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Un triunfo de Trump, bomba de relojería para el mercado de bonos

La receta económica del aspirante republicano a la Casa Blanca, de más aranceles y menos impuestos, augura más inflación justo cuando se vislumbra un ciclo de rebajas de tipos 

Donald Trump
El expresidente Donald Trump en un acto en Nashville, Tennessee.MARK HUMPHREY (EFE)
Nuria Salobral

La cuenta atrás para las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre ha comenzado y Donald Trump ya despunta como firme candidato republicano. También como serio aspirante a la Casa Blanca, un regreso que pondría al frente de la mayor economía del mundo a un volcánico magnate empresarial con cuatro causas penales abiertas–incluida su implicación en la insurrección y asalto al Capitolio en enero de 2021–, capaz de tensionar hasta el límite la convivencia en su país y de desequilibrar, aún más si cabe, el frágil juego de fuerzas de la política internacional. Trump puede ser una imprevisible bomba de relojería en lo político y también en lo económico. Su llegada al poder en noviembre de 2016 ya supuso un inesperado sobresalto para los mercados financieros, que rápidamente se repusieron de las pérdidas iniciales, y en los que el mandato de Trump dejó finalmente un jugoso balance de plusvalías.

La posibilidad de que logre en noviembre un nuevo mandato llega sin embargo en un momento económico muy distinto, pero para el que la receta económica que propone Trump sigue siendo la misma: menos impuestos y más aranceles. Un tándem que sin duda agravaría el mal de deuda pública y déficit que ya padece la economía de EE UU y que rescataría las tensiones inflacionistas en el momento menos oportuno, justo cuando se espera un ciclo de recortes de tipos que rebaje la presión que soportan hogares y empresas después de la subida del precio del dinero más intensa de los últimos 40 años.

Un hipotético retorno de Trump a la Casa Blanca ya ha puesto en alerta a algunos gestores y en el mercado financiero ya se da por hecho un aumento de la volatilidad en los meses previos a las elecciones presidenciales del próximo noviembre. El temor que ya circula en una parte del mercado es que pueda replicarse lo sucedido en noviembre de 2016, cuando los rendimientos de los bonos de EE UU se dispararon en las semanas posteriores a la victoria de Donald Trump. El bono a 10 años trepó desde el 1,8% poco antes de los comicios al 2,65% a mitad de diciembre, en lo que fue el ascenso más pronunciado en siete años. Por entonces la Fed estaba al inicio de un ciclo de subidas de tipos y solo había llevado a cabo un alza en el momento de las elecciones. Ahora, el banco central más influyente del mundo está en el punto opuesto. A punto de conseguir, por fin, atar en corto la inflación para empezar a bajar los tipos. Siempre y cuando no surjan sorpresas que impidan lo contrario.

Bonos reacción Trump Gráfico
Belén Trincado Aznar

Ecos de noviembre de 2016

En DWS esperan que, en caso de victoria de Trump, la distorsión en el mercado no sea como la de 2016. El efecto sorpresa sería menor y los mercados podrían probablemente haber descontado ese escenario antes, “lo que no quiere decir que no sea probable que los rendimientos de los bonos aumenten en general”. La gestora recuerda que Trump ha anunciado que impondrá un gravamen del 10% a los productos que importe EE UU y que mantendrá los recortes de impuestos que él mismo estableció en 2017 y que han contribuido a impulsar el crecimiento y los precios. Dos medidas que entrañan riesgo inflacionista y que “junto con las experiencias del primer mandato de Trump, en nuestra opinión, proporcionan argumentos suficientes para obtener mayores rendimientos en caso de su elección”, añaden en DWS.

Ese arancel del 10% para las exportaciones a Estados Unidos de todos los países es una de las medidas estrella del aún aspirante a candidato republicano a la Casa Blanca. Es un salto cuantitativo en su política proteccionista frente a lo que hizo a su llegada al poder en 2016, cuando comenzó estableciendo aranceles solo para China y para productos específicos como el acero. Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, recuerda que las políticas proteccionistas y los aranceles suelen generar inflación. Y advierte que “dada la importancia de Estados Unidos como locomotora del mundo, es posible un contagio de estos precios al alza. Esto sería muy grave, de producirse, en un momento en el que las inflaciones distan de estar contenidas y los tipos siguen altos”.

Orla Garvey, gestora senior de renta fija de Federated Hermes, coincide en que, suponiendo que Trump se ciña al guion de su último mandato, “podríamos esperar un aumento de los aranceles –con China y Europa aparentemente en su punto de mira–, recortes de impuestos y un mayor potencial de expansión fiscal”. Y apunta a una cuestión de fondo que ya arrastra la economía estadounidense, más allá de si se impondrán nuevos aranceles o no a las importaciones. “En el entorno actual de grandes déficits que necesitan ser financiados, esto significaría probablemente que los inversores exigirían más prima por plazo para respaldar la deuda estadounidense”, avisa.

“La situación del déficit estadounidense ya es grave”, según apunta el estratega de renta fija de J. Safra Sarasin Sustainable AM, Alex Rohner. La Congressional Budget Office (Oficina Presupuestaria del Gobierno), una suerte de Airef estadounidense, ya ha advertido que si no se modifican las políticas presupuestarias en los próximos años, la ratio de deuda sobre PIB de EE UU crecerá del 100% a casi el 120% en 2033.

