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Aprender a liderar

Las cualidades del liderazgo se trabajan y se aprenden. No se reducen al conocimiento del negocio y el entorno, sino que abarcan ese campo de las otras habilidades directivas

Para a Óscar F.S., un líder tranquilo.

Se aproxima un ciclo electoral largo (generales en España, primarias republicanas en Estados Unidos, parlamentarias en la Unión Europea y mucho más) y una de las ideas más repetidas es la necesidad de encontrar y afianzar liderazgos estables y reconocidos por el electorado. Entonces, habría que preguntarse en qué consiste la condición de líder y cuáles son las cualidades que desprende. Sobre esto conversamos en el seno de Spanish Public Policy Network con Ángel Gil-Ordoñez, director musical y profesor de la Georgetown University. De la conversación, extraigo cinco ideas fuerza que dibujan un perfil ideal del líder. Desde la experiencia de la música profesional, considero que cualquier mánager aprovechar estas enseñanzas.

Liderar significa entrega y generosidad. La responsabilidad emerge, precisamente, de haber llegado a una posición de poder y capacidad que puede orientarse hacia quienes ahora necesitan ayuda. El directivo que aspira al liderazgo influye en su organización de manera que prioriza decisiones y abraza la transformación que viene. Hay que aprender a empoderar a tu orquesta particular, que también incluye a los vulnerables, a los talentosos tímidos, a los inseguros. Porque toda complejidad se reduce a la idea de que la buena orquesta actúa en conjunto y el resultado es la suma de todos, no la brillantez puntual de un instrumento. El lema nacional de los Estados Unidos, “E pluribus unum”, es un excelente punto de partida.

La ejemplaridad. El líder llega el primero. Responde. Se ofrece. Asume la responsabilidad. Protege al vulnerable. Promueve una ética pública. Sin estas cualidades, es difícil idear un liderazgo sostenible. El jefe aprovecha cada oportunidad para descargar su responsabilidad en los errores de su equipo. El líder aprovecha el error para aprender y revisar los protocolos de actuación. Puede que el error no sea por acción directa del líder, pero su tarea incluye reducir la exposición al error. Ignorar los errores es lo contrario a la ejemplaridad. 

El estado de ánimo. La ira, la rabia o los celos son emociones que se transmiten a quienes te rodean. Un líder que tiene problemas consigo mismo no puede dirigir un equipo y no esperar, en contraprestación, el mismo trato. La persona conflictiva perjudica a la autoridad individual, sea el director de una orquesta, sea un directivo, pero también lastra el rendimiento del colectivo, la orquesta o la firma. Hay que gestionar estos conflictos para reducir su daño, porque será imposible desprenderse de ellos.

El líder es un contador de historias. El poder emana de la posición y la capacidad, pero el liderazgo se construye sobre la confianza. La expresividad de ojos y manos, la mirada serena y directa, así como el tono de voz constituyen las bases de la honestidad y la autenticidad del mensaje. La credibilidad con hechos, pero la reputación se gestiona a través de las percepciones. Otra responsabilidad brota de la narrativa del líder: la responsabilidad de educar a los equipos (y la sociedad) sobre los nuevos conocimientos, el entorno que nos rodea, los desafíos de la organización y las posibilidades de éxito y fracaso. El líder no es gurú que acierta con sus predicciones, sino un profesional del manejo de la incertidumbre radical.

El líder transmite la seguridad de estar rodeados de los mejores. Se puede contratar talento y personal especializado para una tarea concreta, delimitada. Pero los fichajes directivos no garantizan continuidad o alineación con los valores corporativos. Los mejores reciben educación ejecutiva, asumen responsabilidades y participan en las decisiones. Porque ahí concluye la tarea del líder: crear nuevos líderes en el seno de la organización.

En síntesis, las cualidades del liderazgo se trabajan y se aprenden. No se reducen al conocimiento del negocio y el entorno, sino que abarcan ese campo de las otras habilidades directivas que se necesitan. No será un camino sencillo, como aprendimos de los héroes de Joseph Campbell, pero será divertido.

@juanmanfredi

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