El hábito que más dinero cuesta a los partícipes de fondos

Suscribir fondos que han tenido resultados extraordinarios en situaciones extraordinarias es un riesgo. Y acabamos de cerrar un año extraordinario

Tan arriesgado es invertir despreciando totalmente lo improbable como invertir pensando que volverá a ocurrir algo poco probable. De la noche a la mañana uno de los hedge funds más grandes y rentables del mundo quebraba en agosto del 98. El mítico Long-Term Capital Management estaba gestionado por un prestigioso equipo de profesionales entre los que se encontraban dos premios Nobel que lo ganaron por sus modelos matemáticos de probabilidades, con los que se siguen valorando las opciones. El bajo riesgo de impago que estimaron para la deuda rusa les decidió a apostar en contra de este evento improbable, aunque posible. La audacia de la estrategia se podría tachar de osadía, no por la estimación de la probabilidad, sino por el nivel de apalancamiento de la apuesta. La analogía que usó Warren Buffett para cuestionar lo que hicieron estos admirados y adinerados señores es muy esclarecedora: “Aunque solo hubiese una bala entre diez mil, ¿quién apostaría su vida en una ruleta rusa por ganar dinero, teniéndolo ya?”.

Los hedge funds volvieron a atraer cuantiosas inversiones después del 99, pues la mayoría evitó la burbuja tecnológica. Pero en la siguiente etapa, y especialmente en la corrección de 2008, decepcionaron. Aunque el cine recrea en La gran apuesta americana la actuación del gestor que jugó en contra de los derivados de deuda que detonaron la caída en los mercados, lo cierto es que pocos fondos apalancados se salvaron. A esto se unió el gigantesco fraude de Madoff, que incluso llegó hasta España.

Muchos hedge funds se cerraron, los inversores perdieron el apetito por este tipo de vehículos y empezaron a demandar fondos más transparentes y regulados. Cuento esta historia porque la memoria es frágil y el hábito que más dinero suele costar a los inversores es la tendencia a suscribir fondos que han tenido resultados extraordinarios en situaciones extraordinarias. Y acabamos de cerrar un año extraordinario.

Leo en la web pública de Morningstar que un mixto español es uno de los diez fondos más visitados en 2022. Este ejemplo ilustra a la perfección la atracción que provoca una rentabilidad atractiva, que además se produce en mal momento de mercado. Este fondo ha acabado con una rentabilidad del 75% en 2022. El fondo cayó en años buenos de mercado como 2017 o 2019. Tras más de tres años sin revalorización, mientras los mercados acumulaban ganancias, durante 2020 tuvo reembolsos todos los meses. En 2021 subió más del 30% cuando la mayoría de los mixtos de nombre similar subían la mitad. Como el resto lo hacía bastante bien, aunque no fuese tan bien, pocos se fijaron en él.

Al inicio del verano pasado, con todos los mercados y casi todos los fondos en pérdidas, este fondo rentaba más del 40%. Los medios de comunicación españoles le dedicaron un espacio al destacar ostensiblemente entre el resto. El fondo recibió en junio, agosto y septiembre los mayores flujos de inversión desde su lanzamiento. La rentabilidad anualizada a diez años del fondo es superior al 15%, la del inversor medio, que no aparece en la web pública de Morningstar pero sí en la plataforma profesional, es del 10%. Aunque estén por detrás de lo que obtiene el fondo, apuesto a que la mayoría de los partícipes actualmente están contentos. Por el momento se mantiene cerca de sus máximos de septiembre.

El lector ya habrá deducido que el fondo no es un mixto tradicional, de ahí que esté clasificado en otros por Morningstar. Entre otras diferencias tiene más del doble de volatilidad y supera la de muchos fondos de renta variable. Pero la principal característica es su falta de correlación con los mercados cotizados, como los fondos de gestión alternativa Ucits (herederos de los hedge funds).

Donde se produce mayor diferencia entre la rentabilidad del fondo y la del inversor es en fondos sin correlación con el mercado, que se suscriben de forma masiva después de un comportamiento relativamente excepcional y donde el inversor destina una cantidad de dinero que le importa lo suficiente como para reembolsar cuando la estrategia del fondo, que muchas veces no entiende, comienza a ir relativamente mal.

Uno de los casos con rentabilidad mucho más negativa para el inversor medio que la del fondo es el Jupiter Merian Global Equity Absolute Return. Aspira a ganar dinero en cualquier entorno de mercado y, por sus estrategias, se comporta de forma diferente al mercado. Quizás lo recuerden como Old Mutual… nombre que tenía cuando fue superventas. En 2022 el fondo ha logrado un +7,5%, después de un +17% en 2021. Pero no mantiene ni el 10% de los 16.000 millones de patrimonio que llegó a tener. Perdió un 4% en 2018, cuando se esperaba que lo hiciera bien (la falta de correlación no implica que un fondo lo tenga que hacer bien cuando el mercado va mal, pero el inversor medio da por supuesto que así será). En 2019 perdió un 15% cuando el mercado lo ganaba y los inversores reembolsan masivamente. Al equipo gestor supongo que le presionarán, primero cambian el nombre y luego la propiedad de la gestora. Una historia más habitual que excepcional.

Antes de comprar este tipo de fondos el inversor debería reflexionar cuánto será capaz de aguantar si lo hacen mal cuando el mercado vuelve a hacerlo bien. Y pensar cuánto deberá confiar en un gestor o estrategia particular, porque incluso los más iluminados pueden fallar.

Marta Díaz-Bajo es directora de soluciones de inversión de Atl Capital