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Recetas para que lo público parezca una empresa privada

'Estrategias para un Gobierno eficaz' plantea cómo lograr la excelencia

Una empresa privada que es ineficaz se enfrenta a la quiebra. Una corporación también puede verse amenazada con una opa hostil. Las empresas y organismos públicos no enfrentan ninguno de estos problemas'. A pesar de esta situación de partida, descrita por los autores de Estrategias para un gobierno eficaz (Lid Editorial), la sociedad demanda cada vez más un sector público emprendedor, lo que es lo mismo que decir un gobierno lo más parecido posible a una empresa privada.

Nunca hasta ahora, según los autores, había habido una opinión tan negativa en cuanto a la dimensión, la lentitud, los costes y la ineficiencia de los gobiernos. Como respuesta, éstos intentan ser más emprendedores, no sólo a través de la contratación de servicios en el mercado, sino también imitando las buenas prácticas empresariales en sus propias actividades. El estudio coordinado por Francisco Cabrillo, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense; Sean Fitzpatrick, consultor del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid; y Julio Gómez-Pomar, director del Centro PricewaterhouseCoopers e Instituto de Empresa, es un referente a la hora de conocer las mejores prácticas para incentivar una gestión eficiente en lo público y aumentar su competitividad.

Uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el sector público es la gestión del capital humano. Dado que en su esquema laboral las habilidades no son tan importantes como en el privado, 'los gobiernos resultan poco atractivo a individuos sumamente expertos'. La cuestión es cómo podrían reaccionar los gobiernos a esta escasez de trabajadores talentosos. La respuesta plantea incluso la posibilidad de expulsar a los empleados menos expertos de la nómina pública, aunque los autores reconocen que medidas como estas encontrarían una fuerte resistencia a legal, organizacional y política.

Uno de los problemas más graves a los que se enfrenta la Administración es la gestión del capital humano

El gobierno de Nueva Zelanda merece atención especial en el manual. 'Su modelo de administración somete al sector público a una exposición a los ciudadanos no vista en ningún otro país'. Sectores como la banca, correos y servicios de telecomunicaciones se someten a la misma legislación que las compañías privadas. 'Los jefes de departamento perdieron su condición de permanencia y fueron nombrados por plazos fijos que no excedieran los cinco años. Comenzaron a trabajar por desempeño con contratos específicos negociados con el ministro correspondiente'. Uno de los 16 capítulos que componen el libro exige una mayor cautela en la importación de las prácticas privadas a lo público, insistiendo en que las metas sociales no son las mismas que las individuales y cuestionando que un balance pueda determinar si una empresa pública es o no rentable.

No es lo mismo en Europa que en EE UU

El grado de desconfianza hacia en el gobierno varía según se trate de un gobierno de Europa Occidental o del de EE UU. Según los autores, la popularidad de los gobiernos en general suben y bajan en función de las ideas dominantes en cada momento histórico. En EE UU, por ejemplo, la desconfianza tradicional en la administración ha causado que el sector privado sea visto como la primera opción para la adquisición de productos. La población confía más en los mercados que en sector público. 'Sólo cuando los mercados fallan ostensiblemente, los americanos miran hacia el gobierno'. Así que el grado de participación del gobierno está determinado por la gravedad del problema, e incluso en estos casos se busca siempre una alternativa público-privada antes que una programa totalmente gubernamental.

Una situación considerablemente diferente a la que se vive en Europa Occidental, 'donde generalmente se observa una mayor desconfianza hacia el mercado como medio para satisfacer las necesidades sociales'.

En cuanto a la situación en España, se cita un estudio de Balmaseda y Melguizo (2007) que revela que la economía española tiene que enfrentarse al reto de la productividad, tanto en el sector privado como en el público. Los autores argumentan que si la productividad del sector público español hubiera sido igual a la media de las administraciones de la UE-15, el PIB de España sería un 5,7% superior al actual.