EDITORIAL

Un doble dilema para la inversión

Si algo ha ratificado esta crisis es la extraordinaria correlación que han alcanzado los diferentes mercados. Las Bolsas cayeron con fuerza en los peores momentos, y también han subido en proporción parecida durante el rebote que comenzó en marzo. Esto, que no deja de ser una manifestación más de la globalización, hace que los gestores se estén enfrentando, en cualquier punto del planeta, a un mismo doble dilema a la hora de elaborar sus carteras de inversión. Por un lado, han de elegir entre apostar por la recuperación para el segundo semestre -la lectura más optimista de la teoría de los brotes verdes- o bien tomar medidas de protección ante un previsible agravamiento. El segundo dilema suma incertidumbre añadida, pero no deja de ser el trabajo de los gestores. Se trata de dilucidar si mantienen la apuesta por la renta variable tras la intensa subida del último trimestre -más del 40% desde el 9 de marzo- o si, por el contrario, se protegen ante la posibilidad de que llegue la corrección.

A pesar de este incierto futuro, y a juzgar por las carteras propuestas por las diferentes casas de asesoramiento, en la balanza gana el optimismo. Es cierto que la volatilidad será protagonista y que por ello las carteras refuerzan su diversificación para protegerse, a la espera de mayor visibilidad, pero también es verdad que está creciendo la exposición a la renta variable. Al compararlas con primeros de año, la mayoría de las casas han aumentado el peso de la Bolsa en sus carteras más dinámicas.

No obstante, esta modificación del rumbo inversor viene acompañada de una característica que la hace singular: ganan peso los fondos de autor, de manera que más que la elección del mercado lo que prima es la pericia del gestor para escoger. La capacidad para moverse en mercados difíciles gana enteros, con fondos flexibles en los que el control del riesgo toma más relevancia que la rentabilidad.

No es nuevo que un fondo lleve la marca de su gestor. Sin embargo, la apuesta por los fondos mixtos flexibles, con libertad total para distribuir los activos de la cartera y, además, entrar y salir con rapidez, presentan un perfil adecuado al momento.

Pero probablemente el mayor cambio en el planeta inversor se está produciendo en las carteras más conservadoras. Los tipos de interés en mínimos, el bajo rendimiento de los activos monetarios y la exigua rentabilidad de la deuda pública dibujan una pobre perspectiva para los activos de menor riesgo. Y es en ese marco donde la renta fija privada se manifiesta como un activo estrella. Los precios de las emisiones empresariales se hundieron en los peores episodios de la crisis y el diferencial del rendimiento frente a los bonos de deuda pública se disparó. Ahora, con el escenario cambiando a mejor, los inversores están viendo el enorme potencial que ofrecen lo bonos de empresa de calidad. Y aunque los precios se han disparado al calor de la rentabilidad - gana un 15% de media en tres meses, según Morningstar-, mantienen su interés. A la vez que la deuda de las empresas, la otra apuesta fuerte en la renta fija se dirige a los bonos convertibles, el híbrido de renta fija y variable que permite exponerse a la Bolsa aunque protegerse en la renta fija si caen las acciones.

El doble dilema con que afrontan los gestores la segunda parte del año desaparece, sin embargo, cuando la opción para elegir los mercados es geográfica. Aquí, la gran apuesta coincide en un valor: EE UU. La economía del país que no sólo entró primero en la recesión, sino que además fue su desencadenante, está encajando con eficacia las importantes medidas de rescate promovidas pos la Administración de Barack Obama. De esta forma, los gestores dan la razón a quienes pronostican una recuperación de la economía estadounidense apoyada en su potencia, pero sobre todo en su flexibilidad. Sólo la debilidad del dólar pone una sombra en aquel mercado, ya que, si se mantiene en el tiempo el efecto divisa, actuará contra la rentabilidad de la inversión. La siempre aconsejable cautela hace que, en un curioso reflejo histórico, el Viejo Continente se perfile hoy como destino de las inversiones conservadoras, mientras las más arriesgadas ponen rumbo a EE UU.