Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Restringir en exceso el crédito no beneficia a nadie

Los últimos datos muestran que la contracción avanza en España mientras que en el resto de la eurozona resiste

Christine Lagarde
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en Colonia (Alemania), el pasado 16 de mayo.THILO SCHMUELGEN (REUTERS)

El fenómeno de la contracción del crédito que está experimentando la economía es consecuencia de dos variables: un retroceso de la demanda, motivado por el encarecimiento del precio del dinero, y una restricción en la oferta, fruto no solo del endurecimiento de la política monetaria, sino también de una mayor prudencia a la hora de gestionar el riesgo. Aunque se trata de una tendencia generalizada, su ritmo no es homogéneo en toda Europa. Los últimos datos del BCE muestran que la caída está siendo especialmente acusada en España, mientras el resto de la eurozona resiste a la tendencia. El crédito a los hogares españoles en el mes de abril retrocedió un 0,8% interanual, frente al crecimiento del 2,5% registrado en el conjunto de la zona euro, mientras que la financiación a las empresas cayó un 0,6%, cifra que contrasta con un crecimiento del 4,6% de media en la eurozona. En el caso de la financiación empresarial, es el primer retroceso interanual desde marzo de 2022.

El giro de la política monetaria europea iniciado el año pasado por el BCE, y las sucesivas alzas de los tipos de interés en que se ha traducido, puso fin de un día para otro a la era del crédito barato y de las facilidades de financiación, al tiempo que abría una etapa de más austeridad, mayores exigencias en términos de riesgo crediticio y condiciones contractuales bastante más severas. Este cambio, que se ha traducido en un progresivo cierre del grifo del crédito en las entidades financieras, no ha sido solo consecuencia de la política monetaria y de la incertidumbre económica, sino también de una normativa que obliga a la banca a gestionar el crédito de forma responsable, lo que implica realizar una evaluación en profundidad de la solvencia de los clientes para asegurarse de que podrán afrontar el pago de las cuotas a lo largo de la vida del préstamo.

A este escenario se ha sumado la crisis de la banca regional en EEUU y la caída de Credit Suisse en Europa, que han lanzado un mensaje inequívoco al sector, y que explican que el ritmo al que los bancos están endureciendo el crédito sea el más rápido desde la crisis de deuda soberana de 2011.

Pese a todos estos factores, el comportamiento del crédito en España está siendo más cauto de lo que a priori parecen exigir las condiciones tanto del mercado como de la propia economía. Aunque la banca debe gestionar su riesgo con prudencia, la salud de los balances y unos márgenes mucho más generosos que en los últimos años apuntan a una capacidad de maniobra con cierta holgura a la hora de conceder el crédito. Renunciar a ella en exceso puede contribuir a un progresivo deterioro de la economía que no favorece a nadie.

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