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La defensa desembarca en la inversión sostenible

El 18% de los fondos responsables ya tiene exposición militar, según BofA Securities. El total de activos ESG supone 2,2 billones de dólares

Giro en los fondos sostenibles, invertir en armas o prepararse ante la guerra ya no es una línea roja. El año 2025 ha sido un ejercicio con claros y oscuros, por una parte, hasta noviembre habían salido de los productos de Bolsa sostenibles globales 96.000 millones de dólares (81.000 millones de euros), sin embargo, el total de activos bajo gestión subió hasta los 2,2 billones de dólares (1,8 billones de euros) gracias a las ganancias del mercado, resume BofA Securities.

La principal razón está en que, tras tres años de bajo rendimiento, los fondos de energía limpia se dispararon, con una rentabilidad media del 24%, y algunos superaron el 70%. “El repunte se vio impulsado por un alza récord de la capacidad renovable y la demanda de energía impulsada por la inteligencia artificial, liderada por las acciones de almacenamiento, energía solar y cadena de valor”, añaden.

La entidad aporta en su documento Inversión en transición. La gran rotación que no se puede ignorar, un dato de gran relevancia. Mientras que las participaciones en energías tradicionales se redujeron en un tercio, las asignaciones a defensa se multiplicaron por 2,5, “ya que la seguridad nacional entró en la agenda de la sostenibilidad”. “La defensa, durante mucho tiempo infraponderada, está ganando terreno gracias a los vientos favorables de la geopolítica: los activos gestionados sostenibles se han más que duplicado y el 18% de los fondos ahora tienen exposición”, remarcan.

Efectivamente, Jean-Louis Delhay, director de inversiones de Crédit Mutuel Asset Management, incluye defensa como uno de los cinco temas de inversión atractivos a medio y largo plazo. “Desde la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, el sector ha recuperado un fuerte impulso y ahora es ineludible”, cree, y añade que el compromiso de aplicar un alza histórica en los presupuestos militares de los miembros de la OTAN “está impulsando mecánicamente un alza significativa de la cartera de pedidos en toda la industria y refuerzan las perspectivas de un crecimiento sostenido a medio plazo de la actividad”.

Portocolom recordará 2025 como el año en que “la sostenibilidad dejó de ser una etiqueta amable”

Ante esta rotación, el debate en el sector ha protagonizado buena parte del año. Para Ana Guzmán, directora de inversiones de Portocolom AV, “2025 será recordado como el año en que la sostenibilidad dejó de ser una etiqueta amable para convertirse en un territorio de batalla político, ético y financiero”.

Y resalta cómo las grandes gestoras han levantado su veto histórico al sector de la defensa. “UBS abrió la puerta a fabricantes de armas en vehículos sostenibles. Allianz hizo lo propio, incorporando también actividades nucleares bajo ciertas condiciones. El argumento: sin seguridad no hay prosperidad. El problema es que cuando la seguridad se convierte en negocio, aparece la espiral perversa: más armas, más tensión, más guerra, más ingresos, más armas. Si el retorno depende del conflicto, ¿qué incentivo real existe para la paz?”, se pregunta Guzmán.

En su opinión, los Gobiernos deben proteger la seguridad colectiva, garantizar derechos y diplomacia, y evitar que el armamento se convierta en motor económico. “Los inversores, mientras tanto, debemos reflexionar acerca del tipo de mundo que estamos financiando, quién gana cuando hay guerra y qué perdemos cuando hay violencia. Invertir en defensa puede proteger fronteras. Pero la inversión sostenible debe proteger la dignidad humana”, sostiene.

UBS incluye fabricantes de vehículos militares, y Allianz, empresas nucleares

Por su parte, Rodrigo Pérez, socio responsable de finanzas sostenibles de Deloitte, considera que la entrada del sector defensa en el debate de debe leerse desde el realismo y la gestión de riesgos, no desde posiciones ideológicas. “La madurez alcanzada en la gestión de la sostenibilidad actualmente nos debe situar en responder no a la cuestión de si se financia o no, sino en qué condiciones, con qué controles, con qué claras exclusiones, qué estándares de gobernanza y cómo se gestionan los impactos sociales y de derechos humanos”, resume.

Es decir, “si el sector quiere acceder a capital sostenible, deberá soportarse con datos, gobernanza y un reforzado enfoque de riesgos de que su actividad es compatible con marcos sostenibles”, concluye Pérez.

La política marca sus diferencias

Comunicación. Los analistas de J. Safra Sarasin Sustainable AM (JSS SAM) observan un cambio notable en la forma en la que tanto compañías como inversores comunican sobre sostenibilidad, “especialmente en Estados Unidos, donde el ESG [criterios ambientales, sociales y de gobernanza por sus siglas en inglés] se ha vuelto más politizado. Algunas organizaciones han reducido la visibilidad pública del tema o se han retirado de iniciativas sectoriales, mientras mantienen internamente sus políticas y planes plurianuales”. Detrás del cambio de tono hay una reevaluación más profunda, ya que “los grupos de interés esperan más que declaraciones generales; exigen claridad, medición y consistencia”. Sin embargo, “aunque pueda parecer que el ESG está a la defensiva, consideramos que estamos entrando en una fase más madura y disciplinada”, resumen optimistas los expertos de la gestora.

Tendencias. Lloyd McAllister, responsable de inversión sostenible en Carmignac, admite que existe una diferencia significativa en las tendencias de inversión sostenible entre las distintas regiones. Sin embargo, hay un denominador común, “todas reconocen que las tendencias subyacentes en materia medioambiental, social y de gobernanza pueden influir en los fundamentos y las valoraciones”. En su opinión, esto se reconoce incluso en Estados Unidos, “donde la oposición política al ESG ha llamado la atención, pero solo se han aprobado 11 de las 106 regulaciones anti-ESG propuestas, y las resoluciones de los accionistas contra el ESG solo recibieron un 1,4% de apoyo en las juntas generales de accionistas de las empresas”, apunta.

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