Subida de tipos de interés, quimioterapia monetaria

Aunque el BCE sugiere que no habrá subidas tan fuertes como la adoptada en la última reunión, dependerá del comportamiento de los precios

En los últimos tiempos, los bancos centrales practican la política monetaria ad hoc, es decir, la van ajustando a cada momento en la medida que se van conociendo los datos macroeconómicos.

Por eso, en este momento, Christine Lagarde ha dado carpetazo definitivo a los intentos de reactivación de la economía de la zona euro, que quedó gravemente afectada por la pandemia.

La receta ortodoxa prescribe enfriar la economía para hacer bajar los precios. Es una especie de quimioterapia, que es necesaria para eliminar la enfermedad, pero que mientras se administra genera daños en el paciente. El tiempo de recuperación del tratamiento dependerá de la intensidad y la duración del mismo. Eso mismo es aplicable a los tipos de interés.

Tras la última subida de 75 puntos básicos aprobada el jueves, y aunque la proyección que hace la autoridad monetaria es pesimista y en sus planes está seguir subiéndolos, Lagarde ha matizado asegurando que la institución abordará ese proceso moderadamente, es decir, que las subidas no serán tan drásticas como las que ha hecho la Reserva Federal en EEUU. Sin embargo, los inversores saben que el tamaño de las nuevas subidas de tipos dependerá de la evolución de la inflación.

En los próximos días conoceremos la reacción en el mercado financiero a la subida de tipos. En primer lugar, habrá que estar atentos a la evolución del euríbor a doce meses, que es el principal referente de las hipotecas a tipo variable y, por tanto, lo que afecta al bolsillo de los hogares y a la cuenta de resultados de las empresas. Aunque en la víspera a la subida oficial de los intereses, el euríbor mantenía una tendencia suave a la baja, también es verdad que diez días antes había superado la barrera del año 2009.

Los especialistas están convencidos de que a final de año llegará al 3%, lo que es un dato preocupante para el mercado inmobiliario. La subida del tipo de interés aprobada no solo provocará la subida de las nuevas hipotecas que se firmen a tipo variable, también las que se firman a tipo fijo han experimentado una importante subida en los últimos meses.

El problema añadido es el alza en la cuota que se va a producir en las hipotecas vivas que son objeto de revisión. Así, por ejemplo, un consumidor que actualice o hubiese actualizado el pago de su hipoteca antes de la última subida aprobada por el BCE pagará en torno a 225 euros más cada mes de media a partir de ahora, es decir, 2.621 euros más al año. Después de esta subida, la actualización será aún peor para su bolsillo.

Si, como es probable, el euríbor continúa el proceso alcista, la renta disponible de los hogares puede verse gravemente afectada. Los bancos, por su parte, han iniciado una serie de acciones tendentes a amortiguar el efecto sobre las familias, en parte empujados por el gobierno, en parte para evitar perder liquidez con impagos de deuda. Sin embargo, medidas como ampliar el periodo de amortización de las hipotecas tiene como principal contraindicación el aumento de intereses totales pagados en la hipoteca. Por otra parte, si se instala la práctica de dilatar los plazos de amortización, a largo plazo podría favorecer una nueva burbuja inmobiliaria, tal como ocurrió en el año 2000.

La otra medida que ha adoptado el BCE para luchar contra la inflación es eliminar la subvención que los préstamos bancarios disfrutaban en el marco de las medidas de recuperación. Con esta subvención las entidades tenían asegurado un beneficio económico, ya que podían obtener dinero del BCE a tipo cercano al cero o, incluso, negativo, de manera que simplemente depositando ese montante en una cuenta del propio banco central recibían el 1,5% de intereses. Esto les permitía obtener en torno a 40.000 millones de euros de beneficios.La reacción de la banca privada ha sido negativa, deslizando en el ambiente la idea de que la retirada de Lagarde de esta medida con carácter retroactivo les llevará a no participar en futuras operaciones de este tipo.

Pero el BCE ha tomado esta decisión porque no tendría sentido un plan contra la inflación con fugas como la liquidez que genera un préstamo subvencionado. El objetivo es que los bancos devuelvan anticipadamente este dinero y, de esta manera, se reduzca la oferta monetaria.

La autoridad monetaria se va a afanar los próximos meses en reducir la cantidad de dinero y en enfriar la actividad económica. El consumo caerá y la formación bruta de capital también. Por tanto, la probable recesión será provocada para conseguir controlar la inflación.

La incertidumbre provocada por la guerra de Ucrania, la evolución incierta del precio del gas y de las materias primas hacen difícil prever el comportamiento de la inflación y, por tanto, aunque Lagarde sugiera que no habrá subidas de tipos tan elevadas como esta última de 75 puntos básicos, no puede afirmarlo porque las decisiones del BCE serán función del comportamiento de los precios. La única buena noticia viene dada por el hecho de que los depósitos bancarios van a tener una mejor remuneración. La mayoría de los bancos han elaborado catálogos de productos que absorban el ahorro.

En general, han aumentado los intereses de las cuentas de ahorro y de otros productos financieros que forman parte de los planes de ahorro individuales. En definitiva, el otoño está siendo según lo previsto, si el Gobierno sigue negando las previsiones para el 2023, probablemente se equivocará.

Tomás Gómez es Docente de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)