Kenneth Rogoff

El economista jefe del FMI prevé varios trimestres de deflación en Alemania

Rogoff se muestra contundente: 'Los riesgos deflacionistas para la economía mundial son altos. China y Japón ya se encuentran en deflación, que buena parte exportan al resto del mundo. Y Alemania será la próxima economía en registrar caídas de precios'.

Durante la entrevista con Cinco Días, el economista jefe del Fondo insiste en que la principal potencia europea sufrirá varios trimestres, 'dos o tres', de deflación en este ejercicio. A ello contribuirá, en buena medida, la revalorización del euro, pero también la caída del consumo que se producirá, a su juicio, por un nuevo descenso de la confianza de consumidores y empresarios ante el conflicto bélico con Irak.

Razones, en su opinión, que deberían hacer reaccionar al Banco Central Europeo (BCE) con una bajada de tipos, que actualmente se sitúan en el 2,75%.

'La amenaza de deflación afecta principalmente a Alemania pero no sólo; otras economías pequeñas de la eurozona bordean también esta posibilidad'. Alemania cerró 2002 con una inflación del 1,1%, mientras que la media de la zona euro se situó en el 2,3%.

Los responsables europeos descartan de plano esta amenaza. Fuentes del BCE consultadas por este periódico se mostraron tajantes y aseguraban que no existe ningún riesgo de deflación. De hecho, el presidente de la entidad, Win Duisenberg, insistía la semana pasada en que el alza de los precios del petróleo se presentaba como una de las principales amenazas para la economía europea y pidió moderación salarial para mantener los precios bajo control. El mismo Duisenberg que durante todo 2002 negó que la puesta en circulación del euro tuviera efectos inflacionistas, hasta que en diciembre tuvo que reconocer que el redondeo de precios había sumado al menos dos décimas a la inflación del año.

El comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Pedro Solbes, también descarta la amenaza deflacionista, pero admite que ni los datos del consumo privado ni los indicadores de confianza son todo lo satisfactorio que sería deseable. Aunque Solbes tampoco considera que la situación de la economía europea sea dramática.

Solbes, además, defiende la revalorización del euro. 'Aunque a corto plazo puede tener algunos efectos negativos, a largo plazo los efectos de un euro fuerte son positivos', aseguraba a este diario.

Menos riesgo en EE UU

¿Y cuál es la situación de Estados Unidos? 'Existe la posibilidad de caídas de precios, pero ciertamente no es alta. La Reserva Federal lleva muchos meses vigilando de cerca este riesgo y está preparada para actuar agresivamente si la amenaza se incrementara', asegura Rogoff.

Lo cierto es que la autoridad monetaria estadounidense publicó el pasado mes de junio un análisis comparando el estallido de la burbuja bursátil en Japón en los años noventa y la consiguiente espiral deflacionista con lo sucedido en EE UU tras el pinchazo de los valores tecnológicos en Bolsa. La entidad concluía que la amenaza de deflación era baja pero que había que prestar especial atención a estas señales 'mucho más difíciles de detectar y de combatir que el alza de precios', decía.

El economista jefe del Fondo reconoce que la subida del precio del petróleo es, en estos momentos, una clara contención para la amenaza inflacionista. Sin ella, algunos países estarían en zona de emergencia.

Aunque no lo mencionó específicamente, éste es claramente el caso de EE UU. El IPC creció un 2,4% en todo el ejercicio, una cifra que se puede considerar moderada si tenemos en cuenta que los costes energéticos aumentaron un 23,7% a lo largo del año, que los tipos de interés se sitúan en el 1,25% y los estímulos derivados de las rebajas de impuestos. Excluidos los alimentos frescos y de la energía, los precios subieron el 1,9%.

Rogoff se muestra mucho más combativo con las autoridades niponas. 'Han mostrado fallas profundas de comunicación, no han transmitido determinación en la lucha contra la deflación, han fracasado en la adopción de medidas'. Un desastre, en su opinión, que explica el hecho de que los precios, medidos por el deflactor del PIB, lleven cinco años consecutivos de caídas.

Críticas a Japón

Entre sus propuestas, Rogoff defiende con vehemencia la adopción de un objetivo de precios por parte del Banco de Japón, motivo de enfrentamiento actualmente entre la autoridad monetaria y el Gobierno que preside Junichiro Koizumi. 'No es la panacea ni una religión, pero Japón necesita un claro referente por el que luchar', sostiene.

El economista minimiza, sin embargo, el impacto de la deflación de China sobre el resto de la economía mundial. Pero este hecho es fuente de clara preocupación para el Gobierno estadounidense y para otros economistas.

El antiguo asesor económico de la Casa Blanca Lawrence Lindsey apostaba el mes pasado por que Estados Unidos intente convencer a China de que elimine su sistema cambiario, que mantiene su divisa -el yuan- pegada al dólar, lo que según Lindsey dificulta la competencia a las empresas manufactureras de Estados Unidos.

Sin embargo, el banco central de China ha prometido mantener estable el tipo cambiario del yuan, la señal más reciente de que no cederá a los crecientes llamamientos de que revalúe la moneda en vista del auge de sus exportaciones. Al estar ligado al dólar, la caída de la divisa estadounidense ha abaratado aún más los precios de los productos chinos.

'El 2% debe ser el objetivo de inflación mínima'

Kenneth Rogoff ya defendía en abril de 2002 que el 2% debe ser el objetivo de inflación mínima para las autoridades monetarias, porque si se establece como techo, 'los precios tienden a estar por debajo y cualquier cambio de coyuntura aumenta considerablemente el riesgo de deflación'. Esa afirmación 'está hoy aún más en vigor que entonces', asegura. El economista no se refiere al BCE, pero ése es precisamente el objetivo máximo que la autoridad monetaria se ha marcado como uno de los pilares de su política monetaria para el control de los precios. Y ése es, precisamente, el debate que está abierto en el seno de la entidad europea. El BCE ha iniciado una revisión de sus dos pilares (un crecimiento del 4,5% de la masa monetaria y un crecimiento de los precios inferior al 2%) que pretende tener lista 'a lo largo de la primavera o a principios de verano'. El momento es propicio. En julio se produce la sustitución de Win Duisenberg al frente de la entidad, lo que ofrece la posibilidad de dar un giro a una política duramente criticada por los analistas. No en vano, el objetivo del 2% se fijó cuando el precio del barril de petróleo se situaba en 10 dólares, y si bien el mandato único del control de precios para la entidad sólo se puede modificar si se cambian los tratados de la UE, las medidas que el Banco adopte para darle cumplimiento son de su exclusiva competencia. Lo mismo sucede en el Banco de Japón (BOJ). El actual gobernador, Masajuro Shiokawa, debe ser relevado al frente de la institución en marzo. Shiokawa se ha opuesto continuamente a los deseos del Gobierno de establecer un objetivo de precios para combatir la deflación que soporta desde hace años la economía nipona. El objetivo del presidente, Junichiro Koizumi, es que el cambio de gobernador al frente del BOJ conlleve también un cambio de política.