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El liderazgo también se aprende

La gran pregunta es si el líder nace o se hace. Juan Mateo, consejero delegado de Makeateam y autor de dos libros sobre liderazgo, considera que es una pregunta improcedente y de respuesta vidriosa.

Aun así, el propio Mateo confiesa que el líder se puede hacer. Coincide en ello con José Ramón Pin, profesor de IESE y Ceferí Soler de Esade. Aunque los tres enfatizan que está ese otro líder, el carismático, como Luther King, Gandhi o Churchill que nace con el don. 'Aunque para triunfar tienen que esforzarse muchísimo', aclara Mateo.

Volviendo al líder más doméstico, tampoco todo el mundo tiene las cualidades suficientes. 'Hay que aguantar la presión y manejar bien la incertidumbre', dice Soler, que matiza que de todas formas la mayoría puede prepararse para el liderazgo gracias a la formación.

José Ramón Pin considera que se precisan tres dimensiones para ser un líder: cualidades morales, habilidades sociales (saber crear equipos) y visión de negocio. Las dos primeras se pueden ganar con el tiempo y están en casi todas las personas; la tercera, en cambio, es innata y más difícil de adquirir. Es el espíritu empresarial.

Respecto a la segunda cualidad, la de saber crear equipos, los expertos la resaltan como fundamental. Se trata de poder ilusionar a la gente y transmitir bien el proyecto. Ceferí Soler y José Ramón Pin insisten en conseguir retener a los mejores, en no dejar marchar el talento.

Juan Mateo lo matiza. 'Se insiste mucho en que se motive a los equipos, pero es impensable que la totalidad de la gente esté de acuerdo con el proyecto. Por tanto, no es malo que se vaya alguien'. Para Mateo, el líder debe dar ejemplo y ser el primero en esforzarse al máximo, pero no puede hacer milagros. 'Los liderados también tienen responsabilidad. No pueden tumbarse a esperar a que les motiven', aclara.

Pero, como explica Soler, 'el dilema es el que líder no puede implantar sus decisiones él solo, precisa de equipo y se le exigen dotes de influencia'.

Modelos Dime de qué careces y te diré qué clase de jefe eres

Sin valores personales: Demagogo

Hay tres dimensiones que inciden sobre un líder, según explican en el IESE. Y la carencia de alguna de ellas marca la forma de dirigir. La primera de las dimensiones es la moral. En definitiva, se trata de que el directivo utilice su poder para bien de la organización y no en beneficio propio.

El uso que del poder hace el directivo es la diferencia entre quedarse en un mero jefe o ser un verdadero líder. Si el poder se utiliza bien, se gana autoridad con los subalternos. Pero, si al final se busca sólo el interés personal, el líder se volverá, primero, un demagogo que intentará sacar de sus trabajadores lo que precisa y, en un segundo paso, se transformará en un dictador.

Sin capacidad de diálogo: Autónomo

La tercera dimensión es la habilidad para las relaciones humanas. El líder que la posee conoce bien las capacidades de las personas, sabe cómo motivar, cuáles son las necesidades reales o sentidas de su gente y, por tanto, es capaz de sacar lo mejor de cada persona.

Una de sus cualidades destacadas es la comunicativa; sabe transmitir el proyecto e ilusionar a la gente.

Si por el contrario se carece de esta habilidad social, estamos ante un mero negociante que será capaz de poner en marcha negocios, encontrar nichos de mercado o vender una nevera a un esquimal. Sin embargo, cuando la empresa alcance una mayor dimensión, será incapaz de hacer equipo y de delegar. Y su negocio se estancará.

Sin visión de negocio: burócrata

La visión del negocio o la habilidad para encontrar dinero donde otros no lo ven es una condición más bien innata, difícil de adquirir con la experiencia, según explica José Ramón Pin, de IESE. Sin embargo, se puede desarrollar y, si no se utiliza, se llega a atrofiar. Y ¿qué pasa si se carece de esta visión de empresa? Que en realidad, en lugar de un líder, hay un burócrata. Si se les da la visión de negocio, podrán hacer funcionar muy bien una organización y la tendrán engrasada. Aunque no podrán enfrentarse a situaciones de cambio ni afrontar periodos de crisis. Su creatividad es nula. Por eso, hoy en día, en entornos tan variables, son poco útiles para los máximos puestos empresariales.

El poder

Legionarios o senadores

Una de las diferencias entre un simple directivo y un verdadero líder es el uso del poder. José Ramón Pin explica que poder es 'que otros hagan lo que yo quiero', mientras que autoridad es 'que otros quieran lo que yo quiero'. Lo explica con un símil histórico. 'Las legiones romanas tenían poder mientras que el Senado, autoridad'.

El poder es una herramienta que todo jefe tiene y que emana de la jerarquía. La autoridad se gana y la otorgan los subalternos. Si el poder se ejerce de manera injusta, resta autoridad; si se usa de manera eficaz y sólo cuando se precisa, reporta autoridad. Y nunca utilizarlo en beneficio propio.