El SOS del sector apícola para salvar a sus trabajadoras

España es el país de la Unión Europea con mayor número de colmenas profesionales, pero este verano las cosechas se han reducido en más de la mitad por culpa de las altas temperaturas y los incendios

Un apicultor con una colmena de abejas.
Un apicultor con una colmena de abejas. Getty Images

Dentro de la colmena se enfrentan a la amenaza de las nuevas enfermedades que está generando el ácaro Varroa, cada vez más resistente a los tratamientos sanitarios actuales. Fuera, viven con la constante presión que ejercen sobre ellas los abejarucos, lo que les impide salir a buscar agua para refrigerar sus panales. Las abejas luchan por sobrevivir en un entorno hostil que este verano se ha visto agravado, además, por las altas temperaturas, los largos periodos de sequía y los incendios. El sector apícola, con un valor anual de la producción (fundamentalmente de miel, polen y cera) estimado en 200 millones de euros, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), también sufre las consecuencias.

“La cosecha es fatal, va a estar muy por debajo del 50% en prácticamente todo el país”, lamenta el responsable del sector apícola de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Extremadura, Antonio Prieto. España es el país de la Unión Europea con mayor número de colmenas y uno de los que tienen un mayor porcentaje de apicultores profesionales. El ministerio asegura que en 2022 se cifraron alrededor de 2,95 millones de colmenas y el 80% (más de 2,36 millones) están gestionadas por apicultores profesionales. Sin embargo, muchas no han resistido a las olas de calor. “Se ha derretido la cera y, en muchos casos, ha matado a las abejas que había dentro”, asegura Prieto.

El responsable de apicultura de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), Ángel Marco, reconoce que los apicultores llevan años notando “inviernos más cálidos, cambios de tiempo bruscos, heladas tardías y altas temperaturas cuando debían ser normales”, pero considera que este año ha sido el peor de las últimas dos décadas y augura un 2023 incluso peor. “Los incendios, aparte de quemar colmenas, han provocado la pérdida de asentamientos apícolas que tardarán varios años en volver a ser rentables para ubicar colmenas. Hasta que se recupere ese monte pasará mucho tiempo”, advierte.

Aun así, las inclemencias climáticas no son las únicas que están hostigando al sector. Fuentes del ministerio aseguran que la destrucción del hábitat natural de las abejas hace necesaria la “búsqueda de alternativas mediante la alimentación artificial y la intensificación de la trashumancia, con desplazamientos cada vez más lejanos para trasladar las colmenas a ubicaciones con los recursos necesarios”. Pero el efecto de la crisis energética no lo hace tarea fácil, como indica el vicepresidente de la cooperativa Euromiel, Juventino Domínguez: “Los costes de producción este año se han disparado y a nosotros, que somos apicultores trashumantes, que el gasóleo esté a dos euros nos complica mucho la situación”.

Dos apicultores revisan y riegan sus colmenas junto a una zona calcinada por el incendio de Cualedro (Ourense).
Dos apicultores revisan y riegan sus colmenas junto a una zona calcinada por el incendio de Cualedro (Ourense). Getty Images

La producción anual de miel en España oscila entre las 30.000 y las 35.000 toneladas, según las estadísticas del MAPA. No obstante, el ministerio alerta de un descenso de la productividad de las colmenas en los últimos años, puesto que, “a pesar de que su número está aumentando paulatinamente desde 2008, los niveles de producción de miel se mantienen iguales o incluso descienden”. Esto ha llevado a que el nivel de importaciones de miel en 2021 alcanzase las 31.627 toneladas, frente a las 28.441 toneladas que se exportaron por el conjunto del país.

En este sentido, Domínguez señala la dificultad que tiene la apicultura española para competir con la de otros países con costes mucho menores. “Cuando el mercado internacional marca un precio, puedes tener una campaña muy buena con unos costes de producción bajos y vender muy bien, pero también una campaña con costes altos y, encima, vender más barato porque en Brasil, México o Chile tienen una buena producción barata”, protesta. Por eso, una de sus principales reclamaciones sigue siendo un etiquetado claro en la miel para defender su producto. “Los costes de producción de esos países y las exigencias sanitarias no tienen nada que ver con los de aquí. El consumidor tiene que estar bien informado y saber lo que compra. Y luego que compre lo que quiera comprar”, insiste.

El resto de las demandas se centran en ayudas para reponer los hogares de las abejas, ya que, tal y como lo ve Domínguez, “cuando pierdes una colmena estás perdiendo capital, no producción”, algo con lo que coincide Prieto. “Hacemos un SOS a las Administraciones para que podamos seguir cuidándolas porque con la situación que tenemos ahora es bastante inquietante lo que pueda pasar en el futuro. Está en riesgo no solo la propia explotación, el apicultor o la apicultura, sino también muchos cultivos que dependen de la polinización de las abejas”, alerta.

Hay otros insectos, aves y mamíferos capaces de polinizar, pero ninguno tan bien como las abejas. “Tienen la peculiaridad de que no mezclan el polen entre especies de plantas. Es polinización pura, por eso es tan efectiva”, relata Domínguez. Según los expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, un tercio de la producción mundial de alimentos depende de este disimulado trabajo. “La humanidad es muy egoísta y ha estado aprovechándose de estos animalitos desde hace miles de años para producir miel, pero su labor es polinizar”, aclara.

Las abejas son el polinizador más efectivo del mundo, de lo que depende un tercio de la producción mundial de alimentos.
Las abejas son el polinizador más efectivo del mundo, de lo que depende un tercio de la producción mundial de alimentos. Getty Images

Prieto siente que el sector apícola se encuentra “en el limbo” de las Administraciones. “Reclamamos que en el 5% de los fondos de la UE que se va a destinar al desarrollo rural se incluya la apicultura, que ahora no lo está. Nosotros también alimentamos a nuestras abejas y también gastamos muchísimo gasoil por el la trashumancia. Sin embargo, no estamos contemplados en ningún decreto de ayudas a nivel nacional ni autonómico para subsanar todos esos gastos añadidos y pérdidas que estamos teniendo”, deplora.

Por suerte, parece que las Administraciones empiezan a darse por aludidas. Al menos, así lo afirma el ministerio, que garantiza que está ultimando la normativa que regulará la nueva Intervención Sectorial en Apicultura dentro de la nueva reforma de la Política Agraria Común (PAC). “Se destinarán cerca de 20 millones de euros al año, financiados al 50% con fondos nacionales y comunitarios”, avala.

Para algunos, la ayuda quizá llegue tarde, pero Domínguez saca el lado positivo incluso de esa situación: “Si hay menos apicultores, los que queden van a tener más renta porque habrá más hueco y, por tanto, tendrán más futuro. Ya se sabe que si hay muchas ovejas en un valle bien parece pero mal pacen. Y pocas, mal parece pero bien pacen”.

Relevo generacional en peligro

  • Futuro. Ángel Marco, de Asaja, recuerda que “la apicultura ha tenido unos años extraordinarios, con precios no muy elevados y con cosechas normales”. Sin embargo, reconoce que, aunque el apoyo desde Europa y el Estado ha aumentado para la nueva PAC, “este año el sector necesita ayudas, sobre todo, para la gente joven que ha entrado en el sector, ha invertido mucho y es el futuro de esta industria”.
  • Toda una vida. Para Juventino Domínguez, se trata de “un oficio muy bonito que engancha mucho y si te gusta lo dejas todo”. De hecho, él lo aprendió de su abuelo y más tarde de su padre, con el que empezó a introducirse en la apicultura desde los cinco años. “A los 22 años ya me hice profesional y hasta ahora, que tengo 55, así que todavía me queda”, cuenta.
  • Dificultad. Aun así, Domínguez coincide con Prieto en que el relevo generacional que hasta ahora sí había estado garantizado comienza a peligrar: “Yo creo que yo no voy a dejar relevo por parte de mi familia, mi hermano tampoco y muchos apicultores que conozco tampoco. Es un oficio muy complicado. Antes era más sencillo ser apicultor, ahora es una ciencia”. Pero aunque visto lo visto es difícil predecir el futuro, Domínguez se mantiene optimista. “Creo que la apicultura siempre va a estar y los que llevamos mucho tiempo en este mundillo, yo llevo toda la vida, hemos visto que el tiempo es cíclico. La cuestión es cuándo va a cambiar el ciclo”, concluye.
Normas
Entra en El País para participar