Hoja de ruta empresarial cuando el dinero cuesta dinero

La era de la financiación gratis se acaba: no hay bola de cristal, pero el binomio riesgo-rentabilidad tiende a cumplirse

Existen ciertas situaciones en las que los mercados no saben cómo actuar ante la incertidumbre de los acontecimientos que se avecinan. Vienen a la mente eventos predecibles que se dan a lo largo de todos los ciclos económicos, como son años de citas electorales, momentos de inflexión en materia de inflación y, por ende, en política monetaria, etc. A pesar de ser acontecimientos esperados, cuando suceden, generan debate y aparecen las dudas sobre qué decisiones tomar para garantizar la solvencia y robustecer la tesorería corporativa.

En la actualidad, el debate que está encima de la mesa es el que tiene que ver con la inflación tanto en Estados Unidos como en Europa y sus implicaciones en los tipos de interés en ambos lados del océano, a lo que indudablemente debemos sumar la incertidumbre en cuanto al tipo de cambio euro-dólar. En conjunto, supondrá un encarecimiento de los costes del tejido empresarial del que nadie se salvará.

El tiempo apremia y, si no se tiene todavía, urge diseñar ya una hoja de ruta con diferentes escenarios para transitar este cambio de ciclo y para preparar y no dañar la tesorería corporativa.

Con niveles de inflación por encima del 10% en España, el periodo estival, que es tradicionalmente inflacionista, no va a ayudar a rebajar la presión sobre los precios. Prueba de ello es que las autoridades monetarias europeas han endurecido su discurso con una subida de tipos más agresiva poniendo de manifiesto no de forma explícita aquella famosa cita de Mario Draghi, antecesor de Christine Lagarde en el BCE, pronunciada en pleno debate sobre un eventual rescate de los países periféricos, entre ellos España, tras la escalada de las primas de riesgo. Su “whatever it takes” calmó entonces a los mercados, pero lo cierto es que otrora las economías europeas no tenían encima la espada de Damocles sobre su crecimiento.

La coyuntura actual pone fin a la larga etapa del dinero gratis y se encarece el endeudamiento. La cautela se impone en la toma de decisiones, tanto de financiación como de inversiones. No tenemos una bola de cristal para recomendar de forma certera qué hacer a los equipos financieros, pero sí es predecible que el binomio riesgo-rentabilidad tiende a cumplirse. Ante ello se pueden tomar estrategias de tesorería corporativa dirigidas a dos focos distintos. De un lado, acciones para reducir costes de financiación; de otro, acciones para optimizar el excedente de liquidez.

Sin duda, las empresas van a tener que tomar decisiones sobre si refinanciar cuanto antes o esperar a tener mayor visibilidad del horizonte macroeconómico. Para aquellos equipos financieros que aboguen por políticas de financiación más conservadoras, observando la curva de tipos, parecería que lo más razonable sería tomar medidas cuanto antes para intentar garantizar la estabilidad en los tipos para los próximos años, refinanciando deuda a coste fijo con la que evitar volatilidad en los costes de financiación a futuro. Posiblemente no ganarán o se ahorrarán el último euro en intereses, pero dormirán tranquilos con la estabilidad que hayan comprado.

En cambio, aquellas empresas que, por ejemplo, se hayan refinanciado recientemente garantizándose tipos para los próximos 3-5 años, posiblemente quieran aprovechar la situación y dilatar la decisión de refinanciar para más adelante. Ahora ganarán al sistema, pero la gran incógnita es dónde estará el precio del dinero cuando les toque refinanciar la deuda.

En el caso de compañías con caja en balance, estas tienen a su disposición varias ventanas para optimizar la tesorería excedente corporativa, bien para ahorrar costes financieros; bien para rentabilizarla. De este modo, si es tesorería que no requieren en el corto plazo, pueden utilizar el exceso para amortizar deuda y evitar así que el encarecimiento de los créditos aumente los costes financieros. Una estrategia que, además, mejora su estructura de capital.

Si disponemos de liquidez para el medio-largo plazo, otra opción es poner a trabajar el excedente de la caja en dos tipos de productos financieros. De un lado, activos monetarios que, en teoría, tienen menos fluctuación y que, en este entorno de subidas de tipos, salen beneficiados, con los que, además, mitigar la erosión de la inflación sobre el capital inmovilizado. Ciertamente, estos activos financieros menos volátiles que la renta variable ofrecen como contrapartida una menor liquidez, pero es una vía para aumentar el retorno sobre activos sin comprometer ratios de liquidez y solvencia.

Alternativamente, sin ser excluyente con la anterior, pueden reinvertir la liquidez en instrumentos financieros y operativos en favor del propio negocio, como puede ser el dynamic discounting, ofreciendo financiación a su cadena de suministro para mejorar la rentabilidad del negocio a cambio de un descuento en las facturas adelantadas.

Aunque cueste creerlo, estamos volviendo a la normalidad y no debería preocuparnos. Lo normal es que pedir prestado dinero cueste dinero y que prestar dinero genere rentabilidad. ¿O alguien pensaba que el dinero sería gratis toda la vida? En tanto en cuanto las políticas monetarias tengan sentido y nos situemos en niveles razonables de inflación y de tipos, el impacto en las cuentas de resultados debería ser manejable. Que la subida de tipos nos pille confesados o, por lo menos, poco apalancados.

Antonio Berga es Cofundador de Embat