La decisión más difícil, jubilarse a tiempo

Paolo Vasile y Gerard Piqué son ejemplos de que las retiradas puede ser victorias. Pero hay que estudiar cuándo, por qué y de qué modo irse

Dos retiradas han marcado la actualidad de las últimas semanas. Por un lado, Paolo Vasile como consejero delegado de Mediaset España tras veintitrés años en el cargo, y la pasada semana, Gerard Piqué, que jugó recientemente su último partido con la camiseta del Barça después de ser campeón mundial y de Europa con la selección. Tanto uno como otro han desempeñado en sus empresas un papel decisivo, Vasile convirtiendo a Telecinco en la cadena de mayor audiencia en España durante trece años con éxitos tan sonados como los programas Gran hermano y Supervivientes, y Piqué con cuatro Champions League, ocho Ligas, siete Copas del Rey entre otros. Pero ¿qué los ha llevado a tomar esa decisión?

Hace ya cierto tiempo, en un bar en Milán un camarero me contó que se iba a jubilar porque ese año su edad, sesenta y tres, y sus años trabajados, treinta y siete, sumaban cien. Cuando eso ocurre, me decía, es el momento idóneo para pasar a otra cosa. Sin embargo, las matemáticas no funcionan siempre. Muchas veces la salida viene marcada por un feeling, una sensación de fin de ciclo, de querer pasar página. El principal síntoma es la falta de motivación que se percibe los lunes por la mañana o cuando uno se levanta. Retirarse de una posición para dejar paso a nuevas generaciones es una decisión para la que hay que prepararse en lo personal y en lo profesional, tanto si ello significa la jubilación como si se trata de un paso a otro ciclo. Y el cambio requiere de planificación para salvaguardar los intereses de tres grupos bien diferenciados: uno mismo, el equipo y la empresa.

Pensar en uno mismo es más difícil de lo que parece y necesita un largo trabajo preparatorio basado en el autoconocimiento. Hay personas que por ser muy activas no deberían jubilarse nunca, ya que necesitan llenar su día con acciones y actividades, y quedarse en casa o salir a jugar al golf para ellos no es una solución. Un análisis introspectivo sobre el propio carácter, la forma de vivir y las principales motivaciones de una persona es imprescindible. Hay quienes buscan nuevas actividades después de una larga vida laboral con el objeto de alcanzar un reconocimiento social, o la generación de ingresos adicionales, o el mantenimiento de poder, y muy a menudo se combinan los tres. Entender esas motivaciones es clave para no equivocarse de plan.

Algunas personas acostumbradas a liderar deciden, tras dejar su puesto, buscar posiciones de consejeros, dar clases en escuelas de negocios o convertirse en consultores, pero no es sencillo, pues se trata de procesos que requieren trabajar la marca personal y la red de contactos. Cuando uno deja su puesto de trabajo ya no se ve avalado por el título que ostentaba ni por la empresa; ya no se le espera en eventos del sector y deja de ser una referencia. Lo que le queda entonces es la red de contactos y amigos que ha creado con los años y en los que ha dejado su huella personal y profesional.

El equipo es el segundo grupo en el que hay que pensar cuando uno se plantea dejar su puesto. Los equipos tienen ciclos y los líderes también. Hacer el relevo a tiempo permite la promoción interna, una cascada de movimientos hacia arriba que será fuente de motivación para los buenos profesionales que esperan esta oportunidad. Por eso, saber dar un paso al lado es un acto de generosidad. Y eso me lleva al tercer grupo, la empresa. Planificar la sucesión de uno mismo es un acto tan difícil como importante. Los líderes deben entender que un día su plaza la ocupará otro y preparar a la siguiente generación es parte de su obligación, y también de nuevo un acto de generosidad que pocos saben hacer bien. La gestión de la sucesión es una responsabilidad muy importante del equipo ejecutivo y del consejo de administración.

Además, la elegancia en las formas es clave y dice mucho de quien se va, por eso es importante salir hablando bien de la empresa que te ha hecho crecer, dando esperanza a los que se quedan y explicando las razones del adiós de forma cuidadosa. El tiempo mostrará si el líder ha sido bueno, en cuyo caso la empresa irá aún mejor en la nueva etapa. Cuando esto no ocurre significa que no ha sido capaz de crear un equipo de futuro, un equipo independiente que pueda generar prosperidad.

Dicho todo esto, pienso que nunca deberíamos jubilarnos. Podemos encontrar en cada edad responsabilidades que cubrir, ejecutivas o no ejecutivas, en empresas y en otro tipo de organizaciones para el bien económico, social o cultural. La experiencia es un grado y beneficiar a otros de los aprendizajes adquiridos es un regalo. Después de pasar una vida decidiendo, los ejecutivos y responsables de equipos pueden asesorar a las nuevas generaciones en posiciones no ejecutivas, como son los consejos de administración y los consejos asesores a través de coaching o mentoring. Esa ocupación posterior es buena para las empresas, la sociedad y las personas que no se retiran del todo. Mantener el cerebro activo es una manera inteligente de aumentar nuestras probabilidades de tener un envejecimiento de calidad.

No sé si llegaré a sumar los cien años, como el sabio camarero del café en Milán, pero lo que sí me propongo es planificar bien esa salida pensando en el bien del equipo, de las nuevas generaciones y de la empresa que me hizo crecer. Y nunca es pronto para preparar esa nueva etapa. Enhorabuena, Gerard y Paolo, por todo lo que habéis conseguido. Vuestra decisión os hace más grandes y es un bonito espejo al que todos, futbolistas y ejecutivos, deberíamos mirar. Porque una retirada a tiempo siempre es una victoria.

David Cabero es Director General en Europa del Grupo BIC y experto en la toma de decisiones