El sueño idealista del fundador de FTX acaba en pesadilla

Un agujero de 8.000 millones de dólares por invertir en activos de riesgo hace quebrar a la casa de cambio de Sam Bankman-Fried

Sam Bankman-Fried, fundador de FTX.
Sam Bankman-Fried, fundador de FTX.

Fulgor y caída en solo tres años. Samuel Bankman-Fried (Stanford, California, EE UU, 1992), fundador de FTX, personifica la fragilidad de las criptodivisas, y de su falta de control, y de autocontrol: la casa de cambio, o más bien banco, que ha ido salvando a otras tras sus respectivas quiebras, es la última víctima de la huida en masa de los inversores.

FTX, que además de operaciones con criptos ofrece servicios de inversiones, préstamos y depósitos, llegó a valer 32.000 millones de dólares. Ahora tiene un agujero de 8.000 millones y necesitaría al menos 4.000 millones para mantenerse solvente. Según el Wall Street Journal, el problema se debe sobre todo a un préstamo de 10.000 millones a Alameda Research, su empresa de trading, para colocar en inversiones de riesgo. FTX contaba con 16.000 millones de sus clientes, así que puso en riesgo más de la mitad de los depósitos.

Es un final dramático para las aspiraciones nominalmente altruistas de Bankman-Fried, conocido por sus iniciales SBF. Pero empecemos por el principio. Nació en el campus de la Universidad Stanford (California), en una familia judía, de clase media alta. Tanto Barbara Fried como Joseph Bankman son profesores de Derecho. Desde joven mostró un gran talento para las matemáticas, y estudió Física y Matemáticas en el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Boston.

Su primer trabajo fue en la empresa de trading Jane Street, de Nueva York, que opera con ETF internacionales. Primero como becario de verano, luego a tiempo completo, tras graduarse. Desde el principio se interesó por la filantropía, y trabajar en Wall Street le permitía donar una buena parte de su sueldo.

En 2017, se pasó directamente al sector de la caridad, en Berkeley (California), aceptando un trabajo como director de desarrollo en el Centre for Effective Altruism (Centro para el Altruismo Eficaz), una organización sin ánimo de lucro que promueve las donaciones de alto impacto.

En paralelo, empezó a conocer las criptomonedas, y practicó el arbitraje con ellas entre la Bolsa de Nueva York y la de Tokio. Su interés era puramente financiero: reconoce que no tenía ni idea de lo que era el blockchain. Trabajaba por el día y operaba por su cuenta por la noche; movía 25 millones por sesión. A las pocas semanas, dejó la ONG. Ya ganaba millones, y fundó Alameda Research. Año y medio después, en 2019, nació FTX, justo cuando iba a comenzar la gran fiebre de las criptos. Entre los mecenas de la firma están BlackRock y varios fondos de pensiones públicos.

Vida personal

Vivió un tiempo en Hong Kong, pero al prohibir China las criptos, se mudó a un complejo de lujo de Nassau, capital de las Bahamas, donde vive con otro cofundador de FTX, al que conoció en un campamento de matemáticas, y varios excompañeros de piso de MIT. El equipo de FTX sigue siendo pequeño, y está muy unido, contaba SBF al Financial Times en mayo. En Bahamas pretendía construir una sede para 1.000 empleados.

Tiene poca vida social, es vegano y abstemio (odia el sabor del alcohol), y le encanta el videojuego ­League of Legends; FTX ha invertido en la organización de e-Sports TSM. Ha llegado a tener una fortuna de 26.000 millones de dólares. Aunque ha donado puntualmente a políticos republicanos, como Mitt Romney, excandidato a presidente de EE UU, suele hacerlo a los demócratas. Para las elecciones de 2020, fue el segundo mayor donante particular de la campaña de Joe Biden, con 5,2 millones de dólares, solo por detrás de Michael Bloomberg. En los eventos que organiza (para lo cual hace el esfuerzo de socializar) ha participado gente como Bill Clinton, Tony Blair, la cantante Katy Perry o el jugador de fútbol americano Tom Brady.

Asegura que sus donaciones no pretenden influir en la legislación de las criptos. Y reconoce que prefiere que se ocupe de ella la Comisión de Trading de Futuros de Materias Primas, que tiene fama de ser más flexible que la SEC, la Comisión de Valores. Cree que las barreras regulatorias dificultan la competencia con los bancos tradicionales.

Frente a las críticas al carácter especulativo de las criptos, afirmaba en mayo que la mayor parte del mercado de las criptos está bien fundamentado, pero que salvo 50 o 100 monedas, o tokens, el resto de las existentes (un millar) son fútiles. Defiende que esta industria puede hacer rica a la gente común, y que él mismo dona, y donará, la mayor parte de lo que gane con ellas. Enmarca su actividad en el altruismo eficaz, inspirado en el utilitarismo, y que busca las formas más eficientes de ayudar a los demás. Entre las causas que apoya están la lucha contra el calentamiento global y la prevención de enfermedades. Sobre si su nivel de vida (como viajar en avión privado) es compatible con este deseo de ayudar a los demás, responde que su consumo personal es solo el 1% de lo que gana, por lo que no le preocupa.

Crisis

FTX es la séptima mayor casa de cambio de criptos del mundo. En mayo adquirió el 7,6% de Robinhood Markets, el bróker protagonista de los ataques antibajistas de las acciones meme. En septiembre se supo que Bankman-Fried ofreció hasta 5.000 millones a Elon Musk para comprar Twitter.

La crisis se precipitó el domingo al recibir FTX peticiones masivas de retiradas de fondos, por 5.000 millones. SBF pidió ayuda a sus inversores y a la principal casa de cambio del mundo, Binance, con cuyo fundador, Changpeng Zhao, había rivalizado en público. Pero el agujero era tan grande que Binance renunció a salvarla. De hecho, FTX había acudido al rescate de otras plataformas más pequeñas con problemas. El sueño de Bankman-Fried ha acabado en pesadilla.

El futuro

El blockchain, dice Sam Bankman-Fried, abaratará y acelerará las transacciones financieras; en un anuncio en la Super Bowl de fútbol americano, FTX lo comparó con la invención de la rueda o la bombilla.

En cambio, es escéptico en torno a que el bitcóin se vaya a usar de forma cotidiana, igual que tampoco se paga con lingotes de oro, explica.