COLUMNA

Los desequilibrios de EE UU condicionan el panorama de 2005

La evolución de la economía internacional estará condicionada, en el año ahora comienza, a la resolución de los fuertes desequilibrios que supone el déficit por cuenta corriente de EE UU, según el autor. En su opinión, aunque no es un fenómeno reciente, su origen sí lo es

Como no podía ser de otra manera, lo que suceda en la economía mundial va a venir condicionado en gran medida por los problemas por los que atraviesa la economía de EE UU.

A juicio de muchos, el principal problema de aquel país es un fenómeno de escasez de ahorro nacional de cuantía no conocida en su historia reciente. Esta insuficiencia del ahorro interno le obliga a importarlo de países excedentarios para financiar su crecimiento. Este fenómeno queda reflejado en su balanza de pagos con el déficit por cuenta corriente, que no ha dejado de crecer en los últimos años.

Este déficit no hará más que incrementarse los próximos años no sólo porque las importaciones norteamericanas crecen a un ritmo ligeramente más que alto las exportaciones, sino sobre todo porque las importaciones superan a las exportaciones en casi un 50%.

Estamos en un modelo de finanzas internacio-nales en el que las cosas suceden al revés de como se piensa que deben suceder

La insuficiencia del ahorro interior norteamericano y los déficit por cuenta corriente no son fenómenos recientes. EE UU ha convivido con este problema en años anteriores. Lo que tiene de novedoso y perverso en estos momentos es el origen del problema.

En el pasado, los déficit por cuenta corriente fueron el resultado de la combinación de un insuficiente ahorro interno y una dinámica inversión privada. Y era precisamente la buena marcha de la economía norteamericana gracias al dinamismo empresarial la que atraía de otros países los recursos financieros necesarios para solventar el desfase entre ahorro e inversión. Lo novedoso de la situación actual es la necesidad que tiene EE UU de endeudarse internacionalmente no es para financiar su crecimiento sino para financiar el déficit publico.

El que EE UU pueda financiarse externamente en la medida en la que lo hace sólo encuentra explicación si se tienen en cuenta dos importantes factores: que sea en su divisa en la que están denominadas sus deudas por ser moneda de reserva y las bajas tasas de interés. De hecho, si el dólar no fuera moneda de reserva no parece probable que pudieran financiarse internacionalmente a los tipos de interés en que lo hacen actualmente.

Puesto que la situación actual difícilmente puede ser eterna, hay que pensar que, en la medida en que los tipos de interés comiencen a crecer en EE UU, los costes de mantener su elevada deuda externa comenzarán a hacer mella negativamente en la evolución de su economía, y en la del resto del mundo. Los enormes déficit por cuenta corriente norteamericanos exigen que superávit de igual cuantía se produzcan en el resto del mundo. Concretamente en Europa y Asia, si bien que con alcances diferentes. En el caso europeo, el euro flota respecto del dólar y colabora en la corrección de los desequilibrios comerciales. Ese no es el caso de buena parte de las divisas asiáticas.

Varios países asiáticos han optado por mantener una estrecha ligazón entre el valor de sus divisas y el dólar. El corolario de esta decisión es la necesidad de acumular reservas denominadas en dólares en cuantías elevadas en sus bancos centrales para financiar el déficit por cuenta corriente norteamericanos. Esa financiación -en la actualidad a bajos tipos de interés- no es gratis. Por una parte, estas economías han basado su modelo de desarrollo en limitación del consumo interior y la producción para la exportación y se benefician de déficit comercial norteamericano.

Pero por otra parte, este modelo de crecimiento incorpora el riesgo de las pérdidas de capital que llevaría consigo una subida de los tipos de interés de los bonos gubernamentales norteamericanos en los que están materializadas las reservas asiáticas.

Nos encontramos pues en un modelo de finanzas internacionales en el que las cosas suceden al revés de cómo se piensa que deben suceder. La teoría nos dice que el capital debe moverse desde los países ricos en los que los factores de producción son más caros y las rentabilidades decrecientes, a los países pobres en donde puede encontrarse mano de obra a buen precio y oportunidades de altas rentabilidades. En la realidad, está sucediendo lo contrario, los países pobres están financiando al país más rico de la tierra.

Para que no fuera así los países exportadores de ahorro tendrían que cambiar su política de distribución de la renta de manera que se cambiaran los patrones de ahorro y consumo. Por ejemplo, tendrían que poner en marcha sistemas generales de pensiones para su población, aumentar la retribución de los trabajadores o reajustar sus divisas de manera que no encarecieran artificialmente las importaciones.

¿Puede Europa contribuir de alguna manera a corregir el déficit de pagos norteamericano mediante políticas tales como la revaluación del euro o el fomento de la demanda mediante el uso de la política monetaria? Probablemente los costes de esas políticas resultarían mayores que sus beneficios. Una revaluación mayor del euro frente al dólar representaría un freno importante para el crecimiento europeo que terminaría jugando en contra de la demanda de importaciones estadounidenses. Una política monetaria alegre podría aumentar la demanda pero las tensiones inflacionistas terminarían minando la confianza en la economía y ralentizando los procesos inversores favorecedores de avances en términos de ganancias de productividad.