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Mercados emergentes: la veta de rentabilidad para compensar la incertidumbre en los países desarrollados

La racha alcista en América Latina y Asia, con sus Bolsas ya en máximos, continúa este año. Las altas valoraciones exigen mayores beneficios, mientras los bonos se benefician del dólar a la baja

Imagen de archivo de la Bolsa de Bombay, en India.NurPhoto (NurPhoto via Getty Images)

La política y la economía avanzan a ritmos distintos, como ilustra el nuevo pacto comercial cerrado esta semana entre la UE y la India. Pese al clima de celebración en Nueva Delhi —con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, incluso exhibiendo su pasaporte indio, adquirido en 2017—, los operadores de la Bolsa india, en Mumbai, se han mostrado más sobrios. Desde el anuncio del acuerdo con su mayor socio comercial, que tardará al menos un año en aplicarse, las principales cotizadas del gigante asiático han avanzado solamente un 1%, según el índice de referencia (BSE Sensex).

Lo cierto es que esa aparente indiferencia esconde el vértigo de los máximos históricos alcanzados el año pasado. “Una recuperación sostenida de los beneficios será clave para justificar los niveles actuales”, advierte Nitin Chanduka, estratega de Bolsas emergentes en el servicio de Inteligencia de Bloomberg. Mientras no entra en vigor el pacto, a los inversores les queda contar con que la aceleración de la actividad en el país sostenga la valoración de sus cotizadas, en especial del importante sector bancario.

El dilema de la India, sobre cuánto puede revalorizarse aún su Bolsa tras los máximos, se extiende en 2026 a buena parte de los mercados emergentes, que agrupan a todas las economías fuera de EE UU, Europa Occidental y Japón. Como suele ocurrir cada cierto tiempo, la periferia aparece como un remanso de rentabilidad cuando la incertidumbre o unos múltiplos exigentes pesan sobre Wall Street.

En este caso, el caos geopolítico desatado por Donald Trump y su política de favorecer un dólar débil imponen estrategias de diversificación hacia los países en desarrollo, que también ofrecen oportunidades para apurar la fiebre por la inteligencia artificial. Tan solo en enero, las Bolsas en Brasil y Chile suben un 10%; en Corea, el doble. En los últimos 12 meses, las Bolsas emergentes se han revalorizado por encima del 40%, de acuerdo con el índice MSCI Emerging Markets, en su mayor racha alcista desde 2021.

Para muchos estrategas, aún queda recorrido, aunque de forma más selectiva. De hecho, las cotizaciones han alcanzado un nivel que según muestra lo sucedido desde 2003, y de acuerdo con datos de Bloomberg, suele ser la antesala de una corrección.

“Los títulos de los mercados emergentes siguen cotizando con un descuento considerable respecto a los de EE UU y otros mercados desarrollados, tanto en términos de beneficios como de valor contable”, defienden los estrategas de JP Morgan en sus perspectivas para la región en 2026. Según el consenso de los analistas, el beneficio por acción crecerá un 20% en dólares en los mercados emergentes los próximos 12 meses, al doble del compás esperado para los países desarrollados.

Por otro lado, el crecimiento económico debería desacelerarse en la mayoría de los mercados emergentes, según BNP Paribas, lo que previsiblemente pesará sobre sus Bolsas, especialmente en China, lastrada por el enfriamiento del consumo interno, y en América Latina: “Brasil, Colombia y México seguirán afrontando importantes limitaciones al crecimiento económico debido al deterioro de las finanzas públicas y a unos tipos de interés reales elevados”, señalan los del banco francés en su informe sobre la región.

Las tecnológicas disparan Asia

En la búsqueda de rentabilidad en mercados teñidos de riesgo, Corea del Sur continúa en la primera línea de los favoritos de los estrategas. El tigre asiático fue el líder de la Bolsa entre las grandes economías en 2025, con una ganancia del 70%, y vuelve a perfilarse como una opción sólida por el mismo motivo: su exposición al sector de la IA a través de Samsung y SK Hynix, que fabrican unos discos de memoria (RAM) necesaria para los modelos de lenguaje de inteligencia artificial. Otra alternativa es la Bolsa de Taiwán, aunque esté muy concentrada en su propia compañía insignia, el fabricante de chips TSMC.

“Corea y Taiwán son actores indispensables en la cadena de valor de la IA y ofrecen valoraciones más atractivas que sus homólogos estadounidenses”, hace hincapié Kévin Net, jefe del equipo de Asia de la gestora francesa La Financière de l’Échiquier. El consenso de los analistas otorga a las tecnológicas coreanas un potencial de revalorización superior al 10% y al gigante taiwanés, en torno al 25%.

A su vez, China también ofrece valoraciones atractivas en el sector tecnológico, pese a la debilidad de su mercado doméstico. Le favorece su rentabilidad —muy superior a la competencia estadounidense, como demostró la irrupción de DeepSeek en enero pasado—, apoyada en unos bajos costes de desarrollo y, sobre todo, de mantenimiento.

