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Aprender a decir no

Atodo el mundo le ocurre de vez en cuando, al menos eso aseguran los psicólogos. Decir sí cuando uno desea decir no o, lo que es lo mismo, ser incapaz de poner límites a las exigencias de los demás no es una barrera insalvable, sino un comportamiento aprendido que se puede corregir. Ya sea en las relaciones personales o en la actividad laboral, existen muchas personas que sepultan sus necesidades bajo el peso abrumador de los requerimientos de los demás. 'Es una dificultad muy común. Y lo es porque somos fruto de una sociedad con una educación ancestral en la obediencia, el respeto y la cortesía. Dentro de ese marco general hay personas que interiorizan más este tipo de educación y a las que les cuesta más que al resto decir no', explica el psicólogo Enrique García Huete, profesor de la Universidad Complutense con más de 20 años de experiencia en el tratamiento de estas situaciones.

García Huete pone como ejemplo el caso de un trabajador que un buen día comienza a recoger a un compañero en su coche para ir juntos al trabajo. Un favor que le obliga a dar un rodeo en su ruta y le hace perder diez minutos diariamente. 'Hay personas que cargarían con ese deber hasta el día de su jubilación, conscientes de que pierden 10 minutos de sueño cada mañana y frustrados internamente por ello, pero incapaces de romper con esa situación'.

En la consulta de este psicólogo, la terapia más demandada, especialmente por directivos de empresa, es el aprendizaje de técnicas de asertividad, término con el que se definen tres tipos de habilidades de comunicación: saber hacer críticas, saber encajarlas y saber decir no. 'Los mandos intermedios en las empresas son los que sufren más presiones para poner límites, porque tienen que enfrentarse con sus superiores y con sus subordinados', señala García Huete.

Los mandos intermedios son los que sufren más presiones

Pero, ¿cual es la razón de fondo que impide a una persona negarse a hacer algo? En numerosas ocasiones, aseguran los especialistas, la clave está en el temor a que se rompan las relaciones, ya sean personales o laborales. 'Tal vez crea que si se muestra firme ante un conflicto los demás se enfadarán con usted. Pero puede sustituir esta creencia irracional por otra racional: usted no es responsable de lo que pueda sentir otra persona. Si alguien se enfada, es su problema', aconsejan Nelda Shelton y Sharon Burton, dos expertas en técnicas de asertividad, en su libro Haga oír su voz sin gritar de FC Editorial. En la misma línea, García Huete recuerda que cuanto más se tarda en establecer límites, más difícil resulta hacerlo. 'O educas tu entorno para que aprenda a respetar tus derechos o te pasas la vida sometido a requerimientos externos', advierte.

El consejo parece sencillo, la puesta en práctica no tanto. 'Es cierto que son situaciones complejas. Hay personas que no tienen problemas para decir no, excepto si se trata de un jefe o cualquier otro superior jerárquico. Otros manifiestan esa imposibilidad en determinados temas. ¿Cuánta gente es incapaz de decir que no cuando un amigo le pide dinero?', afirma García Huete. La buena noticia, se apresuran a añadir los expertos, es que por muchos años que uno haya pasado con un sí forzado pintado en la cara, se puede aprender a ser sincero. 'Lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de los derechos de cada cual y convencerse de que uno tiene derecho a decir no cuando alguien le pide un favor', señala García Huete.

Una vez realizado este ejercicio y controlada la ansiedad que a mucha gente le produce el proceso, los psicólogos explican a sus pacientes lo que se denomina la técnica del disco rayado. 'Antes de nada hay que tratar de entender a la persona que nos está pidiendo algo, ponernos en su lugar y hacerle ver que comprendemos su necesidad', señala el profesor de la Complutense. 'Permita que la persona hable de sus sentimientos. Diga que comprende cómo se siente su interlocutor', aconsejan también Shelton y Burton. A continuación hay que expresar con claridad que uno prefiere no hacer lo que le piden, para inmediatamente añadir sugerencias para solucionar la situación. Mientras se aportan esas otras posibles soluciones, debe repetirse una y otra vez (de ahí lo del disco rayado) que uno prefiere no hacerlo o que le resulta imposible. 'Hay que ser directo y evitar las mentirijillas y el exceso de justificaciones', advierte García Huete. Si se ensaya hasta llegar dominar la técnica, asegura, funciona.