Financiación

Los bonos ligados al IPC tensionan la sostenibilidad de la deuda ante el alza de precios

El Tesoro afronta vencimientos de 71.800 millones hasta 2050 de este tipo de pasivo

Bonos indexados a la inflación Pulsar sobre el gráfico para ampliar

Con una inflación en la zona euro en el 8,6% a cierre de junio y el 10,2% en España son muchos los inversores que empiezan a mirar con deseo los bonos ligados a la inflación. El aumento de los precios es uno de los grandes quebraderos de cabeza de los bancos centrales y la principal amenaza para el consumo y las inversiones más conservadoras. Aunque las rentabilidades de los depósitos empiezan a mejorara al calor de la normalización monetaria, todavía están lejos de cubrir el alza de los precios. En este contexto los bonos ligados a la inflación brillan con luz propia.

En 2014 España se sumó a Alemania, Francia, Reino Unido, Italia o EE UU con la emisión de deuda indexada a la inflación. Ocho años después, este programa de bonos y obligaciones tiene un volumen de 71.809,3 millones, lo que supone el 4,9% del total de deuda del Estado en circulación, frente al 5,9% de Italia o el 6,5% de Francia. La refinanciación de estos títulos se extenderá hasta noviembre de 2050.

Según el programa de financiación se espera que en 2022 España efectúe emisiones brutas de deuda a medio y largo plazo por valor de 148.088 millones. De esta cuantía, Ana Gil, directora del equipo de renta fija pública de M&G, prevé que entre 6.000 y 8.000 millones sean bonos indexados a la inflación. A cierre de junio se habían vendido unos 3.500 millones.

La principal diferencia entre los bonos tradicionales y los ligados a la inflación es que estos últimos el principal se actualiza en base al alza de los precios. Así un inversor que tiene en cartera un bono vinculado a la inflación con un principal de 100 euros (en España el principal está fijado en 100 euros) y un cupón del 2%, si la inflación aumenta un 10%, el principal se ajustará al alza en la misma proporción (110 euros). Lo que se mantiene sin cambios es el cupón, pero se abonará sobre un capital mayor. Es decir, el emisor se verá obligado a desembolsar más por su deuda.

Esto cobra un protagonismo especial en momentos en los que el coste de financiación es de esperar que suba. Con los bancos centrales acelerando el alza de los tipos para poner freno a la inflación, el coste que deberán asumir las empresas y gobiernos por vender deuda seguirá creciendo. El Tesoro, que años atrás había extendido las rentabilidades negativas a la referencia a 10 años, a día de hoy solo registra rendimientos por debajo del 0% en las letras a tres meses. A pesar de estos repuntes a cierre de junio el coste de la deuda en circulación se situaba en el 1,59%, próximo a los mínimos históricos.

Aunque el coste sigue registrando unos niveles muy bajos y España no afronta vencimientos de deuda indexada a la inflación hasta noviembre de 2023 (6.137,20 millones), en los últimos meses algunas firmas han empezado a poner en cuestión la efectividad de esta estrategia de financiación. La agencia de calificación Moody’s advirtió en junio que la mayor inflación en España y una base de ingresos inferior perjudicarían la sostenibilidad de la deuda. Según sus cálculos, la deuda ligada a la inflación provocará un deterioro de los indicadores de accesibilidad de la deuda tan pronto como este año. En sus estimaciones señalan que cada incremento de un punto porcentual de los precios suma 600 millones de euros en costes de intereses. Con una inflación de entre el 7-8% a cierre de ejercicio, desde la agencia cifran el sobrecoste en más de 4.000 millones.

Más optimista se muestra Ignacio Fuertes, socio y director de inversiones de Miraltabank. El experto considera que la refinanciación de estos instrumentos no es algo que pueda trastocar el coste financiero de toda la deuda pública. El bajo porcentaje que representa este tipo de emisiones sobre el total de la deuda y el hecho de que no sea necesario esperar a noviembre de 2023 para su refinanciación son las razones que ayudarían a rebajar la presión. “Los bonos indexados a la inflación son una fuente alternativa de financiación, que da una mejor imagen del Tesoro, al poner instrumentos en circulación que no sea exclusivamente el bono y la letra tradicional”, explica Fuertes.

Blindaje frente a la subida de la inflación

Bonos. Juan Fierro, director asociado para la oficina de España de Janus Henderson, señala que estos títulos a diferencia de la deuda tradicional y los bonos de cupón flotante ofrecen protección ante el alza de los precios. Es decir, que mientras los activos tradicionales como las acciones y los bonos pueden verse perjudicados por periodos de inflación persistente, la deuda indexada a los precios son una estrategia efectiva de incorporar rentabilidad real explícita a una cartera.

Cupón. Un bono indexado a la inflación devenga un cupón fijo. En el caso de los bonos emitidos por el Tesoro, están vinculados a la evolución de la tasa de inflación armonizada de la zona euro. La principal diferencia con un bono tradicional es su estructura de pagos. El convencional paga un cupón fijo que se calcula como porcentaje del principal invertido, mientras el indexado a la inflación abona cupones en un principio menores pero que aumentan a medida que crece el principal en cada periodo de devengo.

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