Política monetaria

Los bancos centrales insisten en elevar más los tipos pese a la cercanía de la recesión

El alza de precios no da tregua y se traslada a salarios y alquileres

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Las economías mundiales ya se adentraron en la segunda mitad del año sin que la inflación dé señal alguna de flaqueza. Aun al contrario, persiste en mantenerse en tasas muy elevadas, máximos de las últimas cuatro décadas, en un fenómeno por el que los altos precios de la energía y los alimentos se están trasladando en muchos casos a los salarios y los alquileres.

Los bancos centrales han reaccionado recientemente ante la inflación con mayor intensidad en las subidas de tipos, una firmeza que están dispuestos a mantener incluso a pesar de que las economías están ya al filo de la recesión. El ejemplo más evidente de cómo el control de los precios es la máxima prioridad lo ofreció la pasada semana el Banco de Inglaterra. Decidió un alza de tipos de medio punto, la mayor en 27 años, pese a que, además de un colapso en los precios, también augura una recesión de casi dos años. La consigna en política monetaria es ahora la aceleración en las alzas de tipos para combatir la inflación, aunque ello suponga volver a bajarlos tan pronto como el próximo año a la vista de la contracción de la economía. Una suerte de shock monetario con el que devolver la estabilidad a los precios.

Los inversores habían tanteado a finales de julio con la idea de que, a causa del riesgo de recesión, los bancos centrales podrían frenar su ritmo de alzas de tipos en la segunda parte del año. El buen dato de empleo de EE UU publicado el viernes ha vuelto sin embargo a alimentar la expectativa de que en su próxima cita de septiembre, la Fed eleve de nuevo los tipos en 75 puntos básicos. Incluso pese a que la economía de EE UU está ya en recesión técnica, con dos trimestres consecutivos de retroceso del PIB. “Es difícil encontrar ejemplos en el pasado en los que la Fed haya continuado subiendo tipos cuando la economía se contrae, pero en este caso probablemente lo harán”, explica Chris Iggo, director de inversiones de AXA IM.

En PIMCO esperan que la Fed revise al alza en septiembre sus previsiones de tipos de interés para este año, adelantando las dos subidas que se habían previsto anteriormente para 2023, “manteniendo así una política restrictiva antes y durante más tiempo de lo previsto anteriormente”, explica Tiffany Wilding, economista para EE UU de la gestora. Y añade que, si bien la inflación en EE UU probablemente se reducirá en los próximos meses debido a la reciente caída de los precios mundiales del petróleo y la agricultura, la inflación de los salarios y del mercado de alquiler –dos áreas en las que las tendencias de los precios tienden a ser más persistentes– se han acelerado.

La receta apunta a la recesión con tal de recuperar la estabilidad de precios, acelerando aún más las subidas de tipos de interés. También el Banco de Inglaterra podría intensificar esas alzas a pesar del duro pronóstico que acaba de hacer para el crecimiento. En Nomura creen que la inflación volverá a forzar en Reino Unido un alza de 50 puntos básicos en septiembre, frente a los 25 que estimaban con anterioridad, tras lo que vendría una última subida de otros 25 puntos en noviembre, antes de una modesta rebaja a mitad de 2023.

En cuanto al BCE, el mercado está apuntando a que las alzas de tipos serán más leves durante este año, de otros 100 puntos básicos, frente al pronóstico de aumento de hasta 2 puntos previo a la cita de julio. En PIMCO reconocen que aunque “podemos ver que el BCE acabará realizando menos subidas de las previstas en el mercado debido a unas perspectivas de crecimiento más débiles, la inflación durante el resto del año seguirá siendo elevada y la presión sobre el BCE para que actúe también será elevada a corto plazo”. Según señalan desde Bank of America, las probabilidades de un alza de hasta 75 puntos básicos en la zona euro en septiembre aumentan, aunque su previsión sea de otro medio punto. En Citi auguran dos alzas sucesivas de medio punto, “si bien entonces la evidencia de una desaceleración debería ser tan apabullante que pondría fin a las subidas”.

Solo 52.750 millones en bonos con rentabilidad negativa

Mínimos. El volumen global de deuda con rentabilidad negativa es un contundente reflejo de cómo los bancos centrales han endurecido su política monetaria en los últimos meses. Su cuantía asciende a apenas 52.750 millones de euros, muy lejos de los 18,3 millones de euros en los que situaba en diciembre de 2020, cuando los estímulos monetarios y los multimillonarios programas de compras de deuda con los que responder a la pandemia habían vuelto a disparar el precio de los bonos.

Leve incremento. La cifra de bonos con rendimiento negativo se ha elevado ligeramente durante la pasada semana, en casi 3.000 millones de euros, mientras se prolonga la rebaja de las tensiones en el mercado de deuda. Así, según datos de Bloomberg, hay 171 emisiones de deuda con rentabilidad negativa, frente a las 158 de la semana precedente.

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