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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Generar envidia de las OPV garantizará que la ventana siga entreabierta

El éxito de Arm y el alza de precio de salida de Instacart son señales positivas para las salidas a Bolsa en general

Instacart
Eric Cohn, empleado de Instacart, en una tienda Safeway de Tucson (Arizona, EE UU), preparando un pedido, en abril de 2020.CHENEY ORR (REUTERS)

Las cautelosas estrategias de los aspirantes a la Bolsa podrían devolver a los inversores el miedo a perderse algo (FOMO, fear of missing out, en inglés). El éxito de Arm y el alza del objetivo de salida de Instacart son señales de que se está abriendo la ventana de las OPV. Generar cierta envidia ayudará a garantizar que se mantenga entreabierta.

La acción de la diseñadora de chips Arm cerró el jueves un 25% por encima de su precio de oferta de 51 dólares, lo que valora a la firma con sede en Reino Unido en 65.000 millones. Al día siguiente, Instacart, de entrega de comestibles a domicilio, elevó su precio de salida objetivo de 9.000 a 10.000 millones. La empresa de automatización de marketing Klaviyo hizo lo propio el lunes.

Se trata de señales decentes de que el mercado de OPV, inactivo desde hace tiempo, se está reactivando después de que las ofertas se desplomaran un 82% en 2022 respecto al año anterior. Sin duda, el éxito parece moderado comparado con los megaestrenos de la pandemia, cuando los inversores se lanzaban en tromba a por los nombres más sonados. La acción de Airbnb, por ejemplo, dobló con creces en su primer día de cotización en 2020 para cerrar con una valoración de más de 100.000 millones. Pero Arm se quedó a tiro de una referencia decente: para las 274 OPV de tecnológicas de EE UU de 2018-2021, el repunte promedio del primer día fue del 29%, según Renaissance Capital.

El enfoque relativamente cauteloso adoptado por los mecenas de Arm e Instacart ayuda. El jefe de SoftBank, Masayoshi Son, se negó a elevar el precio de la oferta de Arm, pese a la alta demanda, para garantizar un fuerte primer día. Instacart apostó por una valoración conservadora, e inversores clave como Sequoia Capital se habían comprometido a comprar 400 millones de su oferta, el 60% de la cantidad máxima que pretendía recaudar. Ambas empresas fijaron objetivos por debajo de sus últimas referencias privadas.

Esta reapertura de la ventana podría ser mejor que los largos periodos de barbecho que siguieron a anteriores crisis, al lanzarse empresas a un precio lo suficientemente bajo como para tentar a los inversores. En 2000, en plena euforia de la Bolsa, la rentabilidad media del primer día respecto al precio de oferta de 380 OPV fue del 56%, según datos recopilados por Jay Ritter, de la Universidad de Florida. En los tres años siguientes, la media de salidas a Bolsa fue un quinto de esas 380, y la rentabilidad descendió hasta el 9% en 2002. El patrón fue similar después de 2007.

La reactivación de la demanda promete un círculo virtuoso que puede impulsar la aparición de nuevas entradas, ya que los inversores temen perderse la rentabilidad de los grandes estrenos. El retorno posterior probablemente siga importando, y Arm ya ha retrocedido desde su máximo. Pero si todo se mantiene, la carrera por cotizar podría volver a empezar.

Apuntar bajo

El debut de Instacart consiste en apuntar bajo con la esperanza de disparar alto. Su acción comenzó a cotizar el lunes a 42 dólares por acción, un 40% más que el precio de la OPV, 30 dólares, tras haber salido al precio máximo del rango (luego ha caído a 32 dólares). Puede parecer descabellado en un mercado que lleva meses con escasez de OPV. Pero Instacart sigue teniendo una valoración conservadora en comparación con sus homólogas. Es una estrategia inteligente.

Los 14.000 millones de su precio de apertura siguen siendo menos que lo que valía hace dos años, 39.000 millones. Pero la empresa no disfruta ya del mismo frenético crecimiento que tuvo durante la pandemia. En 2020, el valor bruto de las transacciones (GTV), que representa el valor agregado de los pedidos antes de pagar a los conductores u otros gastos, se disparó más de un 300% interanual, una tasa que catapultó a Instacart por encima de sus pares DoorDash y Uber.

Aun así, la valoración actual parece en línea. Supongamos que el valor de las transacciones crece un 10% a finales de 2024 e Instacart genera 672 millones en ebitda ajustado, el 2% del GTV previsto. La empresa vale 40 dólares por acción sobre la base de un múltiplo de 17 veces el ebitda, menos que Uber y DoorDash. El precio actual está justo fuera del rango que fija Bernstein basándose en estimaciones conservadoras. Además, Instacart dice que su margen de GTV debería de ser el doble a más largo plazo.

Por otro lado, las empresas que salieron a Bolsa en 2020 y 2021 son menos rentables que Instacart, según Goldman Sachs, y solo algo más del 50% de ellas han registrado beneficios en su tercer año completo como cotizadas. Está por debajo del 71% de las que salieron entre 2001 y 2019.

Todo sugiere que Instacart está infravalorada, pero eso también tiene sentido. Las tecnológicas han caído en desgracia a medida que sube el coste del capital. Aunque parece que las alzas de tipos se mantendrán, el gasto de los consumidores de EE UU puede seguir bajo presión. Eso implica, en el mejor de los casos, que a los inversores les preocupa que las valoraciones de las tecnológicas no hayan tocado fondo. Es mejor prometer de menos, que incumplir.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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