El problema del mercado laboral español no es la ‘Gran Dimisión’

El desajuste entre la oferta y la demanda formativas, el relevo demográfico y los salarios son los grandes temas por resolver

No teníamos suficiente con las hamburguesas y sus películas y ahora también queremos emular el fenómeno de la Gran Dimisión de EE UU. Hasta el punto de que la ministra de trabajo se reunió con los agentes sociales el pasado 23 de mayo para tratar este tema.

Pero ¿qué es esto y de dónde viene? La Gran Dimisión es el nombre que se le ha atribuido al fenómeno por el cual, en EE UU muchos trabajadores han renunciado a sus trabajos, principalmente los mal remunerados. Las causas de este fenómeno hay que encontrarlas en dos razones: una, que durante la pandemia el ahorro de las familias se ha incrementado, y dos, que el Gobierno ha otorgado incentivos fiscales y cheques directos. Así, muchas personas han podido tomarse un respiro, parar y repensar sus vidas. De ahí que muchas personas no se hayan reincorporado a sus anteriores trabajos.

¿Y en España pasa algo similar? Pues mire, la verdad es que no. Que en España haya puestos de trabajo por cubrir no quiere decir que las causas sean las mismas, ni que se le parezcan. Aquí no se puede hablar de la Gran Dimisión, sino de un mercado laboral desequilibrado, de las causas que están detrás y de cómo mitigar sus efectos.

Viniendo a los desequilibrios del mercado laboral español, nombraré algunos de los más relevantes: en primer lugar, la oferta y demanda formativa: necesitamos jóvenes que estudien grados STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), pero nuestros jóvenes siguen estudiando ADE, psicología, etc. Cabe recordar que, según el Informe CYD 2018, el porcentaje de matriculados universitarios STEM en España, en comparación con el promedio de la UE, es el más bajo.

Una segunda clave es el relevo demográfico: en estos momentos, por cada 100 personas que se jubilan, entran al mercado laboral alrededor de 80 personas y se mantendrá así durante años. Una estupenda noticia para nuestros jóvenes, pero un gran problema para la cobertura de vacantes. Para empeorar aún más las cosas, a la migración (principalmente personas en edad de trabajar) se le ponen enormes trabas para regularizar su situación y acceder al mercado laboral. Harían bien los políticos si miraran de reojo las medidas que ha ido tomando Alemania para integrar al millón de personas que acogieron como consecuencia de la guerra de Siria.

Por último, hay que destacar los salarios no acordes en algunas zonas: el turismo es una gran industria en España, pero lleva aparejados a su vez algunos efectos no deseados. El turismo, allí donde se concentra, conlleva un incremento del precio de la vivienda (en propiedad y en alquiler). Esas zonas turistificadas necesitan atraer mano de obra de otras regiones para cubrir la demanda de puestos de trabajo, pero si el alquiler de una vivienda cuesta 1.300 euros y el salario de camarero es de 1.100 euros, ¿podemos esperar atraer a mucha gente para que venga a trabajar? Algunos compartirán piso, otros se irán al extrarradio a pernoctar, pero está claro que muchos no verán muy atractivo el moverse a esas zonas turísticas a buscarse el pan.

Se podrían enumerar más desequilibrios (exceso de titulados superiores, la mitad de los parados apenas tienen formación, etc.), pero como vemos, no parece que la Gran Dimisión sea el mejor término para explicar los problemas del mercado laboral español.

Consecuencia de estos desequilibrios tenemos un mercado laboral dicotomizado, en el que algunos profesionales reciben ofertas de empleo a diario y ven cómo sus salarios se incrementan rápidamente (los STEM para entendernos), y otros, sin embargo, fruto de una baja formación no consiguen acceder al mercado laboral.

El presidente de EEUU, Joseph Biden, pedía a los empresarios que pagaran más para que los trabajadores volvieran a sus puestos de trabajo. Yolanda Díaz lo emulaba recientemente. Desgraciadamente, salvo para los puestos relacionados con las zonas turísticas, los problemas de uno y otro mercado laboral pueden compartir consecuencias, pero no causas.

¿Y qué medidas podrían tomarse para ir corrigiendo los desequilibrios del mercado laboral español?

1. Fomentar las vocaciones STEM y aumentar la oferta y la calidad formativa. ¿Sabían, por ejemplo, que Portugal está por encima de la media de los países de la OCDE en las pruebas PISA y España está por debajo? ¿Sabían que en el año 2000 España estaba claramente por encima de Portugal? Parece que cada Gobierno siente la necesidad de reformar el sistema educativo, pero ninguno pone el foco en mejorar su calidad. Mientras unos y otros se pegan mamporrazos a cuenta de la religión o educación para la ciudadanía, otros países hacen sus deberes.

2. Invertir en empleabilidad. Hace año y medio se anunció la contratación de más orientadores para las personas desempleadas (lo que está muy bien), pero con un millón y medio de personas paradas con escasa o nula formación hay que invertir, invertir y seguir invirtiendo en mejorar la empleabilidad de las personas.

3. Invertir en la integración. La inmigración es un hecho. España en estos momentos recibe más migrantes de los que exporta y consecuencia de la crisis demográfica, necesita ese flujo. Depende de España decidir qué hacer con él: mirar para otro lado, con los problemas que eso acarrea, (falta de integración, marginalidad, etc.) o tomar una postura activa e invertir en su rápida integración. Se haga lo que se haga, el fenómeno va a seguir ahí.

¿Nos ponemos a hablar en serio sobre problemas y soluciones complejas o seguimos hablando de la Gran Dimisión?

Ander Sansinenea Mendieta es Director de Consultoría de Personas de LKS Next