COLUMNA

Mercados sin rumbo

La incertidumbre acerca del futuro de la economía mundial es muy alta y el resultado es que los mercados están yendo muy rápido a ninguna parte. Esto se manifiesta, según el autor, en una alta volatilidad, que crea tendencias de muy corto plazo

Los mercados mundiales están a la deriva, sin rumbo. La incertidumbre acerca del futuro de la economía mundial es muy alta, y el resultado es que los mercados están básicamente yendo muy rápido a ninguna parte: alta volatilidad que crea tendencias rápidas de muy corto plazo y que retornan velozmente al punto de partida. El resultado: la mayoría de los mercados están más o menos al nivel donde empezaron el año.

El mejor ejemplo es quizás el bono a diez años americano, que comenzó el año cercano al 4,3%, cayó hasta el 3,7%, subió de nuevo hasta casi el 5% y está ahora en el 4,2%, más o menos donde empezó. En vista de que este activo debería reflejar las expectativas de evolución de la economía estadounidense y de su política monetaria, se puede concluir que el mercado no tiene una idea muy definida sobre el futuro de esta economía. Lo mismo se puede decir de muchos otros activos, como la gran mayoría de tipos de cambio y de mercados bursátiles. El único activo que ha mantenido una tendencia, en este caso alcista, ha sido el petróleo.

¿Por que tal indefinición? Una explicación sencilla sería que ha habido una sucesión de shocks y que los mercados simplemente han respondido a estos shocks. El aumento del precio del petróleo y de las materias primas seria el caso más claro. Una explicación alternativa sería que hay opiniones divididas y contradictorias acerca del futuro de la economía mundial, y que los mercados saltan de una opinión a otra sin emitir un veredicto final. La verdadera razón será posiblemente una combinación de las dos hipótesis. El impacto del shock petrolífero sobre la economía mundial será muy diferente dependiendo del modelo implícito que se tenga del ciclo económico actual. Si se es de la opinión de que estamos ante un ciclo económico similar a los experimentados en los últimos 50 años, entonces un aumento del precio del petróleo debería, ceteris paribus, implicar tipos de interés más altos para contrarrestar el aumento esperado de la inflación. Este es el resultado que generan los modelos macroeconómicos, y la hipótesis implícita en las declaraciones optimistas de la mayoría de bancos centrales, Gobiernos e instituciones internacionales.

Los mercados parecen tener una opinión distinta. La correlación entre los movimientos diarios del precio del petróleo y de los tipos de interés ha sido negativa todo este año, y se encuentra ahora al nivel mas bajo -más negativo- de los últimos 20 años. Es decir, los mercados están interpretando el aumento de los precios del petróleo como una fuente de recesión económica -y por tanto de desinflación- y no de inflación. De hecho, la curva de tipos americana esta implícitamente sugiriendo que la Reserva Federal aumentara los tipos hasta el 2% en noviembre de este año (hoy están en el 1,5%) y los mantendrá a ese nivel hasta finales del 2005.

Los mercados están apostando que, cuatro años después del final oficial de la recesión, los tipos de interés reales serán todavía básicamente cero. Sin embargo, al mismo tiempo los mercados bursátiles continúan extrapolando un fuerte crecimiento de los beneficios el año próximo y el mantenimiento de las altas valoraciones bursátiles.

Mientras tanto, los desequilibrios de la economía americana empeoran. El déficit por cuenta corriente sigue aumentando, alcanzando el 5,7% del PIB en el segundo trimestre de este año. Las últimas estimaciones sugieren que, con el tipo de cambio y las tendencias globales de crecimiento de la demanda interna actuales, el déficit por cuenta corriente americano se acelerará hasta el 8% al año que viene y podría alcanzar el 12% en 2010.

El panorama fiscal tampoco es esperanzador, ya que ni Kerry ni Bush tienen un plan convincente para reducir el déficit fiscal en un futuro próximo. Si a todo esto añadimos que Japón no acaba de repuntar, que China esta enfrascada en un difícil proceso de ralentización de la economía y de reforma estructural, y que la OPEP no parece capaz de controlar el precio del petróleo, no es extraño que los mercados estén dando bandazos: es un equilibrio muy inestable, y el nivel de incertidumbre es demasiado alto.

La experiencia dice que si estas situaciones se prolongan demasiado al final se resuelven con cambios bruscos en los precios, y por ello las autoridades económicas mundiales deberían buscar una solución coordinada rápidamente -difícil, ya que los incentivos no son precisamente compatibles- o estar preparadas para actuar cuando sea necesario.

Un sector del mercado argumenta que los bancos centrales tiene prisa por subir los tipos de interés para así poderlos bajar cuando finalmente se rompa este equilibrio inestable. Es un argumento cínico, es como dejar de darle medicina a un paciente enfermo para poder darle más cuando empeore. Pero revela la falta de confianza que se tiene actualmente en la capacidad de las autoridades económicas mundiales de resolver los problemas pendientes.