y la noruega StatoilHydro ya explotan y exploran varios yacimientos de gas, se perfila como el suministrador inicial de Nabucco. Las bolsas de gas azerí parecen suficientes par proporcionar los 8.000 millones de metros cúbicos anuales que el gasoducto euro-turco necesita para despegar financieramente. Pero Gazprom anunció el mes pasado que había alcanzado un acuerdo con Bakú para empezar a importar en 2010 algunas pequeñas cantidades de gas azerí.

La misma carrera por cerrar contratos es previsible con Turkmenistán, un país que, según algunos cálculos, podría acumular unas reservas de hasta 14 billones de metros cúbicos. Falta por ver si llega antes Nabucco o Gazprom.

Más solidaridad regional

La seguridad del suministro de gas también tendrá novedades la semana que viene desde el punto de vista legislativo. La Comisión Europea tiene previsto aprobar el jueves un proyecto de actualización de su directiva sobre esa materia con el que se pretende mejorar los sistemas de alerta por interrupción de suministro y los mecanismos de solidaridad entre los socios comunitarios.

La directiva actual data sólo de 2004. Pero las recientes crisis del gas con Rusia, de donde proceden el 40% de las importaciones europeas de ese combustible, han puesto de manifiesto que algunos países son demasiado vulnerables ante una interrupción del suministro.

La nueva directiva, que deberán aprobar los 27 países de la UE y el Parlamento europeo, aspira a potenciar la solidaridad regional dentro de la UE y a armonizar los criterios que se aplicarán para decidir en qué momento hay una alarma por falta de suministro.