El tope al gas de la UE es una señal indirecta para reducir la demanda

Es tan alto que es posible que nunca se active, pero puede ser beneficioso si el precio evita los picos estando elevado

Barómetro en un almacén de gas natural de Storengy en Saint-Illiers-la-Ville (Francia).
Barómetro en un almacén de gas natural de Storengy en Saint-Illiers-la-Ville (Francia). reuters

El nuevo plan europeo para poner un tope al precio del gas parece una hoja de parra. Tras meses de acalorados debates, la Comisión Europea propuso el martes fijar un freno de emergencia en 275 euros por megavatio hora. El límite es tan alto que es posible que nunca se active. Pero puede fomentar indirectamente un uso más eficiente de la energía.

El tope propuesto por la Comisión se aplicaría a partir de enero al gas que se entregue un mes después en el Mecanismo de Transferencia de Títulos, la referencia de facto para los precios europeos del gas. Pero solo entraría en vigor si los precios se mantuvieran por encima de la marca de 275 euros durante dos semanas y, además, se mantuvieran durante 10 días al menos 58 euros por encima de un precio de referencia para el gas natural licuado (GNL) que la Comisión aún debe crear.

Cumplir todas las condiciones parece una tarea difícil. Desde octubre de 2021, los precios europeos del gas han sido excepcionalmente altos, cotizando muy por encima de la media mensual histórica anterior a 2021, de 32 euros por MWh, según un experto en energía. Sin embargo, en términos diarios, solo superaron los 275 euros por MWh durante cuatro días en agosto, cuando los países de la UE se apresuraron a llenar los almacenes en plena disminución del suministro de gas ruso. La referencia clave se negocia actualmente a solo 123 euros por MWh.

Al ser tan alto, es poco probable que el tope desvíe los valiosos flujos de GNL hacia las grandes economías asiáticas. En caso de que se produzca una contracción de la oferta, deja suficiente margen para que los precios del gas europeo suban por encima de los ofrecidos en Asia, que históricamente tampoco han subido mucho, y así mantener el atractivo de Europa para los vendedores. Eso debería de complacer a países como Alemania y Países Bajos, que se han opuesto a la introducción de un límite por temor a que se distorsionen los flujos del mercado.

Sin embargo, la propuesta puede decepcionar a Italia, Grecia y Polonia, que habían buscado un techo mucho más bajo para frenar el coste de la energía. El mecanismo propuesto no reducirá mágicamente los precios del gas. Pero puede tener un efecto beneficioso. Si los precios evitan los peores picos manteniéndose relativamente altos, los Gobiernos y las empresas europeas se verán empujados a ahorrar energía para ahorrar dinero, frenando así la demanda, lo que a su vez hace bajar los precios. Danone, que se comprometió el día 17 a ser un 30% más eficiente en su uso de la energía para 2025, ya lo está haciendo.

Los precios del gas en Europa pueden seguir subiendo en los próximos meses si Rusia restringe aún más el suministro, como advirtió que podría hacer el miércoles. Pero, en última instancia, el principal papel del tope de gas de la UE es ser una señal indirecta para frenar la demanda de energía.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías