La segunda vida de las cenizas

Una empresa estudia utilizar las de los incendios para hacer cosméticos y replantar bosques con los beneficios

Las procedentes de volcanes, como el de La Palma, se pueden usar en construcción

Terreno calcinado en Bejís (Castellón), incendio que ha arrasado cerca de 20.000 hectáreas.
Terreno calcinado en Bejís (Castellón), incendio que ha arrasado cerca de 20.000 hectáreas. EFE

Cuando Alejandro de Antonio Fernández vio arder un bosque al que solía ir en Málaga se preguntó cómo podría ayudar para devolver la vida a ese paraje. Por su empleo como creativo publicitario había trabajado con muchas ONG y vio que lo necesario era conseguir financiación para recuperar los bosques, que no valía con “reunir firmas”. Encontró la solución en la historia de civilizaciones como la egipcia o la romana. Usaría ceniza, como ya se hacía hace siglos, para fabricar productos de belleza y que, a su vez, “estos fueran un vehículo de transformación social que permita restaurar los entornos quemados” gracias a los beneficios de su venta.

Así nació la firma de cosmética natural Ashes to life. Una de las materias primas que usan para sus jabones es ceniza procedente de los árboles que se podan cuando se limpian los bosques para evitar el fuego y para los cosméticos utilizan residuos de cáscara de coco. “De ese modo, la economía de la empresa no depende de una catástrofe natural”, explica el cofundador de la compañía.

Además, están inmersos en un proyecto de investigación para crear ediciones especiales en las que emplearán cenizas procedentes de incendios. Los beneficios, afirma, “irán íntegramente destinados a la restauración” de ese ecosistema que haya sido pasto de las llamas.

Ahorro de agua en la agricultura

De ceniza, aunque en este caso volcánica, saben mucho en Canarias. La erupción el pasado año del volcán de La Palma dejó millones de metros cúbicos en la isla, cubriendo, entre otros terrenos, muchas de las fincas en las que se plantan plátanos. “Cuando ocurrió la erupción, hicimos análisis y vimos que no tenía nada raro en su composición. Al fin y al cabo, es material que sale de la tierra. La dejamos sobre las fincas ante la imposibilidad de retirarla y lo que hemos visto, desde el inicio del verano al plantar sobre esa ceniza, moliéndola e incorporándola un poco, es que no solo no es perjudicial, sino que se ahorra agua. Si antes había que regar cada semana, con esto se puede aguantar un poco más o usar menos agua”, explica Javier López-Cepero, coordinador técnico de Coplaca, la cooperativa que agrupa a los productores de plátano de la comunidad.

De hecho, hay muchas personas que usan los restos de su chimenea para abonar pequeños cultivos. Aun así, López-Cepero recalca que no es recomendable hacer hogueras o quemas controladas de madera con este fin, ya que podrían descontrolarse y provocar un incendio.

La ceniza volcánica ya se venía usando de forma tradicional en Canarias como cubierta de los suelos por su capacidad para conservar la humedad. En los años 70 se empezó a utilizar como sustrato de cultivos sin suelo (no fértil), cuenta Belarmino Santos, agente de extensión agraria en el Cabildo Insular de Tenerife. Sin embargo, señala que la ceniza de un incendio forestal no sería económicamente viable para su uso en la agricultura por la dificultad de recolectarla y la poca cantidad que se recogería, además de que supondría quitar nutrientes al suelo que se ha quemado.

Componente para el hormigón

Tampoco es factible utilizarla en la construcción, tal y como aclara Jordí Payá, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia: “Al proceder de diferentes árboles es difícil de homogeneizar y probablemente la composición química no sería apta, ya que suele tener unos componentes que no son muy buenos para el hormigón”.

La que sí que se usa como componente del hormigón en otros países, ya que en España aún no está permitido, es la ceniza que queda tras haber quemado la cáscara del arroz como biocombustible. En ese sentido, Payá investiga, junto a un equipo de su mismo centro educativo perteneciente al Instituto de Ciencia y Tecnología del Hormigón (Icitech), el uso de la ceniza procedente del volcán de La Palma para fabricar determinados tipos de cemento. Sus beneficios son que “se reduce una parte de los componentes, que se llama clínker y es relativamente caro por las condiciones necesarias para obtenerlo. Además, al emplear menos de este material se reducen las emisiones de C02 y los hormigones hechos con ceniza suelen tener una durabilidad mejor”, asegura el catedrático. Una resistencia de la que dan buena cuenta algunas construcciones romanas que han llegado hasta la actualidad, realizadas con un hormigón compuesto de cal hidratada y ceniza volcánica.

Al igual que en productos de belleza y en construcción, los romanos también usaban cenizas en la alimentación. La de origen natural se utilizaba para conservar los productos, enterrándolos en ella, y mezclada con agua servía para endulzar las aceitunas, una técnica que ahora replican en Mare Nostrum, una pequeña quesería familiar de la sierra de Sevilla. En esta empresa también usan cenizas de carbón de encina para hacer la corteza de uno de sus quesos de leche cruda, el Capri. “Además de las notas en boca que aporta, la ceniza actúa de conservante natural, al ser un bactericida y un fungicida, y ayuda a regular la acidez del queso”, explica Pablo Ortiz, responsable de producción.

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