El amago de Volkswagen debe ser tomado en serio

La planta de baterías de Sagunto es la mayor inversión industrial en la historia de España. 3.000 millones de euros para una factoría que suministrará tanto a las dos plantas del grupo en España (Landaben y Martorell) como a otras empresas automovilísticas, facilitando así la transición del tejido industrial del motor a la fabricación eléctrica.

El motor es uno de los primeros empleadores y exportadores industriales de España. Es también un sector difusor tanto de empleo hacia los sectores satélites como de conocimiento: la mano de obra especializada, los ingenieros o los diseñadores del motor generan un ecosistema abonado para el desarrollo de nuevas iniciativas empresariales. Es un sector, también, sujeto a un salto tecnológico como, por ejemplo, sufrió el sector de la fotografía con el paso de la analógica a la digital.

Cada uno de estos argumentos es poderoso por separado. Todos juntos no dibujan una disyuntiva, sino una obligación: el de las baterías es un tren que España no puede permitirse perder. Siendo este, con toda la lógica, un proyecto del que el Gobierno ha hecho bandera, sería reduccionista analizarlo en esos términos: el impacto de estas inversiones se dejará notar durante muchas legislaturas.

La amenaza de Volkswagen de retirar sus planes de abrir una planta de baterías en Sagunto (y salirse del Perte correspondiente) debe ser analizada en este contexto, pero también en el contexto de una negociación. El sector del motor conoce su importancia y su capacidad de presión, y son habituales los tira y afloja laborales cuando está sobre la mesa la asignación de carga de trabajo. El plan de electrificación de Volkswagen comprende inversiones por 159.000 millones de euros, 10.000 millones para España. Sería harto sorprendente un giro de 180 grados en fechas en las que se esperaba la resolución final del Perte. Volkswagen recibiría 167 millones inicialmente, si bien la cifra puede subir al entorno de 300-400, sobre una petición estimada alrededor de 750 millones.

Ford ya renunció al Perte del automóvil por la estrechez de los plazos, que no contemplan inversiones más allá de junio de 2025. Volkswagen no ha detallado los motivos del amago; si se trata de una cuestión cuantitativa o cualitativa. En todo caso, por más que el escenario más razonable es que la planta siga su curso, la Administración debe poner las luces largas, ser consciente del impacto de la planta y atender, en la medida de lo posible, las demandas de quien ha decidido poner 10.000 millones en inversión industrial en el país. No es momento de jugar al póker.