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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Tesla puede crecer en India si crea mercado, como ha hecho en China

Los coches eléctricos son ya un tercio de todos los que se venden en China, frente al 5% de hace cuatro años

'Gigafactoría' de Tesla en Shanghái.
'Gigafactoría' de Tesla en Shanghái.ALY SONG (REUTERS)

Elon Musk está calentando motores para plantar una gran bandera en India. Tesla se propone fabricar y vender vehículos allí. Eso podría tener sentido si la marca se convierte en creadora de mercado, como hizo en China.

Musk fijó su rumbo hacia India hace años. En 2021, obtuvo la aprobación para vender allí sus llamativos coches. Los aranceles de importación de hasta el 100% dificultaban el cálculo de la demanda, por lo que Tesla presionó para reducirlos, en vez de producir localmente. La idea era difícil de vender, dado el impulso del primer ministro Narendra Modi para que las multinacionales adoptaran el Make in India.

Apple ofrece una hoja de ruta alternativa. En abril, su CEO, Tim Cook, presidió la inauguración de sus dos primeras tiendas en Bombay y Delhi. La cálida relación de Apple con India se fomentó en las fábricas. Sus proveedores están elevando la producción nacional: los iPhone fueron más de la mitad de los 9.000 millones de dólares en smartphones exportados desde India en los once meses anteriores a febrero.

Apostar por una fábrica también podría funcionar para Musk, aunque justificar una instalación del tamaño de Tesla exige ventas frenéticas. Su planta de Shanghái tiene una capacidad anual de 750.000 coches; Wedbush Securities considera que 500.000 sería un tamaño viable para su instalación en India. Ni el mercado nacional ni las exportaciones de India parecen estar preparados para ello. Aunque las ventas de turismos alcanzaron casi 4 millones en el año acabado en marzo, menos del 2% eran eléctricos, y se trataba sobre todo de modelos más asequibles como el Nexon de Tata Motors. Las exportaciones de turismos, incluidas furgonetas y utilitarios, apenas alcanzaron las 660.000 en 2022.

Pero, con ayuda exterior, el mercado indio podría subir de marcha. Esa perspectiva puede animar a las autoridades a ofrecer incentivos adicionales. Cuando Tesla instaló una gigafactoría en China en 2019, su enorme escala hizo que surgieran cadenas de suministro para atenderla. Esas mismas cadenas han apoyado a marcas de cosecha propia como Nio y Xpeng: los eléctricos son ya un tercio de todas las ventas de automóviles, según Bernstein, frente al 5% de hace cuatro años. La escala de Tesla también ha hecho más económico exportar desde el país. Una fábrica no era una de las prioridades de Musk en su lista original de deseos para India, pero podría ser beneficiosa para ambos.

Piloto automático

Retratar a un CEO como una figura paterna es una forma de saber que hay una falta de supervisión juiciosa. Respaldar al consejo de una empresa pese a sus evidentes deficiencias es otra. Los accionistas de Tesla hicieron ambas cosas el martes: uno de ellos interpretó el papel del “hijo” del jefe Musk, un robot que está desarrollando la firma, y muchos otros volvieron a ignorar los reparos sobre los candidatos al consejo planteados por las empresas de asesoramiento de voto (proxy) ISS y Glass Lewis. La negligencia en materia de gobierno corporativo es preocupante.

Tras años de comportamiento errático, Musk está enarbolando nuevas banderas rojas. Declarar a la CNBC tras la junta de accionistas que dirá lo que quiera incluso “si la consecuencia de ello es perder dinero” debería ser motivo de gran preocupación. Es un momento vulnerable para este tipo de frases, cuando el mercado que Tesla ha creado en la práctica amenaza con superarla. Su acción se ha hundido un 60% desde noviembre de 2021, frente al 12% del S&P 500. El CEO, que ya estaba distraído con SpaceX y otras empresas, ha dedicado aún más tiempo a otros asuntos, como la compra de Twitter.

Esa carga, en teoría, debería de aliviarse al haber contratado una CEO. Musk ha dejado claro, empero, que seguirá involucrado. Su obsesión por Twitter ya es un lastre cada vez mayor. El lunes tuiteó que George Soros, que hace poco vendió su participación en Tesla, “quiere erosionar el tejido mismo de la civilización”. Forma parte de un patrón indulgente con la teoría de la conspiración que promete ahuyentar a posibles compradores e inversores de Tesla. Por si quedaba alguna duda sobre los problemas de Musk con Twitter: un tribunal ratificó el lunes un acuerdo de la SEC que obliga a a que un abogado filtre cualquier publicación de Musk sobre Tesla (al hilo de lo que dijo en 2018 sobre excluirla de Bolsa).

Un enfoque más deferente hacia Musk podría haber tenido sentido durante el meteórico ascenso de Tesla, cuando su mera existencia desafiaba las convenciones. A estas alturas, equivale a una negligencia autodestructiva por parte de los accionistas. Una demanda en California se suma a otras por prácticas laborales discriminatorias. El Departamento de Justicia ha iniciado una investigación sobre la autoproclamada capacidad de “autoconducción” de Tesla, que se ha visto implicada en accidentes mortales. Prestar atención a los consejos de ISS y Glass Lewis sería al menos un punto de partida, porque dejar la gobernanza en piloto automático también puede tener consecuencias peligrosas.

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