¿Recesión en Estados Unidos? Profecía autocumplida

El bajón en la productividad y la caída de la confianza del consumidor son síntomas de que lo que predice el mercado se trasladará al PIB

En los últimos doce meses, el índice bursátil norteamericano Dow Jones (DJIA) alcanzó un nivel medio de 35.000, con picos de 36.000. En este mes de julio, el nivel medio es de 30.000. Hablamos de Estados Unidos. Las joyas de la corona (empresas tecnológicas) de Nasdaq y Tech-100 han perdido el 26% de su valor. El manual dice que el comportamiento de los mercados de valores anticipa la evolución futura de la economía. Es lógico, pues, preguntarse si EE UU se encamina a una recesión.

La respuesta no es simple, porque las bolsas no son el todo. Larry Summers, exsecretario del Tesoro de EE UU, lleva un año diciendo que el país se encamina a una recesión: hoy, afirma que “ya estamos en recesión” y acude al manual: dos trimestres consecutivos con PIB negativo. En el primero, -1,6%, y en el segundo, a falta de anuncio oficial del Bureau of Economic Research, sería -1,8% (previsión).

Bolsas cayendo y PIB negativo. Otra vez, Roubini, Mister Doom, acertaría, porque en 2021 ya dijo: “Entre 2022 y 2023 habrá una muy fuerte recesión”, pero por diferente motivo: el fuerte endeudamiento del Gobierno, acrecentado por el aumento de los tipos de interés de la Reserva Federal (Fed), que encarece el coste del endeudamiento.

Ray Dalio (Bridgewater), El-Erian (Allianz) y Warren Buffett (Berkshire Hathaway) coinciden con Roubini: la deuda pública es impresionante, derivada de los planes de estímulo y fiscales de Trump y Biden, para paliar los efectos económicos negativos de la pandemia y estimular la demanda y consumo de hogares. El economista Adam Tooze (cronista de las dos últimas recesiones) dice que, en consecuencia, de haber crisis, no sería de demanda, sino de oferta. Y todos coinciden en que la factura de tanto endeudamiento público es inconmensurable. La puntilla: Larry Fink (Black­Rock) recomienda “no invertir en bolsa durante un año”.

América vive dos realidades paralelas (Matrix). EE UU tiene pleno empleo (tasa de paro, 3,6%). Faltan trabajadores para restaurantes e ingenieros para Silicon Valley. 4 millones de personas no quieren buscar trabajo. En junio se crearon 400.000 empleos, quedando vacantes 600.000. Por ejemplo, 100.000 ingenieros para Silicon Valley, aunque Google y Meta hayan dicho que van a ralentizar las contrataciones. Aun así, el de TIC-digital, con 74.000 empleos, fue el sector que más empleo creó en América en junio; cuenta hoy con 880.000 empleados más que en febrero de 2020.

Con datos positivos de empleo, ¿están satisfechos los norteamericanos con la marcha de la economía? El Índice de Sentimiento del Consumidor de la Universidad de Michigan está en 50,0 (junio), peor dato desde la Gran Recesión. La “situación económica actual” tiene un 53,8, versus el 63,3 de mayo. Un 79% de consumidores es pesimista respecto al futuro económico en 2022-2023. La percepción de la población es esencial, porque, como destacan los premios Nobel de economía especializados en economía del comportamiento Robert Schiller y Richard Thaler, “podríamos vivir la profecía autocumplida: el miedo a la recesión crea la recesión”.

Para muestra, un botón: las ventas retail cayeron inesperadamente en mayo (-0,3%), por primera vez este año, debido a la inflación (8,8% anualizada): los precios desorbitados de la gasolina y todos los componentes de la cesta de la compra (¡alimentación!), así como el incremento del coste de las hipotecas (+5,4%), etc.

Por no hablar del precio de la vivienda que, a 30 de junio, aumentaba en todo EE UU una media del 20,4%, según los Índices S&P CoreLogic Case-Shiller, usados para medir oficialmente el precio de la vivienda en el país.

Las realidades paralelas antes mencionadas nos dicen que, por un lado, hay pesimismo del consumidor; el cual, por otra parte, a 30 de junio, había aumentado su renta personal (113.400 millones de dólares, +0,5% mensual) y su consumo (32.000 millones, +0,2% en mayo). La tasa de ahorro personal subió un 5,4% en mayo. Ni tan mal, dice el refrán.

Pero, el miedo es libre, y agoreros como Jamie Dimon (JP Morgan Chase) dicen que “el consumidor ignora el tsunami que se le viene encima”. Tras esta declaración del líder indiscutible de Wall Street, nos damos por enterados. Y desciende la compra de coches y la demanda de ordenadores, cuyas ventas se dispararon entre marzo de 2020 y marzo de 2022. En cambio, en el segundo trimestre del año, las ventas finales de PC han disminuido un 12,6%, según Gartner. E IDC añade que al canal de distribución tecnológico llegó un 15,3% menos de ordenadores, que se tradujo en ventas finales al consumidor de 72 millones de unidades en el segundo trimestre, versus 82,4 millones del año anterior. La venta de ordenadores (y sucedáneos) es importante, porque hizo que 1.600 millones de personas pudieran teletrabajar desde casa desde el inicio de la pandemia, iniciando tendencias que duran hoy.

Acabo con el dato de productividad laboral, que descendió un 7,3% en el primer trimestre del año versus aumentos de productividad durante 2021 en los 58 sectores de actividad americanos (+1.5% anualizado). Resumiré: bajón en productividad, junto a caída de confianza del consumidor, son síntomas de recesión (profecía) autocumplida.

Mientras, la inflación total (incluye la subyacente) del 8,8% merma la capacidad de compra de los hogares. La Fed sube los tipos de interés para combatirla (quiere aumentarlos un 0,75% en julio), encareciendo los costes de financiación de hogares y empresas, lo que pasará la responsabilidad de la gestación de la crisis de la oferta a la demanda, que se contraerá, aunque será más evidente en otoño que ahora, cuando la gente se va de vacaciones, restaurantes y tiendas.

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de El New Deal de Biden-Harris