Europa pone en cuarentena la etiqueta verde del 80% de fondos de inversión sostenibles

Han salido 80.000 millones de la categoría más estricta

Una planta solar flotante, en Alemania.
Una planta solar flotante, en Alemania.

Año convulso para los fondos de inversión sostenible. La última propuesta normativa redactada por ESMA, el regulador europeo de los mercados, es tan exigente que más del 80% de los fondos que se están comercializando como verdes perderían esa etiqueta.

La Unión Europea ha sido hasta ahora la punta de lanza para la generalización de los fondos que tienen en cuenta criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés) para sus decisiones de inversión.

El reglamento sobre divulgación de información financiera, que entró en vigor el año pasado, clasificaba los fondos sostenibles en dos categorías. Los fondos artículo 9 eran los más puros, y tenían que acreditar que persiguen un objetivo ESG concreto. Mientras que los fondos artículo 8 era los llamados verde claro, y podían utilizar esta etiqueta sostenible tan solo con declarar un objetivo genérico sobre ESG.

Ante el temor de posibles demandas por ecopostureo (tratar de pasar como fondos verdes los que no lo son), muchas grandes gestoras de activos comenzaron hace un mes a rebajar la calificación de sus fondos sostenibles, de artículo 9 a artículo 8. En solo unas semanas cerca de 80.000 millones de euros han cambiado su etiquetado. Pero tal vez no sea suficiente.

La Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés) ha elaborado un borrador sobre qué requisitos deben tener los fondos sostenibles y los fondos de impacto. Entre otras cosas, pide que estos productos inviertan entre el 50% y el 80% de su cartera en activos que puedan ser considerados sostenibles.

Con este nivel de exigencia, tan solo el 18% de los fondos que actualmente tienen la categoría de articulo 8 podrían mantener esta etiqueta sostenible, de acuerdo con los cálculos de la firma Morningstar.

Hasta ahora, para poder hacer gala de esta distinción, bastaba con demostrar, por ejemplo, que la cartera del fondo era más sostenible que el índice comparable. Lo que no impedía que invirtiera en compañías petrolíferas o en industrias muy contaminantes.

Matt Townsend, socio del despacho Allen & Overy en Londres, explicaba ayer a Bloomberg que “empieza a ver un baño de realidad entre las gestoras de activos, que se están dando cuenta de que no pueden poner la etiqueta ESG tan alegremente”.

En teoría, la borrador que está promoviendo ESMA y que estará en consulta hasta febrero de 2023, es una regulación paralela al reglamento europeo que dio lugar a los fondos artículo 8 y artículo 9. Pero, de acuerdo con la mayoría de los juristas consultados, sería muy difícil que un fondo artículo 8 no cumpliera con la recomendación del supervisor europeo sobre inversión sostenible.

Estos problemas regulatorios se suman a la propia coyuntura del mercado. Si en 2020 o 2021 los fondos sostenibles dispararon su rentabilidad (en parte por la interés en las energías renovables y por el buen momento en Bolsa de las compañías tecnológicas, que tienen un nivel de contaminación relativamente bajo), durante el presente ejercicio las tornas han cambiado.

La guerra de Ucrania y la fuerte subida de los precios energéticos han hecho que muchos empiecen a replantearse si los objetivos de transición energética no deberían ser pausados temporalmente. De hecho, en Reino Unido hasta se ha aprobado una nueva mina de carbón, lo que no se veía en 30 años. Además, las tecnológicas han vivido un año nefasto en Bolsa, lo que ha dañado muchos fondos.

Noruega también será más exigente

El fondo de las pensiones de Noruega (el mayor fondo soberano del planeta, con una cartera valorada en 1,3 billones de euros) adoptará una postura más firme contra las empresas que no que no cumplan las expectativas de los inversores.

El fondo presionará para que las empresas presenten sus expectativas en materia de cambio climático y derechos humanos en un plan estratégico. Además, utilizará el voto de forma más activa en las juntas de accionistas para exigir responsabilidades a los consejos de administración.

El fondo va a presentar más propuestas en la próxima temporada de votaciones. Es la primera vez en 10 años que el fondo soberano de Noruega presenta iniciativas individuales en las juntas de accionistas de las empresas en las que participa.

El fondo noruego, también llamado “el fondo del petróleo” porque se nutre de los ingresos petroleros del país escandinavo, centrará sus propuestas en el clima, la diversidad de los consejos y la remuneración de los ejecutivos, sobre todo en Estados Unidos “donde la avaricia alcanzado niveles insalubres”, según explicó en una entrevista Nicolai Tangen, consejero delegado del fondo.

El fondo noruego es el mayor propietario del mundo de empresas que cotizan en Bolsa. El vehículo soberano exigirá a las compañías en las que invierte que alcancen cero emisiones netas en 2050 a más tardar, según anunció en septiembre.

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