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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los bancos y su relación con lo inconsciente

Las quejas contra la banca deberían venir no tanto por su falta de compasión con sus clientes, sino por los riesgos en que incurren a veces sus directivos

euros
Billetes de euros.Pakin Songmor (Getty Images)

Así hubiese titulado, probablemente, Sigmund Freud el análisis de lo que le sucede a los políticos populistas y a la mayor parte del público en general con su aversión permanente a los bancos. Y hay que reconocer que, muchas veces, lo despiadado de la conducta que estos tienen da buena base para que la demagogia campe por sus fueros.

Pero es que, ¿puede haber una manera de llevar un negocio saneado sin ser despiadado?

Las quejas contra los bancos deberían venir no tanto por su falta de compasión con sus clientes, sino por los riesgos en que incurren cuando sus directivos se dejan llevar por la euforia, por el afán de lucirse por el tamaño de su balance, por los riesgos que asumen cuando quieren aparecer como pioneros de algún sector, o por el protagonismo que les concede al cambiar de año el aparecer los primeros (o entre los primeros) en las league-tables o clasificaciones que les comparan con sus colegas del sector, bien en términos absolutos, bien referidos a sectores determinados de los mercados de capitales.

Pero la aversión a los bancos emerge una y otra vez en los medios de comunicación cada vez que publican buenos resultados: sin ir más lejos, esos más de 26.000 millones de euros que ha acumulado en beneficios el sector en España en el año 2023.

Siempre dentro de la cautela que se debe imponer cuando no se está en la sala de máquinas de todos y cada uno de ellos, el que a los bancos (españoles, en este caso) les vaya bien debería ser motivo de regocijo general, y más cuando se echa un vistazo alrededor y se ven por aquí y por allá síntomas inquietantes de que en cualquier momento puede afectarles un movimiento sísmico del tipo de los que ya hemos vivido en las últimas décadas.

Así, y echando mano de lo más obvio, en EE UU siguen sin haber solucionado aún el problema de su banca regional, que tantos disgustos dio en marzo del año pasado, al llevar a la quiebra, para abrir boca, al Silicon Valley Bank, y, tras él, a unos cuantos bancos regionales más.

Hay que recordar que aquello coincidió, para complicar más las cosas, con la quiebra del banco Credit Suisse.

Y, si entonces la problemática vino en EE UU por causa de las pérdidas acumuladas en las carteras de deuda pública de los bancos, ahora empieza a aflorar el impacto que está teniendo sobre sus cuentas respectivas la crisis del sector de oficinas y locales comerciales en el país. Una crisis provocada no solo por los problemas de un sector que se había sobredimensionado por sí solo, sino porque con el invento del teletrabajo a raíz de la pandemia ha quedado claro que aún estaba mucho más sobredimensionado de lo debido: si, antes de la pandemia, el nivel de ocupación de los inmuebles comerciales en EE UU era del 90%, en este momento se encuentra en el 50%. De ahí que algunos bancos ya hayan empezado a mostrar síntomas de asfixia.

Una de las entidades con problemas ha sido el New York Community Bancorp que ha asumido pérdidas de 185 millones de dólares en solo un par de préstamos, a la vez que provisionaba otros por valor de 500 millones. Sus problemas vienen causados en parte por haberse hecho cargo en la primavera pasada de uno de los bancos regionales quebrados. El que el haya reducido el pago de su dividendo en un 70% ha desatado la alarma.

A los problemas de ese banco hay que añadir los de la filial del banco japonés Aozora o los del Deutsche Bank por causa de sus préstamos en el sector inmobiliario de EEUU.

Aunque parezca que el sector bancario europeo está boyante, lo cierto es que la capitalización en Bolsa del conjunto de todos ellos ha descendido desde los 2,7 billones (trillion) de dólares de 2007 a los 1,4 billones en 2021 (según cifras del Foro Oficial de Instituciones Financieras y Monetarias).

Por el contrario, y a pesar de los problemas de su banca regional, la capitalización de los bancos de EE UU ha subido de 1,6 a 2,6 billones de dólares. La explicación de todo ello tiene que ver con variadas razones, que van desde una regulación más estricta hasta la incapacidad de la Unión Europea de conseguir un solo mercado de capitales único.

Y aquí entra, además, la aparición en tiempos buenos para los bancos (como son estos, en que los tipos de interés han estado subiendo y mejorando así su margen de intermediación) de los impuestos extraordinarios en países que van de España hasta Hungría y desde Italia a Lituania.

Para quien haya observado mínimamente lo que ha pasado en los últimos 15 años en los mercados financieros, se ha hecho evidente que cuando los tipos de interés bajan a cero, los bancos son un mal negocio y cuando suben, lo son bueno. Los ahorradores sufren, al igual que los bancos, en ese período de tipos cero, mientras los endeudados lo disfrutan. Y cuando suben los tipos de interés, sucede lo contrario. Es el vaivén propio del ciclo económico y financiero. Cuando les toca a los bancos ganar, lo que hay que exigirles es que se capitalicen bien para que cuando lleguen las malas no haya que rescatarlos. O, ¿es que alguien quiere que haya que rescatarlos, aquí o en América, de nuevo?

Juan Ignacio Crespo es estadístico del Estado y analista financiero

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