El ruido de sables en CEOE frena la negociación laboral

El presidente de Fanconauto sigue valorando disputar el puesto a Garamendi, mientras crece el descontento en Cepyme, pero nadie presenta aún su candidatura alternativa

El presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi.
El presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi.

El presidente de la patronal CEOE, Antonio Garamendi, está contando los días para renovar su cargo al frente de la organización empresarial. Las elecciones patronales serán el próximo 23 de noviembre, pero los conatos que ha habido hasta ahora para que surjan nuevas candidaturas que opten a disputarle el puesto lejos de calmarse se han reavivado en los últimos días.

Sin ir más lejos, el pasado viernes el presidente de la Federación de Asociaciones de Concesionarios de la Automoción (Faconauto), Gerardo Pérez, retomó públicamente su intención de disputar a Garamendi la presidencia de CEOE, después de que pareciera que su candidatura alternativa se había desinflado. Aseguró que continúa “valorando seriamente” presentar su candidatura al considerar que él, en mayor medida que Garamendi, podría “revertir” la actual situación que vive la patronal y “ser capaz de dar cabida a todos dentro de los órganos de CEOE”, sugiriendo nuevamente que la organización patronal adolece de falta de escucha interna. Y recordó que puede presentar su candidatura hasta el 8 de noviembre.

El presidente de Faconauto no solo volvió a postularse en una entrevista en RTVE, sino que deslizó que también podría haber un tercer candidato en las elecciones a la cúpula empresarial: el presidente de Cepyme y único vicepresidente nato de la patronal, Gerardo Cuerva. Era un secreto a voces que el líder de Cepyme viene recibiendo desde el verano fuertes presiones de varias organizaciones importantes de la patronal, lideradas por la catalana Foment del Treball y, sobre todo, su presidente Josep Sánchez Llibre, para que dispute el cargo a Garamendi. Sin embargo, Cuerva se mantiene firme en su negativa, según fuentes conocedoras de sus intenciones.

El presidente de Cepyme no cree que sea el momento apropiado, pero eso no quiere decir ni mucho menos que vaya a trabajar porque Garamendi revalide el cargo, a pesar de que la organización de pequeños y medianos empresarios haya respaldado públicamente la candidatura del vasco. De hecho, en Diego de León, 50 –la madrileña sede de CEOE y Cepyme– es otro secreto a voces la mala relación personal entre Cuerva y el actual presidente de CEOE que también se habría enrarecido aún más en las últimas semanas.

Esta situación hace que ya casi nadie en la patronal defienda que el día de las elecciones vaya a haber un solo candidato y que éste sea elegido por aclamación. La votación en urna, individual y secreta es más una realidad cada día que pasa. Por ello, e independientemente de si hay más de un candidato o no, dicha votación será vivida por una parte de los empresarios como una moción a Garamendi.

Así, aunque los presidentes de las organizaciones empresariales pueden pedir disciplina de voto el día de las elecciones, muchos de ellos no lo harán. Este podría ser el caso de Cuerva, a la luz de su mala relación con Garamendi, lo que dejaría abierta la puerta a que el 23 de noviembre la contestación interna al empresario vasco sea mayor. A esto se añade que algunos adversarios del actual presidente patronal aseguran que el empresario vasco podría plantearse, incluso, modificar los estatutos de CEOE para poder optar a un tercer mandato. No obstante, otras fuentes cercanas a Garamendi descartan esta posibilidad y recuerdan que fue él mismo quien introdujo la limitación de mandatos.

Mientras tanto, lo que sí ha hecho Garamendi es suspender en la práctica –aunque sin levantarse de la mesa– todas las negociaciones que tenía abiertas con sindicatos y patronal para que no haya ocasión de llegar a algún acuerdo que levante suspicacias entre los sectores empresariales más reacios a los acuedos pendientes. De esto son conscientes el Gobierno y los sindicatos. Prueba de ello es, por ejemplo, que los responsables de Trabajo estén alargando la negociación del Estatuto del Becario, al que quieren sumar a los empresarios; pero desde el equipo de Yolanda Díaz saben que ahora Garamendi no está en disposición de firmar nada para no ganarse más enemigos en su casa.

En esta misma línea, el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, dijo recientemente que “había que esperar un poco” para que la patronal se siente a negociar un acuerdo de negociación colectiva, que ya será de cara al próximo año. Más difícil será que los empresarios aborden la reforma de pensiones, cuya segunda fase debería estar aprobada antes de fin de año. Y, prácticamente imposible que acepten ninguna subida del salario mínimo, independientemente de su proceso electoral.

 

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