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La tribuna de los fondos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Algunas lecciones de 2023 a los mercados

La mejor apuesta frente a la incertidumbre es diversificar a través de carteras multiactivos que combinen renta variable con renta fija y otros activos refugio, como el oro y el dólar

Bolsa España
Vega Alonso del Val (EFE)

En los últimos años, nos hemos acostumbrado a vivir a tenor de la incertidumbre y de cualquier suceso inesperado que, pese a su carácter eventual o carente de la mayor relevancia, pudiera terminar provocando un desvío en el camino natural de los mercados financieros. 2023 no fue una excepción y, ahora que han pasado unas semanas, es buen momento para hacer un análisis reposado de lo que supuso el pasado ejercicio para los mercados, que tras vivir una verdadera montaña rusa, terminaron cerrando en positivo, con la gran mayoría de los activos financieros generando rentabilidades, gracias al repunte de la recta final de año, impulsado por las esperanzas de recortes de tipos de interés para 2024.

En este contexto, y teniendo en cuenta las valoraciones con las que cuentan los activos, cabe partir de la base de un 2024 bueno para la inversión. Pero una de las lecciones del pasado ejercicio es precisamente que los mercados pueden reaccionar con extrema sensibilidad ante cualquier decepción, por ejemplo, en materia de inflación o de crecimiento económico.

El final de 2023 planteó un dilema para muchos profesionales del mundo de la inversión. Cuando estaban preparando sus perspectivas anuales de cara al ejercicio 2024, acababa de empezar un rally que terminó alcanzando una magnitud que sorprendió a propios y extraños. Situación que puso de manifiesto las dudas sobre si mantener los objetivos iniciales de precios, lo que ha provocado que el potencial de rentabilidad se situara en torno al 0 o, por el contrario, adaptar esas previsiones sobre la base del optimismo generado en la parte final del año y acorde a un escenario de aterrizaje suave de la economía estadounidense, una breve y ligera desaceleración de la producción económica y unas tasas de inflación sostenidamente bajas.

A diferencia del año anterior, las tasas de inflación en 2023 se movieron en la dirección prevista por la mayoría de analistas, a lo que se sumó la sorprendente robustez que fue mostrando la economía estadounidense con el paso de los meses. Sirva como ejemplo de esos vaivenes del mercado, y de cómo fueron modificándose las propias expectativas, las previsiones de los estrategas encuestados por Bloomberg, cuyas estimaciones de crecimiento para 2023 cayeron del 2,5% a lo largo de 2022, al 0,3% a finales de año, para volver a subir al 2,4% a lo largo de 2023. También sorprendieron los tipos de interés, que siguieron subiendo de forma abrupta hasta finales de octubre, salvo un breve lapso en primavera, cuando las dificultades del sector bancario estadounidense llevaron a la Reserva Federal (Fed) a inyectar nueva liquidez.

Otra sorpresa del pasado ejercicio vino por el lado de la óptima evolución de los mercados bursátiles, en un escenario de tipos de interés en constante aumento, con el impulso de los grandes valores tecnológicos estadounidenses, los conocidos como los Siete Magníficos, que, de media, duplicaron su valor de mercado el año pasado, contribuyendo así en dos tercios al aumento del valor de todo el S&P 500 y recuperando más de todo lo perdido en 2022. Curiosamente, se trata de compañías históricamente sensibles a los tipos de interés, por lo que su comportamiento en este escenario nos brindó otra lección interesante: cómo algunas de las premisas que adoptamos con el comportamiento de los valores pueden cambiar con el paso del tiempo.

Ese rally permitió reajustar los resultados de todo el año, que cerraron en positivo en todas las clases de activos, salvo excepciones como el Hang Seng, principal índice bursátil de Hong Kong, que perdió un 1%, y las materias primas, que también perdieron una media del 12%, impulsadas por la sorprendente debilidad del precio del petróleo, que nos dejó otra lección interesante: en escenario de máxima inestabilidad en Oriente Próximo, el Brent también podía perder sobre un 10%. En el caso de China, 2023 también demostró que su crecimiento tiene algunos puntos de fuga, ya que el gigante asiático fue incapaz de controlar de forma sostenible los problemas del mercado inmobiliario y los dirigentes del país también se abstuvieron de poner en marcha un paquete de estímulos, a lo que se suma el interminable conflicto comercial con Estados Unidos y, en cierta medida, con Europa.

A lo largo del año, el Banco Central Europeo (BCE) aumentó el tipo de depósito del 2% al 4%, y la Reserva Federal subió el límite superior de sus fondos del 4,5% al 5,5% mientras que la inflación subyacente tomaba la dirección contraria, cayendo en 2023 del 5,6 al 3,9% en EE UU, y del 5,4 al 3,6% en la Eurozona.

En este escenario, lo normal sería esperar que en 2024 haya recortes de tipos para junio, pero lo ocurrido en los últimos meses nos enseña que los próximos movimientos de los bancos centrales no estarán sujetos tanto a fechas prefijadas, sino más bien a los datos macro que se vayan registrando, principalmente la evolución de salarios pagados y, por tanto, de la inflación, así de cómo sea el crecimiento de los países más relevantes. La política monetaria seguirá marcando el paso de los mercados y tendremos que enfrentarnos a meses de débil crecimiento, con una exposición a la volatilidad proveniente de la geopolítica, principalmente en lo referido a Oriente Medio, Ucrania, las dudas sobre China y lo que ocurra en los diferentes procesos electorales que se celebran, especialmente en India, EE UU y Taiwan.

Tras el magnífico comportamiento que experimentó la renta variable el pasado año, en los próximos meses la clave estará en analizar cómo la IA impulsará la productividad y cuáles serán los sectores que más se beneficiarán de su uso. La Bolsa es un activo interesante en el medio y largo plazo, especialmente en Europa que se ha quedado atrás respecto de EE UU, y tácticamente Japón puede ser una oportunidad de diversificar, equilibrando las carteras con algunas acciones tecnológicas y por el lado defensivo con valores de empresas con alto dividendo. La renta fija cuenta con el mejor binomio rentabilidad-riesgo, lo que le otorga un gran atractivo con menor riesgo, sobre todo con buenas oportunidades en deuda corporativa europea, en sus plazos más cortos.

En este escenario de incertidumbre, la mejor apuesta es la de diversificar a través de carteras multiactivos, que combinen las opciones que ofrece la renta variable con renta fija y otros activos refugio, como el oro y el dólar, que justamente puede actuar como contrapeso en momentos de incertidumbre política, además de mantener un porcentaje en liquidez en un momento donde también se remunera.

Mariano Arenillas es responsable de DWS para España y Portugal

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