Distribución

Telepizza lanza un SOS a sus bonistas y encarga a Houlihan Lokey reestructurar su deuda

La compañía sondea renegociar sus 350 millones en bonos, de los 400 millones del total de deuda

Bono Telepizza pulsa en la foto

Telepizza afronta un nuevo match ball financiero. Tras el apoyo de la banca y los accionistas, capitaneados por KKR, en 2020, la cadena de comida rápida vuelve a llamar a la puerta de sus bonistas para solicitar más dinero. Según indican fuentes financieras, la compañía ha contratado al banco de inversión Houlihan Lokey para reestructurar su deuda y recibir una nueva inyección de liquidez con la que capear la crisis.

Telepizza, ahora renombrada como Food Delivery Brands, está en manos del gigante de private equity KKR. Lanzó una opa sobre la compañía en 2018, junto a los fondos Artá, Torreal, Altamar y J Safra Group que valoró la compañía española en 604 millones. Para financiar la adquisición emitió bonos por 335 millones, que vencen en 2026 y pagan un cupón del 6,25%.

Los problemas de KKR con Telepizza no han cesado desde que se hizo con la compañía. Primero, durante la opa, por la oposición de un grupo de fondos activistas que intentó frustrar la operación y forzar una subida de precio. Poco después, ante la eclosión del Covid-19, que obligó a cerrar sus establecimientos, la compañía se vio forzada a solicitar oxígeno financiero. Recibió 40 millones de la banca, en un préstamo ICO coordinado por el Banco Santander, y otros 42 millones de los accionistas. El endeudamiento se situó, a cierre de junio, en 7,4 veces el ebitda.

Pero este dinero ya se ha acabado. La compañía –penalizada por las subidas de tipos y el incremento en el precio de las materias primas– debe acudir de nuevo a la banca y a los bonistas para pedir más efectivo. Ha contratado a Houlihan Lokey para negociar con las partes una reestructuración de su pasivo. Los bonistas aún no han elegido asesor para la negociación, si bien en 2020 se encomendaron a Rothschild y a PJT Partners. Según indican las fuentes consultadas, el proceso aún se sitúa en una fase inicial y se prevé que se demore durante los próximos meses.

La compañía, a cierre del primer semestre, contaba con 400 millones de deuda financiera neta y 36,4 millones en caja. El grueso de la deuda lo integran los 335 millones en bonos. Mantiene 39,2 millones de préstamo ICO, si bien ha reducido hasta 3,8 millones el crédito inyectado por los accionistas. Y otros 10 millones de factoring y 2,5 millones en créditos bilaterales.

Presión del mercado

Los inversores ya han puesto en precio una reestructuración del pasivo. La rentabilidad se ha disparado hasta el 17%, en línea con el incremento del coste de financiación a las empresas con bono basura tras las subidas de tipos. El precio, que discurre de manera inversamente proporcional, acumula pérdidas de entorno al 30%. La compañía ha declinado hacer comentarios a este periódico.

En su último informe financiero, Food Delivery Brands admitía que el foco de la empresa estaba en preservar la liquidez por encima de incrementar el ritmo de aperturas. La banca obligó a la compañía a mantener un nivel mínimo de liquidez para realizar la última inyección de dinero. En este año aún debe pagar el interés de la deuda.

En la primera mitad del año, las ventas alcanzaron los 620 millones y el ebitda, 16 millones. La empresa publicará hoy sus cuentas hasta septiembre.

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