Atrapados en el hogar familiar: hay 700.000 jóvenes menos emancipados que en 2008

La tasa de emancipación aún se encuentra por debajo de 2019, antes de la pandemia

Emancipación pulsa en la foto

En España hay siete millones de personas entre 16 y 29 años, pero hasta finales de 2021 apenas un millón de ellos vivía fuera del hogar familiar. Eso se traduce en una tasa de emancipación del 15,6%, un porcentaje que se encuentra muy lejos del 26% que se registró en 2008 y todavia por debajo del 18,7% de 2019, antes de que estallara la pandemia. Para poder alcanzar la cuota del boom inmboliario se necesitaría que al menos otros 700.000 jóvenes abandonaran la casa de sus padres, según los datos presentados ayer por el Consejo de la Juventud de España (CJE).

El estudio, que se elabora semestralmente a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística, muestra un ligero aumento de 0,7 puntos con respecto al primer semestre de 2021, cuando la tasa de emancipación fue del 14,9%. No obstante, la organización considera que se trata de una evolución poco alentadora pues es la misma proporción que había a finales de 2020. Elena Ruiz Cebrían, presidenta del CJE, alertó ayer de que “no hay una mejoría real, pues se venía de una caída histórica” y “cuando se toca fondo, lo único que se puede hacer es subir”. En efecto, en el primer semestre del año pasado, menos de tres de cada 20 jóvenes españoles vivía fuera del hogar familiar; la peor cifra desde 1998.

En cualquier caso, el leve incremento semestral se apoyó en la recuperación del empleo destruido durante la pandemia. La tasa de paro jóven cayó en más de cinco puntos porcentuales hasta situarse en el 23,6%, por debajo de la cifras previas al Covid. La creación de empleo a cierre de 2021 no solo se dio entre la juventud asalariada, también creció el porcentaje que trabajaba de manera autónoma. El lado negativo de esta noticia es que la recuperación de puestos de trabajo se cimentó en la precariedad laboral. Esto se refleja, por ejemplo, en la alta temporalidad, dado que más de la mitad de los jovenes con trabajo tenía un contrato temporal. La parcialidad es otro indicador de la debilidad del empleo entre los menores de 30 años: alcanzaba el 25,4% de los contratos. Si bien se espera que esto se invierta en 2022 por la reforma laboral.

Otro problema es que, pese a los incrementos del salario mínimo, la recuperación del empleo no ha venido acompañado de un aumento de sueldos que permita reducir la brecha entre los altos precios de la oferta de vivienda y la poca renta disponible de quienes la demandan. Es revelador que una persona joven deba dedicar 3,8 veces su sueldo neto íntegro para poder pagar la entrada de una hipoteca media en España, que es de 170.000 euros. Ante la imposibilidad de poder comprar una casa, la segunda opción es el alquiler, pero la subida sin freno de los precios también lo hace imposible. Según el CJE, el precio medio en 2021 ascendía a 848 euros mensuales, aunque alguien menor de 30 solo puede permitirse pagar 320 euros para no sobreendeudarse.

Los excesivos precios de la vivienda implican que un joven deba destinar el 79,2% de su sueldo al alquiler para vivir solo, lo que lo hace a todas luces inviable. Esto explica, según el organismo, el auge de los pisos compartidos, pues esta opción reduce hasta el 25% el esfuerzo salarial. En suma, es la necesidad y no el deseo lo que impulsa a que un tercio de los emancipados lo hagan compartiendo piso con otras personas con las que no tienen ningún parentesco.

Cuestión de género

Las mujeres se emancipan más que los hombres, pero tienen más difícil vivir solas. Según los datos del CJE, esto se debe a que se enfrentan a peores condiciones laborales. En el segundo semestre de 2021, la parcialidad del colectivo prácticamente duplicaba la de los hombres: era un 33,7% frente a un 17,8%. La subocupación también era cinco puntos superior a la de los varones, a pesar de que ellas cuentan con una mayor formación educativa y profesional.

Las precarias condiciones a las que se enfrentan ocasiona que solo el 13,8% de las mujeres que abandonan el seno familiar puedan vivir solas, mientras que en el caso de los hombres es prácticamente el doble. No obstante, el esfuerzo que ellas hacen es generalmente mayor: casi el 41% trabaja y estudia a la vez, mientras que solo el 24% de los jóvenes compaginan ambas actividades. De hecho, sin el creciente protagonismo femenino, la tasa agregada de actividad de la población joven en España hubiera descendido todavía más en el cuarto trimestre de 2021, según el CJE.

Más allá de la brecha de género, existen diferencias importantes entre los jóvenes que permanecen en su lugar de nacimiento y quienes se trasladan a otra comunidad autónoma. A finales del año pasado, solamente el 9,8% de quienes residían en su provincia de origen lograron emanciparse. Por el contrario, el 34,2% de los jóvenes que se habian trasladado a otro territorio habian dejado de vivir con sus padres.También se distinguen por ser el colectivo con mayor nivel de estudios.

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