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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

¿Quién pagará los platos rotos bancarios?

El primer acto de esta crisis no ha sido provocado por el riesgo crediticio, como en 2008, sino por la falta de remuneración adecuada de los depósitos

Juan Ignacio Crespo
Un guardia de seguridad ante la sede de Silicon Valley Bank en Santa Clara (California).
Un guardia de seguridad ante la sede de Silicon Valley Bank en Santa Clara (California).BRITTANY HOSEA-SMALL (REUTERS)

Spoiler (revelación del secreto): los que tienen ahorro. De donde no hay no se puede sacar. Hace unos meses el presidente de los EE UU, Joe Biden, aconsejó en tono confidencial a los empresarios, que se quejaban de que no encontraban trabajadores que quisieran volver al tajo después de la pandemia, con un lapidario “Pay them more!”. O sea, ¡páguenles más!

Hoy es el día de hacerles a los bancos la recomendación de Biden. Los males de las últimas semanas provienen justamente de no haber aplicado a tiempo ese consejo presidencial, bien que no aplicado a los trabajadores, sino a los ahorradores.

Las decisiones políticas y económicas son siempre decisiones de transmisiones de rentas de unos sectores sociales a otros. Las de los bancos centrales también los son, por mucho que se intente alejarlos de la influencia política. La aprobación anualmente de los Presupuestos Generales del Estado y las decisiones sobre tipos de interés son pura y llanamente transferencias de rentas que benefician a unos y perjudican a otros: eso es gobernar.

Durante los últimos 15 años la transmisión de rentas provocada por los bancos centrales ha ido de ahorradores a endeudados. Los tipos de interés cero o negativos castigaban al ahorro acumulado y beneficiaban a quienes tenían cualquier tipo de deuda. En el caso de las familias, a quienes tenían una hipoteca que pagar.

También suponían una transferencia de rentas de personas de edad, con ahorro, hacia jóvenes que estaban comprando su primera vivienda o querían recurrir al crédito al consumo. ¿Quién habló de que no hay solidaridad intergeneracional, aunque sea forzada, como suele serlo habitualmente?

El año pasado se inició el proceso inverso: la transferencia de renta va de deudores a ahorradores. A pesar de que los bancos se hayan negado durante 12 meses a que esa transferencia inversa funcione: ¡se la querían quedar ellos! Esa negativa algo rapaz ya ha provocado la quiebra del Silicon Valley Bank y ha desencadenado un verdadero terremoto bancario en EE UU y Europa.

¿Por qué la transferencia es ahora de deudores a ahorradores? Por la subida de tipos de interés. ¿Y por qué los bancos la están frenando? Por su negativa a pagar los depósitos de manera acorde con las nuevas circunstancias.

Pero los ahorradores han espabilado después de esos 15 años de penituria de tipos de interés cero en que, o asumían el riesgo de invertir en Bolsa o se compraban un apartamento para alquilar, o no tenían salida. Y ese espabilar les ha llevado a tirar por la calle de en medio. Los ha llevado a hacer, en el caso de España, largas colas a la puerta de la sede del Banco de España en la calle de Alcalá (esquina a la plaza de la Cibeles) o a utilizar la banca electrónica para pasar sus saldos bancarios a letras del Tesoro. Es la diferencia entre tener retribuido su ahorro a tipo de interés cero u obtener una rentabilidad del 3%.

De modo que el primer acto del drama de la crisis bancaria que se está desarrollando ante nuestros ojos no ha sido provocado, como fue en 2008, por un problema de riesgo de crédito (eso vendrá en un acto posterior), sino por la falta de remuneración adecuada de los depósitos bancarios.

¿Ha sido un problema de maldad por parte de los bancos el no querer ceder a las exigencias del mercado monetario que exigía que pagaran tipos de interés más altos por los depósitos de sus clientes? No. Si los bancos no cedían a la presión de la subida de los tipos de interés no era por ninguna razón de tipo moral, era por dos razones fáciles de entender, además de la mencionada de ganar más dinero. La primera es que estaban sobrados de depósitos, tras la conducta manirrota de los Gobiernos durante la pandemia (hubo ahorro extra de tres billones de dólares en EE UU y de 140.000 millones de euros en España) y la segunda es que, con la curva de tipo de interés invertida, sería ruinoso para ellos que prestaran a tipo fijo a largo plazo y a la vez remuneraran los depósitos al tipo de interés de refinanciación del BCE.

La situación descrita ilustra muy bien por qué cuando la curva de tipos de interés se invierte las economías entran en recesión: los bancos frenan su actividad crediticia, pues su margen de intermediación se queda muy reducido o, incluso, se vuelve perdedor.

Y así, los impositores están huyendo de los bancos y los bancos intentando retenerlos ofreciéndoles fondos de inversión con objetivos no garantizados de rentabilidad. Eso está siendo dramático para los bancos regionales de EE UU pues se les fugan ya por dos vías: los productos más rentables y el abandono de los bancos pequeños para irse a los grandes.

Algo que se podría haber evitado con el “Pay them more!” del presidente Biden. ¡Páguenles más a los impositores! Pero es muy probable que esto no vaya a ser así y que los bancos centrales terminen bajando otra vez los tipos de interés, con lo que los pagadores de la crisis bancaria volverán a ser los mismos sufridos ahorradores de la anterior. Por no hablar de los contribuyentes en su conjunto, que también pagarán las ayudas (¡necesarias!) que tendrán que aportar los Estados de nuevo para la solución de la crisis. Y dando gracias, porque la alternativa de no hacerlo es peor.

Juan Ignacio Crespo es estadístico del Estado y analista financiero

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