La lluvia artificial es, hoy por hoy, poco efectiva y casi ineficaz

La siembra de nubes, el método más utilizado, arroja resultados “muy modestos”, según la Aemet

Electric cloud
Pablo Perdomo papemix@hotmail.com (Getty Images)

De octubre de 2022 a mayo de 2023 las precipitaciones en España han sido un 27% menos que en el mismo periodo del año anterior. La reserva hídrica española se encuentra al 50% de su capacidad, según datos oficiales, y el sufrimiento de los terrenos cultivados está siendo dramático. Aunque el mes de mayo está registrando lluvias paliativas, el problema de la sequía en territorio español está ahí. Y ante el mismo hay quien se pregunta: ¿no se puede modificar esta situación con tecnología?

Pues no es tan fácil. Los intentos por provocar la lluvia o por controlar sus efectos adversos, como el granizo o incluso nevadas intensas, se desarrollaron con más intensidad a partir de los años cincuenta del siglo pasado, pero “todavía, en pleno siglo XXI, los resultados son muy modestos y las incógnitas y dificultades se mantienen”, recoge un artículo reciente de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). La realidad, constatada teórica y empíricamente, es que la efectividad de los métodos para modificar las nubes y hacer que llueva está en cuestión.

Desde Ecologistas en Acción opinan que si las técnicas tuvieran eficacia, se emplearían mucho más

“En la actualidad, la técnica que se utiliza para tratar de incrementar la precipitación que ocurre naturalmente desde un sistema nuboso es la siembra de dicho sistema”, explica Juan Esteban Palenzuela, delegado de la Aemet en la Región de Murcia. La siembra de nubes consiste en introducir partículas microscópicas con propiedades higroscópicas (gran afinidad por el agua) o glaciogénicas (que permiten la formación de cristalitos microscópicos de hielo). Las partículas se envían desde tierra con cohetes o quemadores o desde el aire con avionetas. Lo que se pretende es aumentar las colisiones de dichas partículas. Además de intentar que llueva, se utiliza para suprimir o reducir el tamaño del granizo y disipar nieblas locales en vías con mucho tráfico o aeropuertos.

Sin embargo, “los incrementos en las cantidades, en ausencia de precipitación, son modestos y se quedan por lo general por debajo del 20% en aquellos experimentos y proyectos en los que se ha podido validar de forma objetiva y fehaciente. Es decir, estamos hablando de una subida de alrededor del 20% y de entre un 5% y un 10% del contenido total de agua que precipita una nube”, comenta el especialista de la Aemet. Palenzuela añade que, para llevar a cabo esta técnica, tiene que haber nubes proclives a producir lluvia, por lo que, ante una ausencia de las mismas o en situaciones de sequía, no hay siembra que valga. Por otra parte, las técnicas por precipitación son costosas y requieren de un diseño muy concreto y ajustado.

Sin evidencia

La baja eficacia en general de la provocación artificial de lluvia la corrobora el responsable de clima y energía de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz, quien asegura que “no hay evidencia de que la siembra atmosférica tenga resultados positivos; si la hubiera habido, estas técnicas se habrían utilizado mucho más”. Andaluz sí admite algo más de efectividad en la lucha contra el granizo.

El impacto medioambiental de los compuestos es casi nulo, pues se usan cantidades pequeñas

La misma Aemet concluye en su informe que “los resultados son difíciles de evaluar, ya que las situaciones meteorológicas tienen gran variabilidad”. Por todo ello, la introducción de sistemas de modificación artificial de las precipitaciones es casi nula en España en ámbitos públicos. La Aemet nunca ha participado en ningún proyecto. Y hace unos años, el Canal de Isabel II “valoró” un proyecto de estas características, pero fuentes del organismo afirman “que no llegó a desarrollarse”. Palenzuela declara que solo consta una red antigranizo de la Comunidad de Madrid, que mediante quemadores evita o reduce sus daños. En el ámbito privado no hay constancia ni datos del número de usuarios de estas técnicas. No obstante, existe un Reglamento de Dominio Público Hidráulico por el que se exige autorización administrativa para modificar el clima.

En cuanto al impacto medioambiental de la siembra de nubes, no hay de qué alarmarse en exceso. Las partículas utilizadas son compuestos como el yoduro de plata (Agl), el cloruro sódico o el hielo seco, “cuyo uso, no muy frecuente y en las bajas concentraciones utilizadas, se considera inocuo para el medio ambiente”, ratifica la Aemet. Algunos materiales, como el Agl, tienen alta toxicidad, pero las cantidades empleadas son muy reducidas.

Las estelas sospechosas

Conspiraciones. Las teorías conspirativas no son nuevas, pero en los últimos tiempos se difunden rápidamente gracias a las redes sociales. En este caso, hay una recurrente, ahora otra vez de moda, que consiste en afirmar que las manchas alargadas blancas que se ven en los cielos son chemtrails, es decir, estelas químicas o quimioestelas. Sus fines no están claros, pues se señala que son el producto de experimentos para manipular el cerebro del ser humano, intentos de cambios genéticos y hasta restos de fumigaciones químicas sobre las nubes para modificar el clima. La Aemet se decidió a publicar el pasado mes de abril una nota aclaratoria en su blog a propósito de estos bulos sobre las estelas blancas. “No se debe confundir la siembra de nubes con las estelas de condensación. Estas, que se forman bajo determinadas condiciones de temperatura y humedad al paso de los aviones, son bastantes frecuentes y fáciles de observar”, afirman en la agencia estatal, adscrita al Ministerio de Transición Ecológica. La siembra de nubes “tiene lugar en muy pocas ocasiones en que las condiciones son propicias y en muy pocos lugares. Además, en muchos casos se hace desde superficie, sin dejar ninguna estela de condensación en el cielo, sin intervención de ningún avión”, concluye la nota.
Experimento. En los Emiratos Árabes se están llevando a cabo experimentos para modificar las precipitaciones mediante drones que descargan electricidad sobre las nubes. Guillermo Valero, socio y director general de Airvant, empresa española dedicada a prestar diversos servi­cios con drones, considera que la utilización de estos aparatos para provocar lluvias “puede ser perfecta, ya que se requiere una gran precisión”. Pero no acaba de ver que se hagan descargas eléctricas, “aunque tendría que estudiarlo con más detenimiento”.

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