Más déficit público

Los menores impuestos por los que aboga Trump auguran un mayor déficit presupuestario, una amenaza a la que tampoco sería ajeno Joe Biden en un nuevo mandato. “Si crece el déficit público de EE UU, puede haber más presión sobre los tipos de interés. Pero la situación de deterioro fiscal que se prevé para la economía estadounidense se espera tanto con Biden como con Trump”, puntualiza Ricard Murillo, economista de CaixaBank Research.

El fantasma del déficit persigue tanto a demócratas como a republicanos. Los primeros están bajo presión para evitar la caducidad de los subsidios ampliados del seguro de salud, que terminan en 2025. Y los republicanos afrontan el final de los recortes de impuestos de la era Trump, que también caducan a finales del próximo año.

Según cálculos de Generali Investments, un acuerdo que prorrogue permanentemente las prioridades fiscales de ambos partidos se traduciría en un aumento del déficit público estadounidense de al menos un billón de dólares hasta el año 2033. Las políticas demócratas podrían ampliar el déficit por el lado del gasto y las republicanas, por el de los ingresos. Eso sí, la preferencia de Trump por los aranceles puede ser un elemento diferenciador para el mercado de bonos. “Es probable que los demócratas sigan prefiriendo las subvenciones y la regulación, mientras que una administración republicana probablemente impondría más aranceles al resto del mundo, lo que elevaría la inflación”, concluye Paolo Zanghieri, economista senior en Generali AM.

En todo caso, y según puntualizan en CaixaBank Research, los gravámenes no solo tienen una variante inflacionista sino que pueden ser detonante de un menor crecimiento. “El aumento de los aranceles tendría un efecto inflacionista y también sería negativo para el crecimiento. En 2019, en plena guerra comercial durante el mandato de Trump, la Fed ya rebajó tipos en buena parte por esa tensión comercial”, explica Ricard Murillo.

La relación con Powell

El candidato que gane en las presidenciales de noviembre deberá nombrar un nuevo presidente de la Reserva Federal. El mandato de Jerome Powell finaliza en 2026 y Trump ya ha manifestado que, si llega al poder, no le renovaría en el cargo. Es más, le acusó de estar planeando recortes de los tipos de interés para favorecer la reelección de Biden, quien renovó a Powell para un segundo mandato. Pero la Reserva Federal difícilmente va a mantener una posición de neutralidad –en la que no tocar los tipos de interés en los meses previos a las elecciones para no favorecer ni perjudicar a ninguno de los candidatos–. Ya ha avanzado una senda de recortes de 75 puntos básicos a lo largo de este año, de modo que los mercados financieros, empresas y consumidores puedan anticipar esos recortes –avanzados incluso en exceso por parte de los inversores– y ajustar a ello sus decisiones. Durante su mandato, Trump ya presionó a Powell para que no subiera los tipos y, de ganar en noviembre, intentará presionar para que los baje, según advierte Alex Rohner. Un nuevo pulso por la independencia del banco central más influyente del mundo estaría asegurado.

De momento, la actual situación económica de Estados Unidos podría favorecer la reelección del actual presidente demócrata, en opinión de George Brown, economista de Schroders. “Biden tiene muchas razones para ser optimista sobre sus posibilidades de reelección. Además de la ventaja que supone su cargo actual, está supervisando una economía fuerte, un mercado laboral restrictivo y una inflación en desaceleración”, señala. Sin embargo, pese a esos elementos a su favor, el actual presidente sigue teniendo unos bajos índices de aprobación.

Aún está por concretarse de forma oficial la candidatura de Joe Biden a la Casa Blanca, aunque todo apunta a que volverá a medir sus fuerzas frente a Trump, en una contienda muy igualada y en un país cada vez más polarizado. El resultado de los comicios tendrá una indudable onda expansiva sobre la economía global y el orden, o desorden, mundial.

Ventajas para el inversor de un Congreso de EE UU dividido

Además del inquilino de la Casa Blanca, en las elecciones de noviembre también están en disputa los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 34 de los 100 escaños del Senado estadounidense. La verdadera victoria para el ganador de las presidenciales será tener también una mayoría en el poder legislativo que allane la puesta en práctica de sus programas electorales.

“Históricamente, una división mayoritaria en el Congreso tiende a ser lo mejor para los mercados. Probablemente porque esto requiere decisiones bipartidistas”, apunta Stefan Hofrichter, director de Economía y Estrategia Global de Allianz Global Investors. Así, en ese escenario no salen adelante las propuestas más extremas. Según explican desde Schroders, desde las elecciones presidenciales de 1948, la renta variable estadounidense ha registrado una rentabilidad media total del 14,3% cuando un presidente ha tenido que lidiar con un Congreso dividido, frente a un incremento más modesto del 13,0% con un gobierno unificado. Esta divergencia es aún mayor en función del partido: los presidentes demócratas han obtenido ganancias del 18,8% con un Congreso dividido, frente al 12,0% de sus homólogos republicanos.

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Sobre la firma

Nuria Salobral
Es jefa de la sección de Inversión en el fin de semana y redactora especializada en temas financieros y política monetaria. Trabaja en Cinco Días desde 2006, donde ha cubierto la quiebra de Lehman Brothers, el rescate a la banca española o las decisiones del BCE. Nacida en Madrid, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense.
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