Objetivo: poner coto a la crisis del agua

La menor disponibilidad y calidad de los recursos hidrológicos amenaza con tener un impacto notorio sobre la economía y los sectores productivos clave

Abordar el gran desafío del agua es sin duda el gran reto al que nos enfrentamos, apenas unos días después de despedir el que ha sido uno de los años más cálidos y con una mayor escasez de precipitaciones en Europa en su conjunto.

Según datos aportados por la Comisión Europea y el Observatorio Europeo de la Sequía, el año 2022 ha sido un año de extremos, en el que se han registrado sequías, altas temperaturas, incendios forestales, inundaciones… Un año hidrológico que, en países como el nuestro, particularmente sensibles y expuestos a una fuerte tensión y estrés hídrico, podría resumirse en un afirmación tan paradójica y extraordinariamente preocupante como el agua, a secas.

El avance –imparable– de la crisis climática es, a buen seguro, el avance de una cada vez más notoria y acuciante crisis hídrica. Con olas de calor cada vez más frecuentes, prolongadas y manifiestamente sensibles, urge replantearse la forma en que nos relacionamos con el agua. La forma en que gestionamos el agua. El papel que ocupa el agua en las agendas social, política, empresarial y económica. Es tiempo de acción, de reflexionar, tomar conciencia (y concienciar), dialogar, aportar soluciones e innovar incansable y decididamente sobre el agua (a secas). Pensar que, a estas alturas, podemos seguir ignorando una crisis como la que se nos viene encima es, cuando menos, imprudente.

Obviar el derecho al agua en cantidad y calidad suficiente en este futuro que es hoy es algo que las generaciones más jóvenes no nos perdonarán jamás.La extensa y persistente sequía que ha afectado a varias partes del planeta, junto a las temperaturas récord registradas y que se han dejado a sentir con especial virulencia en la península, han provocado el incremento de los incendios forestales, que han alcanzado su punto álgido durante la temporada estival tanto en Europa, como en la región mediterránea y en diferentes puntos del noroeste de Estados Unidos.

España vive uno de sus peores períodos de sequía desde la década de los 90. Durante todo el verano, la sequía, la escasez hídrica, los incendios forestales, han sido noticia. Atrás dejamos el recuerdo y las consecuencias del que ha sido un año extremadamente seco y cálido.

Si seguimos ignorando el precipitado riesgo de una potencial crisis del agua, sin situar el recurso en el centro de acción social, política, empresarial y económica, estaremos obviando que el hídrico es un recurso vital limitado y potencialmente limitante para el desarrollo de las economías nacional y comunitaria.

La menor disponibilidad y calidad de agua tendrá un impacto notorio sobre la economía y sectores productivos clave, como el agrícola, el comercial, el industrial y turístico; así como en otros aspectos como la alimentación y los movimientos poblacionales. La tendencia es especialmente preocupante si consideramos que la menor disponibilidad de agua se producirá de forma simultánea a una mayor demanda derivada del incremento de población, el aumento de las temperaturas, y podría hacer que, según concluye el Gobierno en su informe, en España, en 2050, unos 27 millones de personas habiten zonas de nuestro país con escasez de recursos hídricos.

Asumir con amplitud de miras el desafío del agua determinará, en definitiva, la apremiante y urgente necesidad de un nuevo orden político y un nuevo marco normativo y de gestión, que será decisivo para afrontar un escenario con menor disponibilidad del recurso.

Abordar la dependencia del agua, apremia digitalización e innovación para tan magno desafío. Del mismo modo en que la planificación territorial resultará clave a la hora de abordar una tendencia que parece imparable y que obligará a repensar nuestro sistema productivo y nuestras pautas de consumo.

La necesidad de innovar en el agua y avanzar hacia un nuevo paradigma más consciente y sostenible, requiere innovación para superar el reto al que nos enfrentamos, si queremos mantener en términos similares al actual, nuestra cultura y estilo de vida.

Como presidente de este alianza multisectorial, miro al año 2023 con la esperanza de que seamos capaces de asumir que nos enfrentamos a un escenario complejo y preocupante, que requiere inversiones para el desarrollo de fuentes de energías y tecnologías renovables que abaraten y hagan sostenible la producción de fuentes de agua alternativas (desalinización y regeneración); para optimizar sensible y sosteniblemente los sistemas de regadío (consumidores del 70% del agua disponible). El futuro del agua requiere, asimismo, acometer un esfuerzo inversor sostenido en las infraestructuras del ciclo urbano del agua que garanticen la calidad, la sostenibilidad de los servicios y asumir los retos relacionados con el cambio climático o los más exigentes requerimientos regulatorios en materia de calidad del agua, potabilización, y reutilización.

Evitar profundizar en la crisis del agua, urge el –a estas alturas– inaplazable convenio y compromiso de todos los actores (públicos y privados) y el aporte de soluciones en un marco común de entendimiento, como propone la ONU en su ODS 17, Alianzas. El coste de no actuar es mucho más elevado que el coste de las inversiones que se plantean como necesarias.

Conocemos la hoja de ruta. Conocemos el desafío. Conocemos los riesgos. Conocemos las oportunidades. Y el coste de nuestra inacción.

Félix Parra es Presidente de la alianza StepbyWater