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Viejos oficios en peligro de extinción

Empresas, organismos y particulares luchan por conservar oficios como el de tonelero, farero, cestero o pastor

Profesiones a punto de pasar a la historia
Profesiones a punto de pasar a la historia

Enero de 2006, la prensa local asturiana recoge la jubilación de un paisano, José Manuel Sánchez Blanco, artesano tonelero. Los titulares destacan el adiós del último representante de un oficio que ha resultado básico para la industria sidrera durante siglos. Su última obra, un tonel en castaño con capacidad para 34.000 litros en el que empeñó 450 horas de trabajo sin maquinaria. 'Encargamos el tonel para sustituir otro que estaba anticuado, pero este no es un pedido habitual y muy poca gente en todo el país trabaja en ello', relata Emilio Martínez, gerente del productor de sidra Trabanco y último cliente del tonelero.

Paralelas a la de Sánchez Blanco se están dando en España múltiples historias relacionadas con la extinción de labores ancestrales. Hasta hace muy poco aún quedaba algún Pregonero Mayor de España, como Andrés López Salinero, natural de Alba de Tormes (Salamanca). Aunque la jubilación le llegó en 1995, Andrés se resistió a colgar la trompetilla hasta hace diez meses, cuando falleció. 'Dio pregones hasta en Fráncfort', recuerdan en su casa, 'hace poco le han llamado para ver si iba a dar un pregón en Marbella porque se lo prometió a Jesús Gil. No sabían que ha fallecido'.

Para el puesto de López Salinero, que terminó leyendo pregones en sitios tan variopintos como Móstoles o Barcelona, se presentaron 30 candidatos a principios de los años cuarenta en Alba de Tormes. Eran otros tiempos. En todo el país las nuevas tecnologías sustituyen ya el soniquete del pregonero. El Ayuntamiento de Foios (Valencia) manda las comunicaciones a sus vecinos por SMS, en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) se hace a través de la televisión, y en Benicarló (Alicante) se usa el e-mail. 'A mí me encantaba cómo lo hacía Andrés, pero ningún familiar ha seguido la tradición porque no hay trabajo', lamenta la esposa de Andrés López.

La evolución económica y tecnológica ha dejado en la cuneta oficios como el del hielero, afilador, barquillero y amenaza a otros como el del orfebre, farero, pastor e incluso zapatero y costurero. Sin embargo, aún quedan empresas boyantes e instituciones con interés en mantener estas ocupaciones.

Jorge Muga, director Técnico de Bodegas Muga, reconoce que fabricar barricas en sus dependencias de Haro (La Rioja) sale entre un 20% y un 30% más caro que adquirirlas en el mercado. 'Existen miles de toneleros en Europa, pero tan solo un puñado de cuberos, y el nuestro, hasta donde llega mi conocimiento, es el último cubero que queda en España', dice Muga.

La razón de mantener esa tradición en la bodega tiene que ver más con la calidad de los caldos que con cualquier política de recursos humanos. 'Después de la uva, que es la materia prima principal, debemos controlar concienzudamente todo lo que concierne al roble'. Y es que no es lo mismo, según desvela el técnico, criar un vino en barricas de roble del bosque de Limousine que hacerlo con material de Troncáis: 'Ambos son bosques franceses muy próximos, pero las diferencias de calidad son abismales'. La plantilla de Muga incluye cuatro toneleros y un cubero, con una media de 20 años de experiencia.

Otro punto del país donde se planta cara al olvido es la localidad cordobesa de Dos Torres, (2.600 habitantes), en el valle de Los Pedroches. Allí vive Antonio Olmo, quien aprendió las artes de la cestería con 16 años, cuando empezaba a trabajar en los olivares. Este vecino colabora hoy con la Concejalía de Cultura como monitor de un taller en el que se enseña a manejar el mimbre o las varas de olivo a decenas de vecinos de todas las edades. 'Nuestro pueblo está declarado Bien de Interés Cultural por la Junta. Destaca nuestra arquitectura, pero también tratamos de mantener nuestras tradiciones tanto en materia de oficios, como de gastronomía, folclore u oficios', señala Reyes Gutiérrez, concejal de Cultura de Dos Torres. Las cestas resultantes ya no van y vienen a los olivares, donde se ha impuesto el plástico. Ahora se utilizan para colocar la ropa planchada o en la recogida de setas.

Un último protagonista que vio cómo peligraba su labor de siempre es Ignacio Fernández, funcionario de carrera del cuerpo de Técnicos Mecánicos de Señales Marítimas. Fernández fue farero en Galicia y aunque su día a día sigue relacionado con el mar hoy supervisa las señales de ayuda a la Navegación desde un despacho. 'Me quedan 20 años para jubilarme y creo que lo haré trabajando en y para los faros; lo que desconozco es todo lo nuevo que tendré que aprender y cuánto tendré que reciclarme', declara quien se reconoce un nostálgico.

Fareros con nostalgia de su torre

Sólo unos pocos de los 187 faros que existen en servicio en España mantienen viva la profesión del farero o torrero, que es como se conocía al encargado del faro en el siglo XIX. Ha sido mecanizada hasta la Torre de Hércules, la linterna más antigua del mundo en funcionamiento, con XIX siglos de historia delimitando las costas coruñesas.

Ignacio Fernández trabajó en un faro hasta 1993 y mantiene una interesante página web, www.farosferrol.com. Sus compañeros Javier Pérez de Arévalo, el último farero de La Mola (Formentera), y Eugenio Linares, responsable de la torre de Estaca de Bares (La Coruña) han publicado sendos libros sobre sus vivencias una vez abandonada esta actividad.

Escuelas para el pastor del siglo XXI

Técnicos y políticos navarros y vascos no veían claro allá por 1997 el relevo en la explotación del ovino lechero. La profesión de pastor apenas llama la atención de las nuevas generaciones y es esta la razón por la que nace la Escuela de pastores de Arantzazu (Guipúzcoa). Las dependencias de un caserío hacen de improvisadas aulas en las que Batis Otaegui, coordinador del centro, forma a aprendices de toda España e incluso de otros países europeos y latinoamericanos. Con el certificado de pastor en la mano, a los alumnos se les ayuda a poner en marcha su propia explotación.

Aprender el oficio requiere 900 horas de teoría y práctica. Tiempo suficiente para manejar un rebaño, empezar a ordeñar, esquilar e incluso a elaborar quesos. Desde la puesta en marcha de esta iniciativa han sido 133 los alumnos que han pasado por la escuela, el 23% mujeres.

Esta especie de autoescuela para pastores no es única. Hace dos años abrió sus puertas la de Fortanete, en Teruel.