COLUMNA

'Homo financierus': tropezar en la misma piedra

La rapidez e intensidad con la que la crisis de las hipotecas 'subprime' de EE UU ha golpeado al sistema financiero internacional ha sorprendido y, según el autor, la confianza puede haberse quebrado. En su opinión, la gestión de los tipos de interés será de vital importancia durante estos próximos meses

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Puede que sea cierto. Pero también lo es que el homo financierus es capaz de superar ese índice de estulticia, cayendo una y otra vez en la misma trampa que le tiende la ambición desmedida. Y quien no lo crea, que estudie la última crisis financiera. Sobre unos cimientos de nula solvencia, se apalancaron de unos a otros unos activos financieros rentables tan sólo en la pizarra. El milagro del juego de las pirámides, que van muy bien hasta que alguien las pincha. El invento se viene entonces abajo, como ya hemos visto con tantos pinchazos de pelotas infladas por la especulación pura y dura.

La rapidez e intensidad con la que la crisis de las hipotecas subprime norteamericanas ha golpeado al sistema financiero internacional, ha sorprendido a propios y extraños. La cadena de la explosión es, a toro pasado, bien conocida. Tras el incremento de la morosidad debido a la subida de los tipos de interés, las cédulas hipotecarias, los CDO -obligaciones de deuda colaterales-, con los que las entidades financieras apalancaron esas hipotecas, se hundieron, y los inversores pidieron retirar sus fondos. Se generó una tensión de liquidez, y algunas de estas financieras y algunos de los fondos de inversión de alto riesgo conocidos como hedge funds no pudieron resarcir los fondos solicitados. El pánico se generalizó, y lo que inicialmente era una crisis hipotecaria, se convirtió en una crisis bursátil, en la que era brutalmente castigada cualquier entidad que pudiera tener inversiones directas o indirectas en fondos contaminados.

Desde las inmobiliarias y los bancos, los hundimientos de precios atacaron a cualquier empresa que estuviese inmersa en una operación institucional o corporativa apalancada financieramente. Los bancos centrales inyectaron liquidez al sistema, pero las Bolsas siguieron bajando. Sólo cuando la reserva Federal de EE UU (Fed) bajó los tipos de descuento americanos, la Bolsa rebotó con fuerza el pasado viernes.

Los bancos españoles tienen una cartera hipotecaria mucho más saneada que sus colegas de EE UU

¿Se trataba de un problema de liquidez, de confianza o de un agujero realmente insondable?

Como el mercado dudó entre todas ellas, el castigo que impuso fue severo. Pronto se fueron despejando dudas. No habría problemas de liquidez. La intervención de los bancos centrales la garantizaba. Tenemos ahora que despejar las otras dos dudas. Si el agujero se limita a unas pocas compañías que tendrán que pagar sus excesos, o, si, por el contrario, supondrá un serio revés a las cuentas de resultados y a la solvencia de un número significativo de compañías, como consecuencia de las provisiones a aplicar. Más bien parece lo primero que lo segundo, por lo que el daño a medio plazo parece acotado.

Nos queda entonces el asunto de la confianza, que sí puede haberse quebrado, al menos por el momento, al unirse la crisis hipotecaria, con la crisis inmobiliaria. La gestión de los tipos de interés será de vital importancia durante estos próximos meses. Por lo pronto, muchas voces piden que el BCE no siga subiendo tipos, y que incluso comience a rebajarlos. No parece probable por ahora, salvo que EE UU se aplique a fondo en ello.

En España no existen hipotecas de alto riesgo, aunque sí es cierto que se han concedido hipotecas por el 100% del valor del inmueble, cuya amortización suponía más del 60% de la renta del deudor. La continuada subida de los tipos de interés hará que la morosidad suba, aunque todavía se encuentra muy baja, por debajo del 0,7%, cuando en EE UU asciende al 4%. Nuestros bancos tienen una cartera hipotecaria mucho más saneada que sus colegas norteamericanos y no hicieron inversiones significativas en los derivados hipotecarios de alto riesgo. Aunque en una economía abierta el contagio es inevitable, no parece que vayamos a ser lo peor parados de la crisis.

Las condiciones para otorgar una hipoteca seguirán endureciéndose, lo que contribuirá al enfriamiento de nuestro mercado inmobiliario. La construcción de vivienda libre seguirá cayendo, mientras que subirán las de protección oficial y las de precio social. Los criterios del Banco de España a efectos de tasación inmobiliaria se harán más estrictos. Pero no estamos ante un crac. Que aprendamos que las burbujas especulativas siempre terminan explotando.