Geoestrategia de China y desconfianza de Occidente

En diez años, el presidente Xi Jinping no ha sabido lograr un aval a su política expansionista y está llevando la economía del país al estancamiento

Me parece que es un momento adecuado para hacer una reflexión sobre una apuesta que China realizó hace unos 10 años, con la llegada al poder de Xi Jinping, y que ha demostrado estar equivocada. Este dirigente no ha sabido darle al país ningún aval respecto a su política expansionista, ya que lo está llevando a un estancamiento real de la economía hasta lograr la más absoluta falta de confianza por parte de Occidente y sus aliados orientales, tanto respecto al sistema político como a sus representantes. Estos habían basado su estrategia en la creencia de unas sobreexpectativas económicas mediante sus planes quinquenales, no solo en el interior, sino también en el exterior del país, a través de su inmensa maquinaria de propaganda. Esta utopía ha generado un efecto contrario al que pretendían lograr, ya que han conseguido que se les perciba en los países occidentales con un escepticismo basado en las cifras resultantes, que no alcanzan, porque nunca fueron realistas, los objetivos previstos.

Pekín podía haber optado por continuar con un programa controlado de reformas internas que habrían llevado al país a un régimen democrático pleno en algunas décadas mediante una transición democrática interna, controlada por las propias autoridades. Esa opción habría dotado a China de la confianza de actores internacionales como EE UU, la UE y sus aliados, que habrían apostado por su plena integración mundial, dándole además las herramientas necesarias que le permitieran, si no el liderazgo mundial, que realmente nunca estuvo a su alcance, sí la posibilidad de participar de un mundo mucho más pacífico, colaborador y seguro en términos de seguridad y geoestrategia, lo que redundaría tanto en su propio beneficio, como en el de su población y su estabilidad.

Los cambios de actitud de Occidente al no observar ningún cambio en el sistema político no tardaron en producirse; y estos fueron inmediatos e inequívocos por parte de la Administración de EE UU, iniciándose durante el segundo mandato de la Administración Obama, cuando ya no hubo lugar a dudas sobre las intenciones del nuevo gran timonel. En realidad, EE UU aumentó en 2021 su distancia en PIB real en términos reales sobre la economía china, y así ocurrirá también en 2022 y en los próximos años, a pesar de la propaganda del país, rompiendo con un proceso de bonanza inédito a nivel mundial que les ha durado más de 40 años seguidos.

China, durante décadas, tuvo crecimientos de dos dígitos. El comienzo fue de forma muy modesta, a finales de los 70, y después mucho más acelerada, habiendo alcanzado su economía un tamaño considerable en la primera década de los años 2000, tras la incorporación del país a la OMC. Este hecho supuso una aproximación considerable y de forma continua respecto a la distancia que separaba al país del PIB real y tamaño de la economía de EE UU. Pero los americanos reaccionaron y continuaron garantizando su supremacía de forma cada vez más evidente en las últimas dos décadas, y está claro que seguirán mostrando sus fortalezas mediante el afianzamiento de su liderazgo militar, tecnológico, social, cultural y científico, que supondrá un liderazgo formal e informal, soft y hard en todos los ámbitos, especialmente en el económico.

China, al integrarse en la OMC en 2001, consiguió un inmenso espaldarazo a su aceptación como actor básico en el orden mundial en términos comerciales y económicos, lo que le dio la oportunidad de obtener la tecnología, la ciencia, la cultura y otros elementos necesarios para su relevancia global. Este desarrollo de su liderazgo obtuvo su aquiescencia en una oferta de integración en el sistema internacional, con la esperanza de que su crecimiento económico y de renta produciría reformas promovidas por sus gobernantes, y que le serviría para ir acercándose de forma paulatina al resto de las naciones más ricas, con democracias liberales y sistemas de economía de mercado.

Es verdad que hubo reformas continuas internas en cuanto a libertades, que permitieron que sus habitantes viajaran al exterior, o vivieran y estudiaran fuera del país, lo que fomentó su integración en otros sistemas universitarios y científicos del mundo, en particular de la UE y EE UU. Se hicieron grandes cambios en el sistema legal, en particular en el comercial y civil para asemejarlo al occidental, pero manteniendo los corsés y las limitaciones en cuanto a la libertad de expresión, prensa, partidos, sindicatos y elecciones libres a todos los niveles, aspectos esenciales para poder haber accedido a un sistema democrático de pleno derecho. No obstante, se hicieron reformas estructurales en el mercado de trabajo, servicios, inmensas inversiones en infraestructuras, e incluso se llegó a facilitar la inversión extranjera directa, aunque siempre más centrada en la fabricación para la exportación que en la apertura de sus mercados.

Las grandes dudas surgieron al comienzo de la segunda década del siglo XXI, cuando se produjo la elección Xi Jinping, un político cuya trayectoria y origen debería haber encendido las alarmas desde un principio, ya que supuso el comienzo de un cambio hacia un mayor control de la economía, junto a reformas que eran un claro retroceso respecto a la libertad de las empresas al aumentar el control de las mismas por parte de las autoridades, lo cual en algunos casos podía ser incluso necesario por el desarrollo alcanzado por la economía, pero que en el fondo escondía un férreo control en muchas otras áreas.

En términos comerciales, se continuaron aplicando tácticas y técnicas que burlaban las normas internacionales de comercio, debido a la falta de medios y capacidad de la OMC y otros organismos internacionales basados en las reglas comunes y la confianza de sus miembros. También se utilizaron prácticas basadas en el cártel, el dumping, la competencia desleal, el abuso de posición dominante, el uso de información privilegiada, el escaso respeto a las normas de propiedad intelectual o las claras violaciones de la misma.

También se comenzó una carrera armamentística mal disimulada con la construcción de bases en atolones e islotes, así como en sus ambiciones árticas y en las legítimas ambiciones espaciales: no solo con estaciones espaciales y lanzaderas de cohetes exitosos, sino con telescopios que son los mayores del mundo y que permiten la observación en el inmenso espacio de lugares mucho más distantes de los que hasta la fecha se conocen, lo que da una indudable muestra de las legítimas pero preocupantes ambiciones del país con dicho régimen.

Rubén García-Quismondo es Socio director de Quabbala, abogados y economistas