Washington deja atrás a Bruselas con su plan solar

La UE podría ayudar a imitarlo declarando que no consideraría los incentivos para deslocalizar la fabricación de energía limpia como ayuda estatal prohibida

Proyecto solar Desert Stateline, cerca de Nipton, California (EE UU).
Proyecto solar Desert Stateline, cerca de Nipton, California (EE UU). reuters

EE UU está adelantando a Europa en la carrera verde. La nueva ley contra el aumento de los precios de la energía destina 30.000 millones de dólares en créditos fiscales a empresas para producir paneles solares y componentes de energías renovables a nivel local.

La Ley de Reducción de la Inflación, que se acaba de aprobar, destina 369.000 millones a inversiones e incentivos para ayudar a EE UU a reducir las emisiones de CO2 en un 40% para 2030. Se trata de abaratar las energías limpias y los vehículos eléctricos, en línea con la visión de Biden. Pero no ofrecería una solución rápida a la inflación energética. Aun así, puede rediseñar significativamente la cadena de suministro solar. China ha invertido 50.000 millones desde 2011 para convertirse en el principal fabricante de paneles, y tiene una cuota de mercado superior al 80% en todos los componentes críticos. Su capacidad de fabricación superará los 300 GW este año, frente a los 3 de la UE, afirma Michele Bina, de la Agencia Internacional de Energías Renovables.

Pese al beneficio económico que supone comprar barato a China, supone un problema de seguridad energética. Para contrarrestar esta tendencia, las subvenciones para ayudar a relocalizar la producción son una buena zanahoria. El fabricante de EE UU First Solar, que se ha disparado un 27% en Bolsa desde que se presentó el proyecto de ley, está valorando crecer en su país.

Si la UE se toma en serio el cambio verde, podría imitar el modelo de EE UU. Si ofreciera el mismo crédito fiscal de 0,19 dólares por vatio para construir componentes solares en casa, podría ayudar a elevar su capacidad de fabricación local a 20 gigavatios al año –siete veces su nivel actual– con un coste de solo 3.800 millones al año, dice Bina. Parece manejable para una economía de 15 billones de dólares.

Encontrar una línea común en la UE sería difícil, ya que la fiscalidad se aborda a nivel nacional. Pero Bruselas podría ayudar declarando que no consideraría los incentivos para deslocalizar la fabricación de energía limpia como ayuda estatal prohibida. Pese a las dificultades, quedarse quieto no es una opción.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías