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La nueva contabilidad nacional
Tribuna
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España tiene dos años de margen

José Carlos Díez

El INE publicó ayer la revisión de la contabilidad nacional y el crecimiento del PIB en 2004 fue del 3,1%, frente al 2,7% con la base anterior. En los últimos años, los economistas españoles hemos tenido que eliminar nuestra capacidad de sorpresa, ya que nuestra economía ha superado todos los análisis y proyecciones. El proceso de transformación que ha registrado España desde 1960 ha sido espectacular, el PIB per cápita se ha multiplicado por ocho desde entonces, pero el comportamiento de nuestra economía en la última década es apasionante.

El fenómeno se inicia con un hecho histórico: nuestra incorporación al euro en 1999. Hasta ese momento, España había sido un país dinámico, pero con ineficiencias que se reflejaban en un mayor nivel de inflación y con un sistema financiero estrecho y con restricciones. Para entrar en el euro tuvimos que acometer reformas estructurales, de las que aún seguimos beneficiándonos. Pero tras conseguir el reto, por méritos propios, nos incorporamos a una de las áreas con mayor estabilidad macroeconómica del planeta. Estar en la UEM te permite beneficiarte de tipos de interés reales muy reducidos, tan reducidos que hoy nuestras hipotecas tienen un tipo de interés real, descontando la inflación, negativo.

Esta caída de los tipos de interés explica el boom inmobiliario, el incremento de la inversión, la creación de empresas, el intenso proceso de creación de empleo y una peculiaridad en nuestra historia: en cincuenta años, España ha pasado de ser un país exportador de mano de obra, a ser un gran importador. Sin duda, la llegada masiva de inmigrantes es una variable clave para explicar el rápido e intenso proceso de transformación en la última década. Sin inmigración, los españoles no habríamos sido capaces de producir 750.000 viviendas en 2004, ni permitir el desarrollo de la hostelería y el turismo, etc.

Pero la inmigración no sólo ha supuesto una flexibilización de nuestra estructura productiva, los inmigrantes que se van estableciendo demandan vivienda, automóviles, ocio, etc. y lo seguirán haciendo de manera permanente, mientras continúen en España. Las perspectivas demográficas eran muy preocupantes y nos enfrentábamos a un intenso proceso de envejecimiento de la población. El problema persiste, pero ahora es de menor magnitud. Por lo tanto, sólo podemos calificar lo acontecido en los últimos años, como un proceso extremadamente positivo. Pero en el proceso también hay sombras. Haciendo un símil automovilístico, España compite en la Fórmula 1, con un coche muy competitivo que ha demostrado que corre rápido. Pero para ganar carreras y puntos hace falta más. La demanda interna en España creció un 4,7%, pero un 1,6% se nos ha escapado vía sector exterior. Como economista confío en que los agentes son racionales y que si eligen bienes importados es porque son más competitivos, pero como español siento que nuestra sociedad no muestra la suficiente ambición para producir buena parte de esos bienes aquí. Sin duda, nuestro mayor problema sigue siendo nuestra escasa capacidad para generar proyectos empresariales rentables en entornos competitivos. Tiene mucho que ver con nuestra idiosincrasia. En este país, el que triunfa tiene que estar continuamente pidiendo perdón para no ofender, el que gana dinero es un especulador o un corrupto, nuestros estudiantes siguen mostrando una gran aversión al riesgo. Las familias están encantadas teniendo a sus hijos en casa hasta los treinta años y ayudándoles a comprar la vivienda, eso sí, en el mismo barrio.

En la actualidad disfrutamos de unas condiciones inmejorables para cerrar definitivamente nuestra brecha de renta per cápita con nuestros vecinos europeos, pero necesitamos empresarios que gestionen nuestros recursos. No se trata de darles subvenciones, sino de eliminarles todas las barreras para su desarrollo. Medidas que reduzcan la burocracia para la creación de empresas, acceso a la financiación, incentivos fiscales al emprendedor, mayor flexibilidad de nuestros mercados de bienes y de servicios, especialmente en el mercado de trabajo. El Gobierno ha publicado cien medidas dinamizadoras y todas están en la buena dirección, pero seguramente necesitamos quinientas.

Estar a diez puntos de la renta per cápita europea nos indica que todavía tenemos que mejorar muchas cosas para alcanzarlos. La clave es saber si seremos capaces de acometer reformas, ahora que crecemos, o si será necesaria una recesión, como les ha sucedido a los alemanes. A nuestro modelo de crecimiento le quedan al menos dos años de margen. En este periodo, si mantenemos la estabilidad presupuestaria y avanzamos en las reformas, permitiremos que nuestras empresas innoven y mejoren sus procesos para incrementar la tan nombrada productividad. Permitamos que el proceso de transformación continúe.

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