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El foco
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El cambio climático marca la estrategia de las empresas

Las compañías que lo integren generarán nuevas oportunidades, nuevos segmentos y nuevas formas de crear valor

Cartel "Salvemos el planeta"
Cartel "Salvemos el planeta"Agencia Getty

Los eventos climáticos extremos que estamos viviendo: aumento de la temperatura, incendios descontrolados, borrascas que arrasan y variaciones en el nivel del mar; están afectando a nuestra vida personal y cada vez lo harán más a la profesional también. Cuando hablamos de cambio climático pensamos en descarbonización, sostenibilidad, transición energética, nuevas infraestructuras, electrificación del transporte, los edificios y las industrias, energías renovables, reforestación y economía circular. Todo ello impacta a nuestras empresas y las obliga a realizar cambios significativos, porque de ellos depende el valor que tendrán sus activos en las próximas décadas.

Los comités ejecutivos y los consejos de administración deben tomar cada vez decisiones más complejas relacionadas con el cambio climático. Para ello es importante que realicen un mapeo de temas clave y los clasifiquen en dos niveles: el estratégico y el operacional, evitando focalizarse únicamente en uno. Y para lograrlo es importante que sus miembros combinen sus conocimientos y experiencias como expertos en temas específicos, pero también como gestores que tienen una visión global ¿Por dónde empezar? ¿Cuáles son las preguntas a responder?

A nivel operativo, la logística está sufriendo mucho con el cambio climático; los costes han aumentado debido a la obligación de cumplir nuevas regulaciones; se han incrementado los precios de los seguros y, además, las preferencias de los consumidores han evolucionado hacia soluciones más sostenibles. Las infraestructuras de muchas empresas se han vuelto vulnerables a los cada vez más frecuentes huracanes, incendios e inundaciones. Hay zonas del planeta en las que ya no se puede operar a causa del calor o del exceso o la falta de agua. Y la prolongada sequía está generando largas esperas de hasta cerca de un mes en el canal de Panamá. Algunos países sufren riesgo vinculado a la subida del nivel del mar, como los Países Bajos o las islas en el sudeste asiático, que pueden convertirse en destinos menos atractivos para las inversiones. Algunas empresas, como las cerveceras, necesitan agua potable para poder producir y, ante la disminución de su capacidad de operar en determinadas zonas, se están viendo obligadas a realizar cambios estratégicos, como la relocalización de sus unidades productivas. Otras compañías sufren especialmente el incremento de los costes de la energía, imprescindible para mantener la temperatura de sus estructuras productivas; ejemplo de ello son los centros de procesamiento de datos, que necesitan operar con bajas temperaturas. Y el cambio en el mix energético y la descarbonización añade presión a esos costes. Todos estos problemas están retardando la producción y la prestación de servicios de muchas compañías.

Vemos, por tanto, que el impacto del cambio climático en las operaciones de muchas empresas les está llevando a replantear sus estrategias. Uno de los sectores que se verán especialmente afectados a largo plazo es el turístico. Muchas compañías del sector deben repensar su estrategia de localización, ya que en algunas regiones del planeta el calor va a ser tan intenso que los hoteles no podrán operar en verano. Se producirán mayores movimientos migratorios por la imposibilidad de trabajar con tan altas temperaturas y algunos países se convertirán en más atractivos que otros, lo que provocará cambios en su potencial de crecimiento a largo plazo. No es de extrañar que las fechas de vacaciones en nuestros calendarios acaben cambiando de mes tanto para los estudiantes como para sus familias. Si eso sucediera, entonces el posicionamiento turístico de cada país tendría que evolucionar y aparecerían nuevos líderes para la época de primavera y otoño. Empezar a pensar escenarios y saber posicionar a empresas y países para ganar en el largo plazo es la base del pensamiento estratégico.

Todos somos conscientes de que lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible es vital si queremos que nuestro planeta sobreviva, y para ello son necesarias nuevas regulaciones basadas en los acuerdos alcanzados por los países, pero también está claro que estas suponen un coste adicional para las empresas, que deben crear nuevos procesos productivos o readaptar los actuales, y no siempre es posible repercutir esos costes a los clientes. En esos casos, estos acabarán impactando en los resultados operativos.

La sociedad ha cambiado y los consumidores, especialmente las nuevas generaciones, cada vez son más sensibles a las políticas de reducción de emisiones y tienden a favorecer a aquellas empresas con prácticas sostenibles. Por tanto, hay mucho trabajo por hacer: analizar riesgos medioambientales, incorporar políticas de sostenibilidad en la toma de decisiones, adaptar infraestructuras para hacerlas más resilientes, cambiar el mix de producción de energía y estar atentos para entender cómo las expectativas de los reguladores, los clientes y los consumidores evolucionan. El cambio climático llevará a nuestras empresas a convertir sus estrategias en nuevas formas únicas de competir, por eso es clave diferenciar nuestra oferta basándonos en la sostenibilidad, innovar en nuestro portafolio de producto usando materiales sostenibles, cumplir las nuevas regulaciones, gestionar eficazmente los riesgos, optimizar los recursos y crear planes para conseguir mayor resiliencia en la cadena logística.

Aquellas compañías que integren el cambio climático en su pensamiento estratégico tendrán más posibilidades de ser exitosas en el largo plazo, generarán nuevas oportunidades de negocio, nuevos segmentos y nuevas formas de crear valor.

David Cabero es director general para Europa de Grupo BIC

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