“China va muy por delante en términos de producción eléctrica, necesaria para traducir los avances tecnológicos que aporta la inteligencia artificial en ganancias reales de productividad”, afirmó la directora de Inversiones en Europa de Lombard Odier, Nannette Hechler-Fayd’herbe, en la presentación en Madrid de sus perspectivas el jueves pasado.

Los riesgos se arrastran en América Latina

Menos expuestas al sector tecnológico, los mercados en América Latina se beneficiaron el año pasado de las rachas alcistas del oro y del cobre, ambos en máximos históricos, respaldadas por la demanda de activos refugio y por la transición energética. Lo que el sector de materias primas da, también lo quita, y lo hace con mucha volatilidad. Pese al fuerte rally con que ha comenzado el año, el consenso de analistas prevé cierta corrección del oro y el cobre a lo largo de 2026, según refleja el índice de materias primas de Bloomberg.

Las Bolsas más sensibles al precio de las materias primas son las de Brasil, Perú y Colombia, específicamente los tres países que celebrarán elecciones presidenciales este año, otro factor de riesgo para la Bolsa. La victoria de un candidato más favorable a la inversión extranjera suele empujar esos mercados, como se ha producido en Chile desde noviembre pasado. A veces sí, la política y los mercados financieros avanzan al mismo ritmo.

El dólar bajo control

Si las materias primas y los cambios de Gobierno suelen marcar el paso de los mercados emergentes, quizá el factor más determinante sea el precio del dólar. En mínimos de cuatro años, la moneda estadounidense se enfrenta a un deterioro cada vez más rápido: tras caer un 13% frente al euro en los últimos doce meses, perdió el 1,5% solo esta semana. Ese desplome ha animado la racha de los emergentes, porque abarata la financiación de las compañías, contiene la inflación y estimula el consumo en esos países.

“El impulso a los mercados emergentes podría mantenerse, especialmente en un contexto de debilidad del dólar”, sentencian los estrategas de la gestora británica Edmond de Rothschild. En este sentido, paradójicamente Trump abre camino a los países en desarrollo. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente ha acosado al gobernador de la Reserva Federal —incluso con una investigación criminal— con el objetivo de recortar los tipos y así facilitar el acceso al crédito, lo que alastra la divisa estadounidense.

A pesar de que la entidad monetaria mantuvo intactos los tipos el miércoles pasado, el mercado ya prevé dos recortes este año. Patriotismo aparte, los propios inversores estadounidenses cuentan con ello: dos tercios de sus operaciones de opciones y futuros sobre la divisa son apuestas a la baja.

La deuda, cada vez más segura

La caída del dólar alivia las cuentas tanto de las empresas cotizadas como de los Gobiernos, que en los países emergentes suelen emitir deuda en el billete verde por la falta de credibilidad de sus divisas. Con mayor facilidad para pagar esa deuda, ganan la confianza de los inversores y aumenta la demanda de sus bonos. El resultado es que los precios suben y las rentabilidades, que se mueven en sentido inverso, caen y se acercan a las de la deuda soberana de los países desarrollados.

“Los diferenciales (entre la rentabilidad de los bonos de los emergentes y la de los desarrollados) comienzan el año en niveles relativamente ajustados, pero los retornos totales de los bonos emergentes siguen siendo razonablemente atractivos. Por ello, prevemos que 2026 sea un año en el que la mayor parte de las ganancias vendrá del cobro de intereses, y no de la apreciación del precio”, pondera Thomas Christiansen, director de renta fija emergente de UBP. Añade que una nueva caída del dólar sería un apoyo adicional a los más arriesgados bonos en moneda local, aunque no espera grandes ganancias con ello.

“Los rendimientos de la renta fija emergente continúan siendo atractivos y más de la mitad de bancos centrales de los mercados emergentes bajará tipos durante el año 2026, algo que favorece a esos bonos”, añaden desde la gestora andorrana Creand.

La deuda emergente, sin embargo, no sigue únicamente el paso de las divisas. En los últimos dos años, muchos Gobiernos han actuado con mayor responsabilidad fiscal. Redujeron sus déficits y ahora disfrutan de la confianza del mercado, como celebra Thomas Haugaard, gestor de carteras del equipo de bonos emergentes de Janus Henderson.

“Ya se ha hecho una buena parte de la consolidación fiscal que realmente se necesita en los mercados emergentes. El equilibrio fiscal es bastante razonable”, insiste Haugaard. El gestor subraya que, en la región, ha habido el doble de mejoras de calificación crediticia que rebajas en los últimos tres años.

“Eso dice mucho sobre hacia dónde se está moviendo la calidad crediticia”, sentencia el gestor, que cita como joyas ocultas a Costa Rica y Paraguay, cuyos bonos soberanos han alcanzado el grado de inversión en los últimos meses. A un inversor de renta fija emergente igual le toca bailar la polca.

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