Próximos retos laborales de las empresas ante una crisis proverbial

Muchas siguen con las manos atadas, sujetas al compromiso de mantenimiento del empleo, a cambio de las exoneraciones por los ERTE

La buena ventura, poco dura, dice nuestro sabio refranero. Y, efectivamente, cuando parecía que empezábamos a remontar a duras penas de una crisis económica ocasionada por un virus que paró el mundo, empiezan a retumbar en nuestros oídos palabras como recesión, default, inflación, impagos… y viejos fantasmas del pasado nos comienzan a acechar.

Sí, es cierto que todo apunta a que estas vacaciones de verano las hemos intentado disfrutar al máximo para desquitarnos de tanta cuarentena y tanta contención, y lo hemos hecho gastando sin mirar la cartera porque ojos que no ven, corazón que no siente. Prácticamente como si no hubiera un mañana, lo cual parece casi literal si se tiene en cuenta los avisos que hacen los expertos al tener un IPC disparado, una prima de riesgo al alza, problemas globales de desabastecimiento y una guerra a las puertas de Europa.

Más allá de los mensajes proselitistas y de autobombo propios de cualquier Gobierno, en lógica, no podemos esperar más que anuncios de brotes verdes para evitar que la sociedad caiga en un desá­nimo que agravaría la situación, pero no son pocos los que vienen avisando de que tras la ilusión óptica del verano nos encontraremos ante una nueva crisis de duración e intensidad inciertas. Y el que avisa no es traidor.

Esta situación llega cuando la mayoría de las empresas aún no se han recuperado totalmente de los efectos de la pandemia, y dentro de un contexto legislativo bastante complejo. Qué bien encaja aquí el dicho de que a perro flaco todo son pulgas, pero qué difícil es asumir tal situación.

Muchas compañías siguen a día de hoy con las manos atadas y sometidas al compromiso de mantenimiento del empleo que les impide ajustar sus plantillas por haberse beneficiado de las exoneraciones a las cuotas de la Seguridad Social durante los ERTE promovidos como consecuencia del Covid-19, so pena de tener que abonar dichas exoneraciones (que no son pocas).

Se puede optar por sobrevivir con los ERTE por causas objetivas, los de toda la vida, como solución a la imposibilidad de despedir durante estos meses, con la esperanza de que ello sirva para atravesar lo que se suponía que debía de ser una situación coyuntural previa a la tardía recuperación. Pero ante los augurios de nubarrones, podría no ser suficiente, y aunque después de la tormenta siempre llega la calma, esta situación coyuntural puede acabar extendiéndose más allá de lo esperado.

Toda compañía busca depender lo mínimo de ayudas de terceros, pues no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita. Más aún, si esas ayudas son en cierto modo un regalo envenenado, con una letra pequeña (y de redacción confusa) que impide tomar medidas más efectivas.

Pero el panorama actual viene cargado de esas ayudas, y nadie da duros a pesetas. En marzo se aprobó el Real Decreto-ley 6/2022, y para cerrar junio se ha aprobado el Real Decreto-ley 11/2022. Ambas normas tratan de implementar medidas ante la situación de crisis que, aseguran, ha generado la guerra en Ucrania, con la finalidad de dar apoyo a colectivos vulnerables y a empresas que atraviesan momentos de dificultad. Sin embargo, las empresas que hagan uso de esas ayudas se verán limitadas nuevamente a la hora de hacer despidos, pues el legislador ha optado por reproducir la técnica del mal llamado prohibido despedir de la época del Covid-19. Y en donde antes se impedía justificar y motivar el despido en la situación generada por la pandemia, ahora se vuelve a repetir, pero esta vez se impide que la justificación sea “el aumento de los costes energéticos”.

Hay que saber que, por aquel entonces, muchos se vanagloriaban de haber conseguido la prohibición del despido en una situación de crisis, pero dime de qué presumes y te diré de lo que careces. El Tribunal Supremo ya ha confirmado, como muchos veníamos sosteniendo, que un despido en esas circunstancias tan solo podía llevar a declarar la improcedencia del mismo, y que la nulidad de este era tan solo una quimera.

La redacción de la norma, una vez más, no deja claro siquiera si el despido por “el aumento de los costes energéticos”llevaría a la improcedencia de la extinción contractual, pues tan solo señala como consecuencia el llevar a cabo la devolución de las ayudas otorgadas que se regulan en esa norma. Si se hace un ERTE “por causas relacionadas con la invasión de Ucrania”, sea lo que sea lo que ello quiere decir, el despido no es posible si se sostiene en tal premisa, y sería declarado improcedente, pero desde luego queda muy lejos de la nulidad y de una supuesta prohibición de despedir. Permítanme un consejo que no han pedido: desconfíen siempre de la propaganda política y busquen una opinión experta. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Pero no solo con los ERTE y los despidos se pueden atajar las crisis como la que está por venir, y la norma habilita otras medidas de flexibilidad interna, como las modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo o la inaplicación de convenios colectivos, que permiten ajustar, entre otras cuestiones, los salarios de los empleados. Nunca llueve a gusto de todos, pero si no está en nuestras manos el detener el aguacero, que cada uno busque la fórmula idónea para protegerse de él.

Sea como sea, habrá que irse preparando ante lo que parece inevitable, pero no perdamos de vista que no hay mal que cien años dure.

Ricardo Fortún Sánchez es socio del área laboral de Selier Abogados