Hablemos claro cuando hablemos de finanzas personales

Es peligroso que se estén vendiendo acciones* y ETF*, con asterisco, que solo replican a los activos reales

Democratizar el acceso a los mercados puede sonar a lugar común, un término manoseado por muchos. Pero es más bien una necesidad. La población europea está envejeciendo, la esperanza de vida alcanza ya los 85 años: hemos vivido un periodo nunca antes visto en términos de acceso a educación, trabajos menos exigentes físicamente y buenos sistemas para el cuidado de la salud.

Los europeos vamos a vivir de media 20 años más que nuestros abuelos. Estas son muy buenas noticias. Ahora bien, que la tasa de nacimientos venga decreciendo, y esté por debajo de la tasa de reposición, cifrada en 2,1 hijos, desde el pico alcanzado en 1975, no lo es. Cuando añadimos en la coctelera este cambio demográfico, un sistema de pensiones en el que la población en activo contribuye al pago de las pensiones de los ya jubilados, y la baja previsión que, en general, tenemos los europeos hacia nuestras necesidades económicas futuras, el resultado es cuanto menos inquietante. El sistema de pensiones necesita ajustes valientes, pero no seamos catastrofistas. Los que pasen a jubilarse en los próximos años seguirán cobrando una pensión, si bien no podrá ser, ni de lejos, tan generosa como es la pensión media actual, que supera los 1.300 euros al mes en España.

Nos gusta llamar a las cosas por su nombre y hablar a las personas como adultos. Para que más gente participe y confíe en los mercados debemos reflexionar sobre lo que no se ha hecho bien y evitar repetir errores pasados –preferentes, cláusulas suelo, manipulación del euríbor y el líbor– , pero también ser valientes y hablar claro cuando haya productos, que si bien puedan ser legales, no sean beneficiosos o presenten riesgos, muchas veces desconocidos o minimizados por los comercializadores, para los particulares. Tanto la ESMA (European Securities and Markets Authority) como la CNMV han hecho ya advertencias sobre una forma de derivados OTC, los desafortunadamente famosos CFD, en los que más del 80% de los usuarios pierde dinero de forma permanente. La CNMV también tiene ya potestad para aprobar campañas de comunicación y publicidad masivas sobre criptomonedas en España, con el fin de que sean más evidentes y claros los riesgos que pueden existir al invertir en ellas. También en este caso es destacable la medida impulsada por el Ministerio de Economía para que los proveedores de criptomonedas en España deban estar registrados en el Banco de España y las campañas publicitarias masivas, aprobadas por la CNMV.

Dicho esto, es peligroso para los particulares que haya entidades que estén ofreciendo derivados OTC complejos, como tokens, bajo la denominación de acciones* y ETF*. Estos derivados OTC, llamados acciones* y ETF* con asterisco, son instrumentos complejos, y no, no son acciones o ETF, por mucho que sus precios puedan replicar subyacentes de acciones o ETF. Las acciones son acciones. Los ETF, ETF. Cuando uno compra acciones o ETF, sin asterisco, esas acciones y ETF estarán custodiadas por terceros, se podrán transferir a otra entidad y su posesión no dependerá de la solvencia del intermediario a través del cual las haya comprado. Este no es el caso con los productos con asterisco. Los asteriscos son como esa letra pequeña que en muchas ocasiones se hace diminuta para que no se vea lo que no se quiere que se vea, y que nos debe poner en señal de alerta.

Es imperioso que trabajemos todos juntos en el sector, y que llamemos al pan, pan y al vino, vino para fortalecer la imagen que se tiene de los mercados como creadores de riqueza para las personas. Estamos seguros de que el regulador no quiere ni desea que se repitan errores del pasado por falta de información o por malos entendidos, intencionados o no, y que los particulares inviertan en productos derivados complejos, cuando su intención es la opuesta.

Kintxo Cortés es director general de Trade Republic en España